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Por DEPRAVADA33
Hola amigos y amigas del foro, aquí estoy de nuevo narrándoles mis experiencias de estos últimos y para mi, ajetreados tiempos. Para aquellos que no lo hayan hecho todavía, recomiendo que lean mi primer relato “Mi primera vez con un…” puesto que les ayudará a entender mejor mi situación y comprender este nuevo escrito. Gracias y disfrútenlo.
Después de mi experiencia con Felipe el sexo en casa se tornó de aburrido a insoportable. Si mi marido antes no mostraba ninguna paciencia ni consideración por mi satisfacción en la cama, ahora además se había vuelto tosco y brusco sin ningún tipo de miramiento. Desorientada y confundida, me refugié en los consejos y recomendaciones de mi amiga Rosana.
Este último fin de semana por la tarde, después de dejar al nene en casa de un amiguito que estaba de cumpleaños, había quedado en ir a casa de Rosana a tomar café y pasar el resto de la tarde con ella. Hacía mucho tiempo de nuestra amistad y era la persona indicada y más adecuada para realizar mi sueño de probar a hacer el amor con una mujer. No es que me considere una lesbiana con todos los respetos para ellas, pero la curiosidad siempre me había acompañado y mi recién liberación sexual tras acostarme con Felipe, había desatado mis ganas de sexo y deseo de satisfacción. En una palabra andaba salida y desesperada, así que estaba decidida a insinuarme a Rosana de una vez para comprobar si ella también estaba dispuesta a hacerlo conmigo.
Creo que desde siempre a ella la he atraído físicamente, aunque nunca se insinuó en todos estos años por lo que la duda existía y el temor de equivocarme respecto a sus intenciones y perderla como amiga también.
Esa tarde me puse un vestido amplio y vaporoso porque todavía aquí se pueden soportar las temperaturas, abierto al frente con botones hasta el ombligo, zapatos de tacón bajo a juego y bolso. Siguiendo mi instinto o mi intuición, concluí no llevar ropa interior para incitarla y provocarla a lanzarse por mí. No me puse sujetador pero tampoco me atreví a salir sin bragas de casa.
Al salir del coche y dirigirme hacia el portal de la casa de Rosana, se me ocurrió una idea maquiavélica y cachonda que seguro le encantaría. Al llegar al ascensor, esperé a subir sola hasta el piso de mi amiga. Ella vive en un octavo, así que me daba tiempo de sobra para realizar mi ocurrencia. Cuando pulsé el numero 8 y sentí que el ascensor se ponía en movimiento, sin pensármelo dos veces me levanté el vestido hasta la cintura y bajé rápidamente mis braguitas hasta los tobillos, con un poco de equilibrio las saque por encima de mis tacones hasta quedarme con ellas en la mano. Sin perder más tiempo, nerviosa y alterada las guarde apresuradamente en el bolso. El corazón me palpitaba a cien por hora, pero me excitó mucho quedarme sin bragas en un sitio donde podría tropezarme con cualquier persona conocida o no, y más aún entrar en casa de mi amiga sin nada de ropa interior.
La tarde prometía y yo aparte de dispuesta a dejarme hacer encantada, ya iba con un subidón de adrenalina adicional.
Timbré y al momento Rosana salió a abrirme la puerta. Ella como siempre muy arreglada aunque sin maquillar, me recibió con una blusa estampada, unos pantaloncitos cortos ceñidos y como no, sus inseparables zapatos de tacón que perfilaban sus preciosas piernas. Tras los consabidos besos de bienvenida ella sirvió el café y nos sentamos juntas a comentar el día. A pesar de ser una mujer de cuarenta y pocos años, Rosana siempre se ha cuidado mucho y conserva un aspecto físico esplendido y envidiable para su edad.
Hablando y hablando fue transcurriendo parte de la tarde sin que yo atisbara en ella un acercamiento más íntimo que el meramente de amigas en una tarde de café. En un momento de la conversación Rosana se levantó para ir a buscar un viejo álbum de fotos de cuando su hijo era un bebé. Aproveché su momentánea ausencia para desabrochar un botón más de la pechera de mi vestido, decidida a no dejar de poner de mi parte para que ella diera el paso definitivo que yo tanto esperaba pero que no me atrevía a dar por miedo a ofenderla.
Regreso en seguida y reparó en mi recién ampliado y sugerente escote que ya permitía entrever una parte de mis senos. Sonrió casi imperceptiblemente y se sentó de nuevo a mi lado muy pegadita a mí.
Colocó sobre nuestras rodillas el álbum de fotos y con parsimonia comenzó a pasar las hojas comentando divertida algunas de las imágenes. De cuando en cuando ella me miraba fijamente a los ojos y yo procuraba mantenerle la mirada devolviéndosela insinuante y cariñosa.
Nuestras piernas se tocaban por debajo del libro de fotos, y notando que ella no rechazaba el contacto me las arreglé para ir subiendo poco a poco mi vestido y que su piel rozara con la mía. Rosana movía lenta y suavemente su rodilla acentuando el contacto de nuestras piernas. Era un roce ingenuo, pueril, sin importancia entre dos amigas de toda la vida que pasan las tardes juntas, pero yo soñaba e imaginaba que era algo más profundo y prohibido. Me gustaba esa sensación, me proporcionaba un torrente de emociones agradables que me remontaban a momentos gratos de mi niñez junto a mis amigas de la facultad.
Fue en un momento que por casualidad al ir a señalar una foto al mismo tiempo nuestras manos se tocaron accidentalmente. Ella agarró mi mano envolviéndola con el tacto suave de su delicada piel. Yo esperaba que la soltara enseguida pero no lo hizo así y sorprendida y también entre algo asustada y nerviosa levanté la mirada interrogante.
Ella me estaba mirando a los ojos con expresión muy similar. Me dí cuenta en ese instante de que se encontraba en una situación semejante a la mía. En la encrucijada entre el deseo y la amistad, lo mismo que yo pero sin atreverse a dar el paso final. No sé durante cuanto tiempo nuestras miradas encontradas se preguntaron ¿Qué hacer? ¿Qué piensas tú que debo hacer? ….
Veloz como un relámpago cruzó por mi mente la idea de marcharme de su casa sin saber si a ella también le apetecía lo mismo que a mi, si ella también anhelaba que fuera yo la que diera ese último paso… Tenía que saberlo, tenía que arriesgarme y jugármelo todo a una carta. Sin pensarlo, con mucho temor de lo que pudiera suceder igual o mayor al temor de que no sucediera nada, mi lengua surgió insegura y tímida de mi boca y se paseó lujuriosamente enjugando y abrillantando mis labios con saliva.
Rosana ante esto no dudó un instante más y se aproximó mansamente a mi rostro hasta que sus labios se fundieron con los míos. Su mano había soltado ya a la mía y ahora la sentía acariciándome dulcemente el cuello y la nuca. No tardé en notar su lengua cálida y jugosa pugnando por abrirse paso entre nuestros labios y fusionarse en una con la mía en un prolongado, apasionado y húmedo beso femenino.
Uffff que sensación más dulce y tierna, creo que nunca me besó un hombre de esa manera tan dulce y apasionada, con tal sentimiento y ardor que me demostrará en un solo gesto, en un corto instante todo lo que sentía Rosana por mí. Si hubiera tenido que describir aquella sensación con una sola palabra no dudaría en utilizar el término orgasmo.
Su experta lengua siguió hurgando en mi boca, sabía, apasionada, impetuosa…. Yo correspondía como podía dejándola actuar a su libre albedrío y tratando de enroscar mi lengua al paso de la suya. Sus manos me rodeaban el rostro acariciando mis mejillas y jugando con los rizos de mi pelo. Recliné mi cabeza hacía atrás entornando los ojos agradecida por tanto cariño y placer y ella versada en estas artes (como me confesaría después) aprovechó la postura para profundizar aún más la entrada de su lengua en mi garganta.
Un segundo, tan sólo durante ese breve lapso tiempo separó sus labios de los míos, gemí lastimeramente de gozo y dejé escapar un corto suspiro. Ella me miró amorosamente y sin decir nada volvió de nuevo a incrustarse en mi cara en un profundo y voluptuoso beso. Su mano resbalaba ahora atrevidamente por mi escote deshaciéndose hábil y vertiginosamente de cuantos botones se interponían en su camino.
Yo abandonada totalmente a su voluntad continuaba recostada en el sofá con mi cabeza echada hacía atrás, ofreciéndole mi cuello rendido a su lengua que parecía multiplicarse recorriéndolo de un lado a otro sin olvidar ni un solo resquicio mordisqueando suave y delicadamente mi blanca y joven piel. Con una mano me acariciaba tiernamente el rostro mientras que la otra, más osada, se aventuraba en el territorio ahora indefenso de mis senos.
Pude notar como sus dedos apartaban las solapas de mi vestido penetrando impúdicamente bajo él. Rosana se percató entonces de la ausencia del sujetador y levantó su cabeza un instante para lanzarme una mirada divertida y cómplice, después volvió a sumergirse bajo mi barbilla besándome suave y cariñosamente. Llevada por el cúmulo de sensaciones placenteras que me estaba proporcionando mi mejor amiga, dejé caer mi mano apoyándola en su cabeza y acariciándole su linda melena negra. Al mismo tiempo, con un ademán muy femenino me desembaracé de mis zapatos con unos gráciles movimientos.
La mano de Rosana palpaba mis pechos con mimo y delicadeza como si temiera romperlos, campando a sus anchas y con total libertad entre ellos. Que gozo me estaba dando con sus caricias, era algo totalmente diferente al tacto firme de la mano de un hombre, todo era dulzura y delicadeza en sus maneras.
Yo extasiada solo esperaba el momento álgido y ansiado en que su lengua alcanzara aquellos prohibidos lugares de mi cuerpo. La sola idea del contacto húmedo de su lengua en mis pezones, los despertó de su letargo haciendo que afloraran firmes e impetuosos de entre mis pechos.
Rosana hábilmente retardó el instante divino y tan codiciado por mí, mientras se entretenía en lamerme y morderme los hombros al tiempo que iba despojándome del vestido. Me sentía querida y deseada con los manoseos y lameteos lujuriosos que aquella mujer me estaba propiciando.
Por fin me dedicó los favores de su lengua sobre mis tetillas, fue tal la sensación que no pude reprimir unos gemidos de placer y excitación que incentivaron más a mi amiga en su mamatoria labor. Su lengua vibraba como loca sobre mis pezones por momentos muy deprisa y muy despacio segundos después de tal modo que casi me hacía sufrir de gozo. Se deleitaba en mis pezones, y la suave curvatura de mis senos tampoco escaparon a sus lamidas, chupándolas como una profesional del sexo entregada a la única tarea de proporcionarme placer. Su mano los acariciaba suavemente recreándose especialmente en mis cada vez más duras y salidas puntas.
Mientras tanto mi amiga se había ido deslizando hacia abajo sin dejar de profesar sus atenciones a mis tetas volviéndome loca de gusto y ahora sus rodillas se apoyaban en el suelo. Furtivamente una de sus manos se deslizó por mis muslos, levantando los faldones de mi maltrecho vestido y dejando al descubierto la parte más intima de mi anatomía. Mi vello púbico y mi sexo en todo su esplendor y calentura se ofrecían ahora a sus sorprendidos ojos que no esperaban encontrarse ese regalo tan fácilmente.
Rosana no pudo por menos que exclamar:
- Pero serás guarra nita… no llevas nada, y dejó escapar una risa complacida por mi travesura.
Se abalanzó sobre mí y pude sentir la puntiaguda suavidad de sus largas y cuidadas uñas recorriendo sin prisa y con total impunidad mis carnes antesala de mi sexo. Ella me observaba entre admirada y curiosa. Muchas veces como buenas amigas que somos habíamos coincido juntas en ropa interior o traje de baño, pero nunca le había mostrado tan desvergonzadamente y de cerca los detalles de mi sexo.
Fue entonces cuando se arrodilló totalmente en el suelo frente a mí, acomodándose entre mis piernas y acariciando de arriba abajo la longitud de mis extremidades. Cerré los ojos y me encomendé a los Dioses del vicio y la promiscuidad cuando percibí las yemas de sus dedos recorriendo libidinosamente el interior de mis muslos.
Rosana no tenía prisa ninguna. Acariciaba despacio y dulcemente, ora con sus dedos, ora con sus uñas. De vez en cuando me besaba y lamía los muslos, de cuando en cuando los mordía sin lastimarme, como expresión irrefrenada de su ansía y deseo por mí.
Había esperado largo tiempo pacientemente, en silencio, sin insinuarme ni pedirme nada, respetándome… y ahora había llegado su momento y lo estaba disfrutando con calma, y parsimonia, saboreando cada beso, cada caricia, cada centímetro de mi piel que iba descubriendo y chupando por primera vez.
Separó mis piernas todo lo que pudo sin sacar por ello su rostro de mi entrepierna. Su lengua pululaba incansable por mis inglés y mi rabadilla marcándolas a su paso con la huella jugosa y cálida de su saliva, proporcionándome un cosquilleo grato e intenso en la zona más erógena de mi cuerpo. Yo disfrutaba golosa y despreocupada de los húmedos escarceos que me brindaba, premiándola con un movimiento insinuante y lascivo de mis caderas provocado por sus expertos lenguetazos.
Sin darme cuenta, instintivamente comencé a suspirar agitadamente y a emitir unos gemidos casi imperceptibles al principio que se fueron haciendo más evidentes a medida que sentía como su lengua se acercaba a mi clítoris. Mi cuerpo se aprestaba con emoción a experimentar la sublime sensación de su lengua en mi interior y se manifestaba sacudiéndose inquieto y convulso a la espera del codiciado encuentro.
Rosana se hacía de rogar y mi coño se rebelaba impaciente ardiente de deseo y húmedo de pasión, podía sentir su aliento caliente y su respiración exhalando en mi sexo. Estuve a punto de rogarle que me lo comiera de una vez pero ella sabía muy bien lo que estaba haciendo, prueba de ello la incontenible humedad de mi vagina que se hacia patente en mis labios inferiores.
Por fin introdujo uno de sus dedos en mi útero que le respondió con un reguero de mis jugos vaginales calientes y pegajosos. Lo siguiente que sentí me estremeció como a una pantera en celo, el osado dedo que antes había introducido en mi sexo, intentaba ahora meterse en el más estrecho boquete de mi cuerpo. Siiii, grité triunfante y extasiada cuando consiguió abrirse paso por mi angosto trasero separando y profanando mis carnes.
Magistralmente movía y removía su dedo volviéndome loca de gusto y haciéndome perder el juicio. En el paroxismo del placer, cuando más desenfrenada me encontraba, se detuvo un momento y mirándome a la cara me dijo:
- He deseado mucho tiempo que llegara este momento.
Casi de inmediato sentí el contacto suave y calido de su lengua en centro vital de mis genitales. La sensación fue tan intensa y ardiente que no me contuve y grité de gusto cuando al notarla empapar mi clítoris y mis labios vaginales. Mi compañera sabía lo que se hacía y lo estaba haciendo de una manera irresistible, con entusiasmo y amor al mismo tiempo.
Yo llevaba un rato a punto de caramelo como una bomba a punto de estallar y me dispuse a regarle la boca con todo lo que llevaba dentro acumulado todo este tiempo. Recuerdo que me dio tiempo a prevenirla con unos gemidos entrecortados:
- Rosa… cariño… ya… ya… yaaaaa
Acabé en un aullido de desahogo brutal al tiempo que notaba incontenible una avalancha incontenible de fluidos que se escapaban desbordantes de mi cuerpo sin que nada pudiera hacer por impedirlo. Me descargué despreocupada y feliz sintiéndome libre, desinhibida, salvaje y guarra.
Rosana seguía clavándome la lengua hasta lo más recóndito de las profundidades de mi vagina, haciéndome proferir gritos de placer lujuriosos y degradantes hacia su persona. Fuera de mí la llamé puta, zorra, cabrona, hija de mala madre… todo lo que se me pasó por la cabeza en esos inenarrables momentos.
Perdí la cabeza de placer cuando me agarro las nalgas y levantándome un palmo del sofá enterró su boca en mi entrepierna y su lengua se adentró hasta lo más profundo de mi vagina.
Ufffffffffff como me ponía sentir mis jugos desparramándose por mi entrepierna hasta los muslos… y como me gustaba el tacto firme y suave de sus manos en mi culo. Enviciada como una posesa perdí los estribos nuevamente y con ambas manos apreté su cabeza contra mi sexo mientras arqueaba mis caderas para permitirle que metiera toda su boca en mi coño.
La habitación empezó a dar vueltas en el preciso instante en que volví a correrme en la boca de Patricia por segunda vez casi consecutiva. Jamás me habían comido el coño así, ni Felipe que es el único referente masculino que se ha dignado en dedicarle unos minutos a lamerme a conciencia la zona de mis bajos.
Exhausta y satisfecha me dejé caer en el sofá saboreando el orgasmo que mi compañera acaba de regalarme. Ella sin embargo continuó rematando la faena dedicándole a mi clítoris un tratamiento lingual delicado y relajante. Me encontraba en el paraíso créanme, espatarrada con las piernas abiertas brindando mi coño a mi mejor amiga, con el vestido desarbolado por arriba y por abajo y muerta de gozo chorreando por mi vulva el jugo de mis entrañas que Patri sorbía con deleite mmmmmmmmmm
Al poco mi amiga se levantó y me tendió la mano invitándome a levantarme. Yo obedecí sumisa y confiada plenamente en ella. Cuando estuve en pie me arrastró hacía su dormitorio, pero en el camino decidí ser yo quien tomara la iniciativa y tiré de ella con fuerza atrayéndola hacía mí. Ella sorprendida no supo reaccionar de momento lo que aproveche para empujarla contra la pared y lanzarme a besar su cuello de manera arrebatadora y pasional.
Al ser más alta que ella tuve que agacharme para poder alcanzar mí objetivo. Mientras me encontraba mordisqueando su cuello Rosana se las apañó para deshacerse de mi vestido y dejándome completamente desnuda. Yo no quería ser menos y ambicionaba poder acariciar también su piel desnuda y contemplar su cuerpo. Estaba ávida de sensaciones, deseosa de sexo y de vicio, estaba caliente como una perra y no aguantaba más.
Nerviosa y alterada traté con poco éxito de desabrochar su blusa sin dejar de lamer el cuello y la cara de mi amiga. Inconscientemente, con un gesto de rabia y frustración di un violento tirón a la blusa haciendo saltar por el aire los botones ante la impotencia de no poder despojarla de aquella dichosa prenda. No me lo reprochó ni me dijo nada al respecto, quizás no se atrevió al ver en que estado de desesperación me encontraba.
Ahora tan solo su blanco y transparente sujetador se interponía en mi camino hacia sus grandes y redondos pechos. Esta vez fue ella la que sin dejar de besarnos fue más lista y ya estaba empezando a liberarse de él, acaso temiendo que corriera la misma suerte que su blusa.
Su lencería cayó pesadamente a sus pies yendo a hacer compañía a su desafortunada blusa y sus pechos saltaron alegremente ante mis ojos felices de librarse de su opresión...
Me lancé desbocada por sus senos, como me apetecía lamerlos, tener sus finos pezones en mi boca y marearlos con mi lengua a mi capricho. Me encantó chupar unos pechos femeninos y era la primera vez que lo hacía. Supuse que mi falta de experiencia sería una traba para mi amiga pero sin embargo comprobé gratamente que la hacía disfrutar y gemir con mi lengua.
Poco a poco fue arrastrándome hacía la alcoba sin dejar de abrazarnos y besarnos mutuamente. Nos comíamos como posesas desesperadas allá donde nos apetecía o parecía oportuno. Le fui contagiando a mi amiga mi excitación y frenesí. Su calma y tranquilidad inicial cuando me comió entera había desaparecido dando paso a un desenfreno y liberación de su libido que nunca hubiera imaginado en ella.
Ahora le llegó el turno a su ajustado pantalón, que se resistió a abandonar su privilegiada posición en el culo y la entrepierna de mi amiga. Unos pasos más cerca de su habitación quedaron olvidados sus zapatos de tacón y para cuando llegamos a la cama solo sus braguitas tapaban su desnudez.
Caímos pesadamente sobre el lecho acariciándonos y besándonos los senos, la espalda y las nalgas. Nos revolcábamos como posesas Yo me encontraba sobre ella acurrucándola y frotándome con su blanca y lechosa piel. Me encantaba ese roce cómplice e íntimo entre mujeres sin la obstrucción del vello varonil.
Que delicia de cuerpo el de mi amiga, que excitación poder verla, tocarla y chuparla a mi antojo.
Decidí que ya era hora de devolverle a mi compañera el placer que me había proporcionado antes en el salón. No sabía muy bien como actuar y comportarme en esta situación nueva para mí. Aquello no iba a ser lo mismo que chupar un pene. Me aproximé lascivamente hacia su entrepierna aprovechando para dejar un reguero de saliva por su vientre. Al llegar junto a su ombligo lo rodeé con mi lengua despacito incrustándola después en él hasta llegar a su fondo.
Me situé frente a ella que estaba tumbada ante mí con las piernas juntas. Le bajé las bragas sin ningún tipo de miramiento y por fin apareció su sexo ante mis ojos. Tenía bastante vello púbico muy alborotado y de un color castaño puesto que el pelo de su cabeza es teñido de negro y no es su color natural. Nunca antes había visto o tocado otro sexo femenino que no fuera el mío, y la idea me pareció extraña y excitante al mismo tiempo.
Acerqué mi mano temblorosa de emoción y comencé entreteniéndome primero en acariciar su pubis y luego muy despacio fui extendiendo mis caricias poco a poco suavemente por entre sus muslos y sus partes intimas procurando ser tan delicada y cariñosa como ella lo había sido conmigo. No hizo falta poner mucho empeño en ello. Agradecida de tanto placer proporcionado y tanto amor recibido me fue muy fácil conseguir mi propósito de ponerla más cachonda si cabe.
Con un gesto inocente pero no por ello exento de sensualidad y provocación, me introduje el dedo índice en la boca enjugándolo largamente con saliva. Imitando mis propios movimientos tantas veces ensayados conmigo misma al masturbarme, lo dejé dulcemente sobre su prominente clítoris. Ella se estremeció al instante, aún más cuando inicie un suave desplazamiento recorriéndolo de arriba abajo ejerciendo una leve presión sobre él.
Con mi otra mano me dedicaba a perfilar el contorno de sus labios inferiores separándolos y cuando la ocasión era propicia para ello, dejaba mis dedos que invadieran furtivamente su más íntimo y personal tesoro.
Durante unos minutos me recreé con su sexo, paseando mis dedos con total impunidad por todos sus pliegues y empapados resquicios, prolongando la masturbación de mi amiga hasta obtener la complacencia de sus agitados suspiros y las convulsiones de sus caderas. No dejaba de asombrarme gratamente la amplitud de su útero hasta el punto de que con cuatro de mis dedos totalmente dentro de su cavidad vaginal aún podía removerlos sin inconveniente alguno. Esto la volvía loca y se retorcía al son que yo le marcaba con mi metesaca… al mismo tiempo dejaba que mis dedos acariciaran las paredes de su útero proporcionándole gozosas y agradables sensaciones.
Rosana estaba ya muy salida y caliente y creí llegado el momento de postrarme ante su coño y empezar mi debut como lamecoños. Como ya dije, no tenía ni idea de cómo satisfacerla de esta forma, así que me deje llevar por mi instinto y mi intuición. Simplemente le iba hacer lo que me gustaría que me hicieran a mí para satisfacerme y entonces me acordé de los videos que me enviaste.
Con un incuestionable nerviosismo y excitación por mi parte, mis labios se acercaron lánguidamente al límite exterior de su vagina y dejé escapar mi templado aliento muy suavemente entre sus piernas. Su reacción no se hizo esperar, llegó en forma de quejido placentero. Ahora podía sentir en mi nariz el calor intenso de su sexo, el perfume liviano de sus partes íntimas quizás derramado allí pensando en éste amoroso encuentro, y podía sentir su excitación y sus ganas.
Uffff me encomendé a todos los santos y posé mi lengua sobre su coño. Rosana dio un respingo de gusto al notarla. Animada por su reacción continué lamiendo mansamente sus pliegues buscando sus puntos sensibles. Mis dedos se afanaban en separar sus gruesos y carnosos labios vaginales mientras que mi lengua pululaba a sus anchas entre sus oquedades encharcándolas con mi saliva y sorbiendo las primeras gotas de su néctar. Mi amiga suspiraba placenteramente y su cuerpo comenzaba a responder al cariñoso tratamiento de caricias y lametones.
Abandóname a mi entusiasmo succioné sus genitales con tal fuerza que por un momento todo su aparato genital exterior se introdujo enteramente en mí boca y pude saborearlo a gusto. Su sabor no era desagradable, sus jugos comenzaban ya a filtrarse y mezclarse con mi saliva. El cóctel resultaba misterioso y delicioso para una profana como lo era yo. Ella seguía retorciéndose y gimiendo de gusto y pensé entonces que no lo estaría haciendo tan mal.
Me acordé de como lo había echo ella antes y procuré imitarla con todo el cariño y dulzura del que fui capaz. La cosa estaba surtiendo efecto porque súbitamente empezó a jadear más fuerte y acompasadamente. Patri me suplicó:
- Así Nita… así…. más fuerte…
Yo no podía dar crédito a mis oídos pero me enervó muchísimo y me volqué en su coño dispuesta a regalarle una buena corrida a mi amiga. Con ansías renovadas por sus gritos y sus movimientos convulsivos, adentré todo lo más que fui capaz mi lengua en su vagina, para seguidamente sacarla y repasar su clítoris precipitadamente. Ella respondió elevando sus caderas convulsivamente… Entonces la agarré sujetándola por los glúteos y en ese instante pude perfectamente escucharla entre suspiros entrecortados:
- Sigue cariño… me estoy… corrien… no pares…
No pudo decir más que eso, o al menos yo concentrada en lamer sus genitales no pude entender más… noté sus fluidos que se desparramaban incontenibles en mi boca y los succioné con avidez, deseosa de paladear todo su jugo. Seguí pegada con la cabeza entre sus inglés para prolongarle el orgasmo todo lo posible. Al quitar mi mano de su trasero Rosana se desplomó pesadamente sobre la cama y yo me quedé observándola orgullosa y satisfecha.
Durante unos minutos mi amiga continuó jadeando con la respiración entrecortada y sus ojos entornados dormitando, mientras yo admirando su cuerpo lo recorría suavemente con la yema de mis dedos y la punta de mis uñas produciéndole leves escalofríos por su piel.
Volví a recorrer sus pechos y mordisquear sus pezones. Viajé por su vientre levantando su piel de gallina a mi paso sobre él… tanteé sus muslos de nuevo masajeándolos para relajarla. Rosana es una mujer que está todavía de muy buen ver, pero ahora podía admirarla en toda su desnudez y me pareció muy bella y más hermosa que nunca.
Absorbida en mis pensamientos el contacto de una mano en mi espalda me devolvió a la realidad, Rosana se había recuperado y ahora tiraba de mis hombros hasta conseguir que me tendiera a su lado. Me miró como nunca lo había hecho y sin decir más me besó en la boca con la misma pasión que antes.
- Me ha encantado como lo hiciste, me susurró.
- Para ser la primera vez contesté yo con falsa modestia.
- La primera pero no la última espero ¿verdad?
Ella sabía perfectamente que no iba a ser la última ni mucho menos, y mis ojos respondieron por mí no mis labios.
Se incorporó y se quedó sentada en la cama de espaldas a mí y se encendió un cigarrillo. El humo de la primera calada apareció sobre ella y pude escuchar como abría un cajón de la mesilla y como recogía algo en él. Seguía dándome la espalda pero pude apreciar como manipulaba algo que me mantenía oculto con su cuerpo. Momentos después se volvió hacía mí y sin enseñarme lo que era me dijo:
- Estírate, cierra los ojos y no pienses en nada.
Hice lo que me pidió permaneciendo muy quieta y relajada tumbada en la cama y con los ojos cerrados. Al poco sentí sus dedos surcando el canalillo de mis senos y contorneándolos después. Un temblor sacudió mi cuerpo y mis pezones volvieron a surgir erectos y desafiantes, duros como piedras. No se entretuvo mucho, quizás al ver mi reacción tan prematura.
Luego noté que algo con un tacto rígido y frío recorría el mismo camino entre mis pechos, pero no eran sus dedos, era algo artificial que no podía deducir que podía ser. Estuve tentada de abrir los ojos y mirarlo, pero resolví no romper la magia y el encanto del momento y dejarme hacer confiada por las expertas manos de Rosana.
La sensación prosiguió descendiendo lenta y cansinamente de entre mis pechos hacia mi ombligo donde se entretuvo de nuevo en varias cabriolas a su alrededor. La sensación fría del principio había ido desapareciendo paulatinamente a medida que la temperatura de mi cuerpo calentaba aquel misterioso objeto.
Pronto abandonaría mi vientre camino de mi sexo, pero justamente cuando tan solo le separaban unos milímetros para alcanzar mi monte de Venus giró bruscamente hacia mi muslo izquierdo dejándome una momentánea sensación amarga causada por mi propia impaciencia. Pat quería hacerme de nuevo sufrir alargándome el momento supremo de rozar mi coño con aquel objeto. Se entretuvo paseándolo por la cara interior de mis muslos y luego súbitamente lo apartó de mí y se hizo el silencio.
No sabía que estaba pasando ni lo que iba a suceder a continuación pero estaba tranquila, impaciente pero tranquila y confiada en mi amiga.
Note como los muelles del colchón cedían a la presión. Patricia se estaba moviendo sobre la cama…
Lo siguiente que sentí fue algo húmedo y pegajoso que caía sobre mi clítoris y segundos después un dedo masajeándolo y extendiendo lo que supuse que era su saliva. Un sentimiento grato de alivio y placer me sobrevino de inmediato recorriendo mi cuerpo a gran velocidad. Las caricias se prolongaron unos minutos más en los que ella volvió a escupir sobre mi coño una vez más.
Encharcado por fuera con sus dedos extendiendo sus jugos sobre mis labios y con las piernas abiertas indecorosamente mi sexo se abría de nuevo ante ella sediento de nuevas sensaciones y totalmente abierto para lo que quisiera hacerle.
Yo continuaba con los ojos cerrados ya no por imperativo de Rosana sino por que así disfrutaba más intensamente aquel maravilloso instante. No me hizo falta abrirlos para saber que ahora era su lengua la que trabajaba mis genitales de una manera sublime. Mi clítoris empapado clítoris se manifestaba desafiante al paso de su húmeda y calida lengua.
El pulso se me agitaba y la respiración se me transformó en irregular cuando notaba su colosal mamada recorriendo mis labios inferiores con sumo cuidado de no dejar un poro sin chupar o ser mordido con extrema pulcritud y suavidad.
Comenzaba a elevarme al paraíso de nuevo extasiada en un mar de sensaciones agradables y borracha de placer cuando de repente comencé a oír un ruido extraño como un zumbido.
Esta vez si que inconscientemente abrí los ojos pero solo para ver la cabeza de mi amiga embutida entre mis inglés comiéndome golosa las entrañas, no pude ver más, pero si sentir algo turbador e intrigante en la entrada de mi vagina. Era un cosquilleo incesante y enloquecedor que me sacudía el coño transportándose a todos los rincones de mi cuerpo, algo que me hizo saltar sobresaltada cuando lo sentí directamente sobre mi clítoris taladrándome incansable y perturbador.
- ¿Qué es eso? Acerté a preguntar.
- Nada, no temas y vuelve a tumbarte me contestó Rosana.
La obedecí sin más reparo y volví a cerrar los ojos disfrutando de aquella sorpresa inesperada. Rosana manipulaba el artefacto con pericia produciéndome un cosquilleo enloquecedor por todo mi sexo. La punta era especialmente vibrante y perturbadora, con ella me machacaba por veces el coño por veces las ingles hasta llegar al ojete de mi culo.
UFFFFFFF!!! Aquello si que era maravilloso. Que gusto sentir esa corriente eléctrica en la puerta de mi trasero, produciéndome un cosquilleo inenarrable y llevando mi excitación al límite de lo prohibido. Yo berreaba como una posesa endiablada cada vez que acercaba el vibrador a mi ano. Me revolvía convulsa y violentamente descontrolada y desbocada de gusto. Si no me corrí en ese momento si que puedo decir que faltó lo mínimo para ello porque las sensaciones que me recorrieron fueron muy parecidas a las del orgasmo.
Rosana me agarró con fuerza de una pierna y la separo de mi cuerpo abriendo mi raja al máximo y aguantándome así con firmeza. De mi vagina se debieron escapar las primeras secreciones porque sentí desparramarse por mis ingles hasta mi esfínter una riada calida y pegajosa.
Fue en ese preciso instante en que noté que me penetraba la vagina con el vibrador. El clímax llegó fulminante y arrasador, solté un AYYYYYYYYY!!!! que debieron escuchar los vecinos pero no me preocupó ni me reprimió en absoluto porque acto seguido mientras me debatía voluptuosamente disfrutando aquel nuevo orgasmo le grité:
- Joder tía… joder …
Estaba completamente fuera de sí, no era yo en ese instante pero me gustó sentirme una desvergonzada indecente y malhablada, gozosa y satisfecha de lo que estaba haciendo.
Siguió hurgándome en mi empapada vagina con aquel extraordinario artilugio. Lo hizo como no magistralmente sin lastimarme como si fuera el pene de un hombre el que me invadía y me ocupaba las entrañas impúdicamente sin total consideración ni respeto a mi persona.
La penetración se prolongo unos pocos minutos en los que imperceptiblemente mi amiga había ido incrementando el ritmo de su brazo hasta que me tuvo a punto de venirme de nuevo.
Esta vez fui yo la que le imploré:
- Más fuerte…más fuerte… más…
Rosana comprendió y aceleró sus movimientos de forma frenética y devastadora como si me estuviera cabalgando un hombre violentamente. No aguanté mucho más cuando mis suspiros y gemidos se volvieron aullidos en el momento de correrme arrolladoramente en el vibrador. La corrida fue de las que se te quedan grabadas en la mente y sentí como me vaciaba por dentro expulsando por mi dilatado coño todo lo que llevaba dentro. Un caudal incontrolable de jugos vaginales impregnó la mano de Rosana que sujetaba el vibrador, y cuando unos segundos después de mi orgasmo lo sacó de mi vulva los noté fluir libremente por mi entrepierna como si de una eyaculación masculina se tratara.
Respiré agitadamente durante unos minutos en los que ella comprensivamente me dejo reposar. La habitación me daba vueltas recordándome los orgasmos que poco tiempo atrás había tenido con Felipe, el puto mulato que me convirtió en mujer satisfecha y dichosa.
Rosana entretanto había ido al baño y pude oír el sonido del agua de la ducha. Al poco volvió envuelta en un albornoz y secando el pelo con una toalla.
- ¿Quieres pasar a ducharte? Me invitó.
Miré el reloj y descubrí horrorizada lo tarde que se me había hecho.
- No tengo tiempo, le dije, usaré el bidé para lavarme.
Di un salto de la cama y me enjuagué mis genitales con agua caliente causándome deliciosas sensaciones.
Luego deshice el camino del dormitorio al salón recogiendo divertida las dos las prendas que habían quedado diseminadas por el pasillo victimas de nuestro delirio y excitación anterior.
Ocurrió algo divertido y es que me entretuve buscando sin éxito una prenda y Rosana rió divertida recordándome que no había traído bragas ni sujetador. Las dos nos desternillamos de risa. Recordé entonces que las llevaba en el bolso y me las puse tranquilizando mi conciencia.
Acabé de abrocharme el vestido y tras mirar tiernamente a mi amiga nos besamos de nuevo, esta vez yo al menos con un poco de tristeza por el fin de aquella velada pero enseguida ella me tranquilizó diciéndome que aquello no se iba a terminar aquí y que solo había empezado, que nos quedaban muchas tardes como aquellas y que pronto me haría olvidar lo triste de mi matrimonio y mi aburrida y previsible vida sexual con mi marido.
Salí de allí disparada al ascensor, y casi fue providencial porque al salir del edificio me pareció ver llegar a su marido que regresaba del trabajo.
Apuré el paso hasta llegar al auto y volví rápidamente a casa con una nueva experiencia grabada en mí memoria.
Espero que les gustara.
Dejen Sus comentarios en el foro prometo contestar a todos. Gracias
Nita
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