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mi primera infidelidad



Por relatsex

Mi vida no ha sido muy dichosa durante el matrimonio, a excepción de los primeros meses cuando todo era felicidad y mucho follar, pero bueno, juré estar a las duras y a las maduras y eso es lo que importa. El problema ha sido que he tenido que estar mucho más a las maduras, porque a mi marido ya no se le pone tiesa como antes.

A mis años, me considero una mujer que ha logrado realizar varias cosas que quería alcanzar en la vida.

Hoy en día me dedico a realizar las labores del hogar, me siento tranquila haciéndolo, aunque hace tiempo me he dado cuenta que el matrimonio no es la gran cosa, eso no quiere decir que no ame a mi esposo.

Pero es que follamos muy poco. Y casi siempre mal, porque lo hace de Pascuas a Ramos y me deja a medias y tengo que terminarme yo misma, a mano.

Son una familia de bastante dinero y vivimos en una casa de su madre, desde que nos casamos. Mis suegros residen casi al aldo.

Tiene sus cinonvenientes, pero a mí nunca me ha disgustado estar allí. Es barato, no premite ahorrar y nunca he tenido problemas con mi suegra. Siempre nos hemos llevado bien.

Un dí, mi esposo me dijo que iban a llegar de visita a casa su hermana y su sobrino. Me llené de alegría al saber que los volvería a ver después de tanto tiempo.

Mi cuñada es de madres solteras que te están dando lecciones todo el día. Y el sobrino, del que me acordaba como un niñito muy bien educado, era un rapaz, casi al borde de los 20 y con una cara de pillo que no podía con ella.

La última vez que los había visto, había sido ocho años antes.

Me gusta recibir a las visitas de la manera más amable posible.

El día que llegaron, fuimos de compras, me dediqué a hacerle pequeños regalos a la madre y a su hijo. Me pareció simpático y lo traté de una manera muy cordial.

Ese día me encontré con un ex pretendiente de mis años de universidad. Se llama Sebastián y estuve a punto de casarme con él. No llegamos a eso, porque opté por mi marido, pero lo que si hicimos fue folalr de verdad. Casi hasta el día de mi boda.

Ocurrió que cuando lo vi fue en un momento en el que Carla, la madre, estaba en el baño y yo estaba con el pequeño Gabriel escogiendo unos zapatos.

Él me miró y me dijo que desde hace tiempo deseaba encontrarse conmigo, y que hoy era su día de la buena suerte. Comentó que desde hace años había regresado y que nadie le había querido dar mi dirección.

La conversación prosiguió durante unos minutos. No perdió la oportunidad de pedirme el teléfono pero no se lo di, por prudencia, porque siempre había sido muy osado.

Sebastián me apunto su número en un papel y se despidió, musitando que le gustaría "mucho" verme y que "charláramos" un rato. No era complicado imaginar lo que entendía por "charlar".

Al día siguiente lo llamé. Tras muchas dudas, porque no se vería bien que una mujer casada como yo, se estuviera citando con un tipo a escondidas de su marido.

Me engañe, diciéndome que e era normal que dos ex compañeros de Universidad, se tomaran un tiempo para conversar.

En cualquier caso y obsesionada por darle al asunto carta de naturalidad, le propuse que se acercase a casa. Le invitábamos a cenar.

Con mi marido no habría problema, le comenté, porque nunca se había enterado de lo nuestro. Y seguro que lo pasábamos bien.

Ese día, cuando iba a telefonear a mi marido para explicarle que tendríamos invitados a cenar, sonó mi movil y era él, para decirme desde su trabajo que iba a retrasarse y mucho.

pue mejor no lo esperara a cenar. Carla, mi cuñada, salió como a las 5 de la tarde. tenía una cita y se disculpó diez veces, antes de revelar que su hijo gabirel se quedaba, porque tenía que estudiar.

Decidí no decirle nada a nadie de la visita que tenía esa noche. Y preparé el terreno.

Lo primero fue convencer a Gabriel para que cenase pronto y se metiera en su cuarto a estudiar.

Sebastián llegó y tocó la puerta. Tuve un momento de mala conciencia, pero opté por disfrutar de la velada.

Al verme puso una cara de salido, que me hizo recordar muchas cosas. Entre ellas, citas de años atrás, en las que la habíamos pasado tan bien.

El tipo venía a lo que venía. Preguntó por mi marido. le dije quee staba en el trabajo y que tardaría.

Inquirió si había más gente en casa y me limité a comentar que estaba un "sobrinito" de mi marido, pero añadí que se había ido ya a su cuarto y que estaría probablemente dormido, haciendo que estudiaba o cegado por el televisor.

hablamos, bebimos y cuando quise darme cuenta, lo tenía encima y me estaba besando.

Yo no opuese apenas resistencia y de los besos, pasó al magreo.

Mis manos no respondían a las órdenes de mi cabeza y pronto me dejé llevar por lo que sentía y lo dejé seguir, aunque la culpa me estaba matando, estaba excitada como no lo había estado en mucho tiempo.

Sebastián era un genio y sabía aprovechar la situación. Subió su mano a la parte superior de mis muslos.

Era excitante sentir esa mano, me volvía loca. En una de esas subió su otra mano a mis tetas y las comenzó a acariciar muy suave por encima del vestido. Después de un rato yo ya no hacía ningún esfuerzo por rechazarlo y comencé a sentirme más a gusto.

Siempre con el miedo que implica hacer algo prohibido, recordé a mi esposo, que estaría trabajando a esas horas.

Eso, hasta que me cogió el coño, porque a partir de ese instante me dediqué a disfrutar

Ahora apretaba mis pezones y aquello era lo más rico que me habían hecho en las tetas en mucho tiempo. me aagrró la mano, para que le acariciara la polla y se desabrochó la bragueta.

-No, eso no…
-No tengas miedo ¿no me dijiste tú misma que no hay nadie en casa?
-No te olvides de mi sobrinito.
-Pero él está arriba durmiendo, no te preocupes.
-Espera, yo soy una mujer casada…
-Solo vivamos el momento…
-Pero nos puede ver.

Me entregué. le agarré la verga, dejé que me chupara los pezones y me masturbaba.

Estaba sudando y él comenzó a subirme el vestido, no sé cómo llegamos a tanto, lo que en ese momento importaba era que me sentía tan excitada que era capaz de todo.

Yo estaba humedeciéndome de tanto placer. o estaba sudando y él me estaba manoseando a sus antojo.

Por suerte, y dejándome con las ganas y una gran excitación, llegó mi cuñada, tocó el tiembre y de inmediato nos separamos.

salí a abrir, un poco sofocada.

Los presenté y a los pocos minutos él dijo que ya se tenía que ir. Por supuesto que Carla nunca sospechó nada. debe seguir pensando que soy de una moral intachable de mujer de un solo hombre y de su casa.

El susto me lo llevé unos minutos después, cuando al quedarme sola en el salón, se abrió la puerta de la cocina y vi entar a Gabriel.

La sangre se me heló en la svenas. Daba por supuesto que estaba en su cuarto y resulta que en todo el "affaire" había estado al lado y quizá viendo le espectáculo.

Al pasar los días y no haber reacción de Gabriel, empecé a pensar que que qui´za no se había enterado de nada. En cualquier cayando carla anunció que se volvía a su provincia y que el chaval se quedaba con nosotros un mes más, tuve sudores fríos.

Pasaban los días y nada de nada, pero un viernes, al filo de las dos de la madrugada, escuché que se abría la puerta del cuarto de Gabriel.

Pensé que bajaba a la cocina, a beber algo o que iba al baño.

Escuche pasos fuera y me levanté sigilosa.

Estaba efectivasmente en la cocina y me soprendió el tremendo bulto que llevaba en la ingle. estaba empalmado como unc aballo.

--¿Qué haces despierto a estas horas?

--Tenía mucho calor --, contestó, mirando haciaa.

Me pareció que había hecho referencia su polla y opté por darle las buenas noches y volver a mi dormitorio. El sábado y como mi marido tenía turno, salimos al cine. No me sentía muy en mi paple, pero el chaval llegó diciendo que tenía dos entradas y que la película era muy buena. El caso es acepté.

Me di cuenta, desde el inicio, que la película no era tan inocente como parecía, había carteles de escenas de la película que contenían escenas bastante fuertes y por un momento creí que no lo iban a dejar pasar. Al entrar me di cuenta por qué es que los cines bajan los precios de la entrada esos días, la gente no iba al cine esos días y parecía casi vacío, a excepción de algunos señores que estaban ahí.

La oscuridad y la comodidad del ambiente me hicieron sentir en confianza, como en casa

Detras de nosotros, se sentaba un grupo de señores de edad avanzada y nada más.

Yo llevaba una minifalda que me hacía lucir las piernas, cosa que no hacía desde hace tiempo.

Al correr lo minutos y avanzar la película, llegó una escena en la que un sujeto acosaba a una chica. momento en que sentí la mano Gabriel subiendo por mi rodilla y palpando con las yemas de los dedos el interior de mis muslos.

Cogí su mano y la llevé a su asiento. Pasó un rato más y volví a sentir su mano. Lo miré, pero tenía los ojos fijos en la pantalla.

Le di un cachete en el dorso y quitó la zarpaylevantó al baño. Me imaginé que a pelársela, porque volvió con una sonrisa inocente y cara de tonto.

Pero no, porque retornó a la carga.

-Gabriel, saca tu mano de ahí. Parece que no me entiendes.
-Pero a ti te gusta.

--¿Qué dices?

--Que te gusta quye te toquen... ¿O no es así?

-Eres un imbécil, un maleducado y ssi se enter tu tío, te va a rompae los morros. ¡mamarracho!

--¿Y si no se entera?

--Se lo diré yo.

-¿Qué le vas a decir?

--Que eres un desvergonzado y que me has tocado?

-¿Y cómo es que el tipo de la otra noche te tocaba, te ponía la polla en la mano, te chupaba las tetas y no le dijiste nada?

Se me cayó el mundo encima.
-Es que… era…

-¿Ya ves?, déjame que te toque.

Me sentí descubierta. A la intemperie. No tuve otra opción que quedarme callada por un buen rato. No sabía que decirle.

Volvió a la carga y esta vez llevó su mano a mi entrepierna y yo me quería morir de vergüenza, de ira y de... gusto.

Por última vez le dije que sacara sus manos y él me que era una furcia y que le dirçia a mi marido ponía los cuernos.

-No serás capaz. ¿Verdad? -le dije con voz entrecortada.

Estaba crecido y no sólo en la entrepierna, donde el bulto era ya clamoroso.

-Entonces déjame tocarte.
-No, ya para.

-Entonces se lo digo.
-No...

Poco a poco la expresión de desaprobación en mi rostro fue desapareciendo No tenía otra salida y no se me ocurría nada en ese momento.

El que calla otorga y él me acarició el coño por encima de las braguitas. Me dio mucho gusto.

Salimos del cine, yo con la almeja húmeda, y propuso ir a tomar algo a un restaurante. Todo a mi cuenta.

-¿Te gustó la película tía?
-Mas o menos, tengo que decirte algo.
-¿El qué?

Lo miré a los ojos, muy seria, para ser más convincente.
-Escúchame: no le debes decir a nadie lo que viste ese día.

-Que bien, ¿y yo que gano con no decir nada?

--Para empezar, me ahorras un quebradero de cabeza y probablememnte algo más grave.

Era obvio que el cabroncetesabía algo del arte de negociar. Puso una sonrisa de cocdrilo y se quedó callado mientras zampaba.

A los pocos días, repitió los intentos de mterme mano, pero en casa, en el sofá del salón y mientras veíamos la televisión.

Me levanté y me fui al baño, para quitarmelo de encima. Fue por esos días cuando volví a coincidir con Sebastián.

No de casualidad, porque se presentó en casa y apenas abr´la puerta, entró sin preguntar.

Estaba sola y y en la conversación salió a relucir lo de la otra noche. Cuando se habla de follar se suele tnfollando y eso fue lo que pasó.

Sentí su cuerpo apretar el mío. No se decir no... a casi nadie.

-Sebastián, no esta bien lo que estamos haciendo.
-Vamos... yo sé que te gusta.
-No esta bien, mejor vete.

Mi voz que reflejaba mi lucha interna, entre el si y el no.

-No te preocupes.
-No, para ya, aquí no…
-Entonces vamos a tu cuarto.

Me llevó hasta el domitorio, me desnudó, se sacó la verga y me mandó chupar.

Era más que obvio que me tocaba usar la boca y me ponía muy nerviosa estar haciéndolo en mi casa, pero a la vez le daba ese toque picante que nunca me hubiera imaginado que tendría.

Llevé mi mano hacia la cabeza de su verga, era bastante gruesa y larga. Al principio me dio reparo, pero después todo fue gusto.

No era momento para preguntarse nada. La lamí, la chupé y lo masturbé. La llevaba de adentro hacia fuera, de afuera hacia adentro de mi boca. Si mi marido hubiese sabido que se la estaba chupando a otro, yo, que siempre me había negado a hacérselo a él, se hubiera muerto de la envidia.

Seguidamente comencé a masturbarlo al mismo tiempo que se la chupaba, con mi mano derecha se la corría primero despacio, después rápido, cambiando de ritmo según se me antojaba.

Lo había visto tantas veces en los videos que trae mi esposo a la casa y lo estaba practicando, era una cosa de locos.

Al pasar dos minutos, Sebastián se corrió.

-Ahhhhhh…Hummm…
-Tienes una buena polla.
-Que rico lo haces…
-¿Quieres más?.
-Ah… claro…pero déjame descansar un poco.

Bajé a los huevos y también los probé.

-Ay, yo quiero que me folles y correrme también.

-Te puedo echar un buen polvo, solo tienes que hacer lo que yo te diga…

-Si, si quiero que me des y bien…

En esos momentos ya había perdido la vergüenza.
-Te voy a dar polla por todos lados.
-Ay que machote -, me burlé.

Me estaba comportando como una puta, y eso no era todo.

Me sentía muy cachonda, me quité el sostén delante de él y me dijo que tenía unas tettorrras bien gordas.

Me tumbé en la cama, levantando las piernas. Se quedó mirando, impresionado, todo mi cuerpo y en especial mi conejo.

Era muy erótica la escena que estaba viviendo.

-¿Qué esperas? ¿A que viniste? ¿Solamente a ver?

Me dijo que no, moviendo la cabeza.
-Ahora vas a sentir lo que es una verga de verdad.
-Huy que miedo-Le dije en un tono algo gracioso.

-Mira que grande es.
-Ay amor…clávamela hasta el fondo antes de que venga mi marido.

hablaba como una furcia, diciendo cosas y en un tono que nunca en mi vida me imaginé poner. Ya estaba hecho, no había marcha atrás y ahora me tocaba recibir algo a cambio por tanta chupada, él estaba con el arma durísima otra vez.

En su cara se veían unas ganas tremendas.

-Ahora me vas a decir que quieres.
-Quiero tu polla, de una vez…
-Siempre supe que eras una tigresa…
-Vamos, dame lo que quiero, ¿o tengo que mandarte una carta de invitación?
-Abre las patas y comienza a rezar.
Yo sonreí con lascivia.

Se quedó completamente desnudo en cuestión de segundos. Se echó encima de mí y yo lo recibí en lo que hasta ese entonces había sido un lecho de amor y fidelidad, creí que nunca lo haría, pero ahí estaba yo. Era increíble pero era cierto.

Comenzó a meter y sacar.

Sentí la necesidad de abrazarlo y lo hice.
-Papito dame más…
-Ah…ah…ah…
-Si quieres métemela toda, te doy permiso…
-Si…si…
-Anda de una vez, follame bien, déjame reventada de gustoi

Lo dije en broma, no pensaba que eso me iba a caber dentro.

Parecía incansable, seguía taladrando mi coñito y me di cuenta que lo que pretendía era metérmela toda, que horror si me la mete toda, pensé.

Pero luego de experimentar las primeras sensaciones, me apreté a soportarl. Ya no importaba si me dejaba e coño como un bebedero de patos.

Me la había meitdo y mucho en la Universidad y seguía follando de maravilla.

Me gustaba más -mucho más- que cuando me lo hacía mi esposo.

El olor a sudor y a sexo se sentía en todo el cuarto y yo seguía recibiendo polla.

-Más…más…más…

Mientras él me la metía y sacaba a su ritmo, yo tuve que seguirle el paso y moverme al compás de él. Era lo máximo en placer que había experimentado hasta ese entonces y era la primera vez que lo hacía sin mi esposo. Sentía su respiración en todo mi cuello y mi cara, era excitante y me estaba cachando de una forma increíble, cada vez más fuerte.

-Ah…ahhh….

-Hasta el fondo…hasta el fondo.

Miré para abajo por un momento y miré como entraba y salía su verga en mi conejito, salía y de nuevo empujaba y se abría paso y volvía a salir y luego a entrar, que rico era todo eso.

Se veía en su cara el esfuerzo que hacía por seguir el ritmo de la follada fuerte y rápida que me estaba haciendo, yo quería explotar de tanto placer y por momentos no sabía como responder a tanto placer que me estaba dando.
-Ya…
-Hum…
-Así… no pares.
-Uf…ah…ah…

Las grandes dan más gusto y si no me creen pueden comprobarlo algún día. Sebastián comenzó a dar indicios de una inminente eyaculación.

-Correte dentro…
-Si…
-Adentro, no la saques…
-Muévete más…

Nuestros cuerpos empezaron a temblar y justo en el momento que sentí humedecerse mi chochito con su semen dejé que se me vinieran los líquidos que estaba aguantando desde hace rato.

-Ahhhhhhhhh…
-Hummmmm…
-Que rico….hum….

Por fin se regódentro de mí, nos mojamos los dos y fue increíble. Las sábanas estaban húmedas y nos echamos, estábamos muy cansados por el esfuerzo y nos abrazamos.

El me besó y yo le correspondí, solo sentíamos que estábamos juntos y descansamos un rato.

Pero la cosa no iba a acabar ahí, de un momento experimenté un sentimiento de culpa.

Le dije que por ahora los dos ya teníamos vidas diferentes y que ni pensara en la posibilidad de que yo me separe de mi esposo, él estuvo de acuerdo nos besamos de nuevo.

-Ay, la tienes bien grande…
-Si, mira lo que te perdiste.
-Ay, no seas malo.
-Pero el tiempo perdido a veces se puede recuperar.
-Creo que sí…
-Veo que se te está haciendo agua la boca.
-Creo que tienes buena vista…-le dije sonriendo.

A los pocos minutos ya estaba de nuevo con su verga entre mis manos y acariciándosela. ¿Alguna vez lo has hecho por atrás?
-No, nunca… -Le dije mientras comenzaba a lamer el glande.

-Pero siempre hay una primera vez.
Al instante sonreí.
-Así que quieres hacérmelo por el culo, eres un guarro.

-¿Solo yo?-Me dijo mientras le seguía lamiendo la cabeza.
-Ja ja ja…

Mientras me decía cosas así, me fue calentando. Me acariciaba de una forma que me excitaba.
-¿Ya?

-¿De verdad pretendes meterme ese artefacto por atrás?

-Si, no te preocupes te va a gustar…

-No creo…

La conversación proseguía y se me vino a la mente la idea de cumplir una de las fantasías que muchas mujeres albergan.
El se dio cuenta, de que me roia la lujuria.

-Munmca te di por el culo en la Universidad.
-No me hubiera dejado.

Cambio de tema y s epuso romántico.

-Tenías mucho éxito entonces.
-Y si ahora quisiera, también.

-Mira que eres chula.
-¿No me has echado en falta todo este tiempo?
-Me he acordado muchas veces de ti.
-¿E imagibas que mne ibas apoder follar en la cama de mi marido?
-Ja, ja ja ja-

Sonrió de una manera extraña, que me hizo recordar lo lejos que habíamos llegado. En uno de los espejos del cuarto se veía la escena que ocurría en ese momento.

Yo estaba desnuda, se veían mis tetas bien redonditas y el comienzo de mi zona púbica.

-Te voy a dar un regalito.
Dicho esto, me subí sobre sus muslos, abriendo bien las piernas que estaban próximas a recibir de nuevo esa polla tan dura y gruesa. Me acomodé bien y comencé a montar como si fuera una experta amazona.

Miré en el espejo y se vio la escena que tanto me había imaginado por tanto tiempo, cuando veía esas películas a solas después que mi marido se había ido a trabajar, era increíble estar viviéndola, y de ahí en adelante solo me dediqué a disfrutar.
-Ahhh…
-Hummm…
-Toda, métetela entera

-Eso quiero, pero es muy grande….
-Ahhh….
-Solo baja todo lo que puedas…

Así lo hice y volvía asentir que el potorro se me partía en dos cuando me incrusté todo el cipote hasta la base.
-Ahhh….ayyyy…..que rico….
-Hummm….
Mis gemidos y nuestras respiraciones se escuchaban por toda la casa, ya que eran muy fuertes.

Después de unos minutos sentí cómo mi cuerpo comenzaba a experimentar un temblor que se apoderaba de mí y de él, sin más preámbulo nos mojamos juntos, el con mi líquido y yo con su leche, que llegó muy adentro de mis entrañas.

Estuvimos un rato acostados y le dije que ya debía irse, que en cualquier momento llegaba mi esposo, nos metimos a la ducha donde me pedía como loco que se la chupara y le di el gusto.

Ya cuando estaba saliendo, me dio un beso antes de cruzar la puerta y me acarició la almeja por encima de la ropa.

No podía creer lo que acaba de hacer, me había acostado con otro hombre, y en mi lecho de matrimonio, no sabía cómo iba a poder mirar a los ojos al hombre que me prometió fidelidad para toda la vida.

Ese día me quedé en la cama metiéndome el dedo de tan solo recordar todo lo que había hecho, descubrí un nuevo mundo de recuerdos vividos otra vez con tan solo querer recordar. Estaba segura que desde ese día las cosas ya no serían iguales y que a la larga iba a perder mucho, pero en ese momento no sabía qué.

La mujer que se creía perfecta hasta hace poco, había caído, presa de la lujuria y el deseo de experimentar sensaciones nuevas. Sin duda ya no era la esposa fiel de antes, y no tenía cómo justificar lo que había hecho, pero nadie me iba a quitar lo bailado, todo el placer de esa tarde no se borra así nomás. A veces me sentía sucia, pero con ganas de seguir con esa locura.

Con el pasar de los días Sebastián me siguió llamando. Le di largas, hasta un jueves en que me pilló cachonda y con la guardia baja. Esta vez, follamos en su apartamento y fue brutal. La noche siguiente, me quedé hasta muy tarde viendo la televisión en el salón. Mi marido, que acababa de llegar de viaje, había cenado y se ató agotado.

Fue pasada la medianoche, cuando el cabroncete de Gabrielito apareció. Se sentó a mi lado y a los dos minutos, me estaba metiendo mano y sin remilgos.

Mi esposo estaba en el primer piso de la casa y yo siendo manoseada por un macarrilla, que se estaba aprovechando de mi agradecimiento por su silencio. Procuré hacerme la despistada para que no pensara que yo estaba de acuerdo con sus caricias, pero él seguía subiendo su mano hacia mi entrepierna.

Estaba yo ya en camisón, una prenda casi trasparente, y lo único bueno fue que llevaba una especie de tanga.
pensé escapar al dormitorio, pero me dio miedo que montará un número y opté por capear el tem,poral.
N
o tenía otra escapatoria que seguir dejando que me tocara las piernas, pero ya estaba acercándose demasiado a mi zona íntima y eso me ponía nerviosa y me estaba excitando la situación en la que me encontraba.

-Gabriel, deja de tocarme.
-Es que te ves tan bonita…
-Si, pero deja de tocarme.
-¿Y cómo le dejas a ese tipo que te toque?
-Solo fue una vez, así que ya no molestes…
-Yo sé que no fue solo una vez…
-¿Qué?
-Yo os pillé hace unos días... escuché como gritabas ern tu cuarto.
-Pero, que dices, eso no es verdad.
-Sí es verdad y se lo voy a contar a mi tío.

Me quedé helada.

-Pero si me dejas tocartem puede que no diga nada.

Pensé que quizá se apiadaría de mí si le decía que le iba a dar una buena propina, pero luego me di cuenta que quizá querría algo más.

Ya no había nada que hacer, estaba en sus manos y en ese momento tomé la decisión de convencerlo de cualquier forma. Estaba en las manos de un mocoso.
-Tú sabes que eso esta mal…
-Gabriel, por favor.
-Por favor te pedí cosas que tú no me quieres dejar hacer.
-¿Qué cosas? Pídeme lo que quieras, no te voy a negar nada.

Su cara expresó una satisfacción que se me hizo extraña, como que había ganado algo que yo no me imaginaba. Después me miró a los ojos y me dijo:

-Quiero follarte.
-¡¿Quéeeee…?¡¡¡
-Quiero meterte mi polla...
-Pero estas loco, soy tu tía.
-Mira que me chivo a mi tío.
-Yo soy tu tía, como vas a querer hacerme eso.
-Pero si no lo haces le digo a mi tío, y de verdad lo voy a hacer.

No tenía otra escapatoria que ofrecerle un regalo que le gustara un montón, la bicicleta que tanto quería se la podía dar yo. Me dijo que su mamá se la había comprado esa tarde.

-Por favor Gabriel, mi vida se destruye si mi esposo se entera.
-Solo te estoy pidiendo una cosa muy fácil para ti.

Acariciaba mis muslos, muy cerca de mi entrepierna.
-Anda, dime que sí. Muchos hombres afuera quieren estar contigo, pero yo voy a ser el único.
-Pero Gabriel, no esta bien que me pidas eso.
-Entonces le voy a decir ahorita mismo a mi tío que vea esto-Me dijo mientras se levantaba.
-¡Nooo…¡
-Sueltame.
-Espera.

Ya estaba embarcada en eso y no había marcha atrás. Me sentí muy angustiada por lo que iba a hacer y lo cierto es que quería que pase rápido. Llegó y se echó en cama como si nada hubiera pasado, como si no me estuviera chantajeando. Desde hace tiempo me miraba el trasero y yo ni le daba importancia, debí haber recordado con anterioridad que mis amigos hombres me contaban que desde niños habían deseado a las mujeres de su familia, de repente así me hubiera dado cuenta que ese chico me había echado el ojo desde que llegó.
-¿Ya tía?
-Espera.

Me comenzó a tocar mi coño por encima del camisón.
-Quítatelas bragas.

Nunca me voy a olvidar de esas palabras.

-Espera, no te apures.
-De una vez.

Hasta ese momento no había notado que en su familia los hombres la tienen grande desde pequeños, así me lo había contado mi esposo, claro que mi esposo no la tenía tan grande.
-Espera, primero unos besitos.
-Ya, siempre he querido besarte en la boca.
-No te la creas que solo es para que no me sienta tan mal.
-De todas maneras siempre me has gustado tía.

Me decía cosas así y se acercó a mi boca, juntamos las nuestras y nos dimos piquitos, como estaba encima de mí noté que su bulto estaba bien hinchado y que se sentía su dureza en mi vientre.

Nos seguíamos besando y le dije que lo que íbamos a hacer era cosa de mayores y que solo porque se trataba de él yo iba a dejar que pase lo que iba a pasar.

-Tía estoy enamorado de ti.
-¿En serio?
-Sí, desde hace años, solo que no sabía cómo decírtelo.
-Pero me lo hubieras dicho, de repente lo hacíamos-Le dije un poco en burla para relajarme.
-Ya tía, quítate la ropa.

Me bajé el tanquita hasta las rodillas y se quedó viéndome como si estuviera soñando. Se bajó el pantalón y me confirmo lo que hasta ese momento sospechaba; la tenía bien grande, demasiado para un chico de su edad.

-Ay, sí que me has dado una sorpresa.
-Te ves bien bonita.

Se tumbnó encima de mi y se restregó
Estaba casi consumando el acto sexual. No era tiempo para hablar mucho, así que él mismo se me subió encima y se acomodó como si supiera todo lo que hay que hacer.

La verdad era que se sentía extraño estar sin bragas y teniendo a mi sobrinito encima de mí, con el rabo al aire. Estaba sintiéndome muy abusada y a la vez cómplice de lo que estaba pasando e iba a pasar. La tía joven y buena se iba a dejar penetrar por un sobrino mocoso

Yo ya no me asusté y abrí un poco más las piernas para que pueda acomodarse bien. Se subió hasta mi cara y nos besamos de nuevo.
-Oye, solo porque se trata de ti me voy a dejar.
-Entonces me quieres.
-Si pero solo como a un sobrino, no le debes decir a nadie que le metiste la polla a tu tía ¿me entiendes?
-Sí tía.
-Okey, solo porque eres tú voy a dejar que me metas la verga.
-Que bien, ¿sientes? Esta dura, así se pone siempre que pienso en ti.
Esas palabras me derritieron, porque yo he sentido lo que es estar queriendo con una persona en secreto. Ahora sí le iba a dejar que me la metiera sin ponerme con quejas.
-En serio?
-Sí, desde hace años, pero no te lo podía decir.
-Entonces no te preocupes ya estamos solos.

Me acerqué a su oído y le dije con voz suave y agitada: "Fóllame".

Desde luego que sentí como se le puso más dura y tomé su varga y la puse en la entrada de mi conejo.

Pasó un rato y me estuve acomodando su capullo en la entrada de mi chocho, era tan excitante estar haciéndolo en la cama de mi marido y con él durmiendo en la sala.

-Ya está. Ahí es… empuja…le dije con voz suave al oído.
-Ya… ahh….que apretado se siente…
-Así así…que bien…
-Tía te amo….
-Así que bien…ya me estas cachando, que rico…
-Uf…humm….siempre he querido cacharte tía.
-Sí, sigue que vas bien….
-Que rico se siente, que caliente…
-Así es humm…

Se sentía el calor de su cimitarra entrando en mi cueva, era increíble que la ama de casa perfecta ya estuviera teniendo tres maridos en menos de una semana, y peor aún que fuera con su sobrino con quien estaba jodiendo.

Pero gozaba demasiado para parar y dejé que me la siguiera metiendo.

Por fin tomó ritmo y empezó entrar toda entera. Que bien se sentía, estaba transpirando y jadeando del placer y jamás se me había ocurrido que un pequeño me la pudiera meter tan rico. Era excelente y no estaba dispuesta a parar por nada.

La cama se movía por el coito que estaba ocurriendo en ella y empezaba a sonar con más fuerza.
-Toda Gabriel toda…
-Sí…
-Métemela toda…

Lo que estaba ocurriendo era que la supuesta víctima estaba gozando tanto o más que el chantajista, nos habíamos vuelto cómplices de una pendejada tremenda, estábamos cachando en la cama donde dormía con mi esposo.

Pero eso no me importó mucho y seguía recibiendo en mi chocho ese rabo grueso, que me estaba haciendo delirar, Y contribuía al gustazo la sensación de que el cornudo de mi marido se pudiera enterar.

-Ay Gabriel, que rico lo haces… humm….
-Te gusta la polla ¿Eh tía?
-Si cerdo, me gusta…hummm…no paresEl polvoera increíble y jamás en mi vida hubiera imaginado que alguna vez me podría encontrar en tremenda situación, con las braguitas en los tobillos y siendo follada como una perra por Gabrielito, que la tenía bien grande.

Y arriba, el primer piso, mi marido.

Pero bueno, estas cosas no se planean y como era una emergencia tuve que ceder ante los requerimientos de mi sobrino.

El guarrete no tenía consideración. Quería beneficiarse a su tía y lo hacía a conciencia. Me la metía cada vez con más fuerza. La fricción era exquisita y estaba a punto de mojarme todita.

Siempre me voy a acordar de esa noche, fue muy excitante. Creo que disfrute más yo que ese cabroncete

Al día siguiente salimos mi esposo, Gabrielito y yo al Parque de Atraccione.

El plan era pasar la tarde por ahí, pero llamaron a su móvil y tuvo que salir a toda prisa, para atender una emergencia en el trabajo. Cosas que pasan.

Gabriel y yo nos quedamos solos en el coche y mi marido se fue en taxi.

-Es mejor para voostros, más códo -, nos dijo al despedirse.

Ya estábamos llegando al Parque, cuando el cabroncete empezó a decirme cosas d ela falda, d ela spiernas, de los muslos y además, se siobraba la polla por encima del pantalón.

Después se puso a hablar de lo que había pasado y traté de cortarle:

-Y ahora que quieres.
-No sé, una repetición…

Y me echó mano al conejo, subiendo la falda hasta la inglé.

Giré mi rostro hacia él, con las manos puestas en el volante, y le dije que se metiera las manos en el culo, pero fue en vano. Me tenía a su merced, ocupada conduciendo y era poco lo que yo podía hacer.

Era obvio que me iba a usar cuantas veces quisiera.
-¿Quieres que volvamos a casa?
-No, tira hasta el Parque.

-Entonces no me molestes con eso.

Debí interpretar mal sus intenciones, porque apenas aparcar -y lo hice en una esquina del estacionamiento, casi debajo d eunos árboles- empezó a meterme mano.

Me acarició las piernas y me dijo que no podía olvidarse de lo que había pasado. Que quería repetirlo:allí y ahora.

Por supuesto que le dije que no. Estábamos en la vía pública. Nos podían pillar y le propuse aguantar uy que al llegar a casa, antes de que volviera mi marido, le daría gusto.

Me dijo que no y me subía la minifalda. Me puse nerviosa, pero a la fuerza ahorcan.

Estabamos bastante alejados de la entrada y muy tapados por los árboles. Me sobó el chocho y cuando notó que me empapaba, me sacó las tetas al aire.

Mientras me besuqueba el cuello, me dijo al oído:
- ¿Tía, sabes hacer la postura del perrito?
-¿Qué?...No me preguntes eso…

-La otra vez la vi en internet y quiero hacerla contigo.

-No, aquí no. Si quieres, luego en casa-

-Aquí.

No sabía qué hacer y supliqué:

--¿Qué quieres que haga?

--Esto.

Me dejó idiota cuando sacó de su bolsillo una revista porno, muy sucia y doblada en cuatro.

-¿De donde sacaste eso? ¡Cochino!
-De las propinas que me das, tengo más.
-¿Qué? ¿Con mi dimero te compras esas guarrerías?
-Si y seguro que a ti te gusta verlas... Y que te va a gu8strar mucho más lo que vamos a hacer.

Era excitante pensarlo. Veía a los lejos las norias del Parque y me excité mucho.

-Tía… ¿Me la chupas?
-Quedé callada.

El se la sacó y me señaló con el dedo:

--Venga... ¡A mamar!

Bajé la cabeza y quedé a un palmo de su capullo.

-Eres un mocoso, pero tienes un rabo tremendo.

Y para mis adentros, pensando en darle una lección, me dije que lo iba a dejar seco.

--Ya que te empeñas, te voy a dar lo tuyo. Ya verás como lloras después.

Se rió, pero con cierto nerviosismo

Me dediqué a pajearlo con la mano, mientras oteaba de vez en cuando por el cristal de la ventanilla.

Sentía en mis manos aquella verga, que la noche anterior me había metido hasta las pelotas y me dije a mí misma que le iba a dar gusto, que se iba a ir bien satisfecho, harto, para que no me molestara en mucho tiempo.

--Si, quiero que me la chupes, pero sácate las tetas antes.
Me quité la blusa y me subí la minifalda.

Se quedó mirando, antes de cogerme los pezones y apretar.

--Ponte como una perrita.

Me arrodillé a mi asiento y me puse diligente, como si fuera un examen del que quisiera obtener la nota máxima.

Lo lamí y luego de un rato lo comencé a chupar como si fuera un caramelo.

A él le gustaba tanto, que daba grititos. Decía que era la primera vez que una mujerle hacia tales cosas. La primera vez que una putilla se la mamaba. Y que zoarra era su tía, era yo, que estaba bien buena.
-Ahhh…. Ahhh…
-Glup…glup…glup…
-Así tía…así…
-Te encanta mocoso... te encanta…

me la metía entera y la volvía a sacar. Cuando me pareció bien dura, le pregunté si quería de verdad hacer el perrito o prefería correrse allí.

-El perrito, el perrito...

Como si fuera una experta, me puse de lado. No podía ponerme a cuatro patas y mandarle bajarse y folalrme desde fuera del coche, porque aquello hubiera cantado mucho.

Teniamos que echar el polvo allí mismo, como los novios qantiguos, peleando con el volandte, la palanca de cambios y la falta de espcacio.

Su picha estaba bien dura y me incliné para que se le hiciera fácil metérmela. Mi culo estaba su merced.

-Apúrate que alguien puede venir…
Él me acarició con la verga, pasándola por la raja.

-Que buena estás y que bonito culo tienes…

Sus manos recorrieron mis nalgas y tiraon del elástico. Era la primera vez que dejaba que me quitaran las bragas en plena calle y la idea me hizo empaparme de ganas.

Ya sentía otra vez la humedad de su polla rozando mi chocho. Como el idiota no atinaba, alargué la mano, cogí su picha y la acomodé en mi agujero.

-Ya, ahí es…
-Si tía…
-Empuja cerdo, empuja….
-Que bonita eres…te voy a follar todos los días…
-Apúrate, no desperdicies tiempo.

Tenía un cipote de premio. Lo sentía, estaba duro y otra vez en la entrada, con esa cabezota roja ya dentro de mí y temblando por la situación.

-Vamos, folla a esta perrita... fóllame.. ¿O es que no puedes ya?

No tardó en introducirme toda su polla y hacer el esfuerzo de meterla y sacarla, yo ya estaba disfrutando de ello y apretaba el culito para disfrutar más….

Y a todo esto, yo miraba por la ventanilla, en dirección a la entrada del Parque de Atracciones, para estar segura que nadie llegara de improvisto.

Era un placer desconocido.
-Hummmmmm…

-Así…así…
-Que rico tía…
-Que cerdo eres, chaval

-Sí, pero tu eres todavía más cerda que yo.

Me friccionaba el clítoris y me daba el placer que quería sentir desde hace tiempo.

"Que pensaría mi marido si algún día se enterase que estoy aquí, en su coche, con las bragas abajo, en posición perrito, dejándome encalomar por éste cabroncete"

Eso era mi voz interior, pero mi cuerpo me pedia guerra.

-Ahhh…
-Ahhh…

Se corrió enseguida y cosa extraña, me pidió un beso en la boca. Se lo di. Me miró, parecía enamorado y me dijo:

-Eres la más bonita.

Me coloquéla ropa en su lugar y arranque, rumbo a casa. El muy cochino, cuando supo hacia dónde íbamos, comentó que le gustaba la idea, teniendo en cuenta que íbamos a estar solos un buen rato.

Me resigné a la idea de que me iba a pedir sexo otra vez.

Como era de suponer, al entrar en la casa y cerrar la puerta me acarició el culo y me mandó enfilar hacia el dormitorio. Me negué en redondo.

--Pues se lo digo a mi tío.

Casi se me saltan las lágrimas.

-Pero si ya te di lo que querías, ya me has follado, te la he chupado. ¿No te parece bastante?
-Yo nunca dije que iba a ser solo una vez.
-Ya no me jodas.
-Acuérdate, no me obligues a dárselas a mi tío.
-Bueno, y ahora qué quieres.
-Solo quiero que subas a mi cuarto.

Subimos, yo ya sabía que iba a pasar, aunque nerviosa y un poco molesta lo llevé de la mano. Al parecer se le había puesto dura en el camino y quería follarme otra vez. Me resigné. Y con gt porque se me empezó a empapar otra vez la almeja.

Como era de suponerse, me quería tener en la cama, era un cerdo ese mocoso. Me tocaba el culo con la mano derecha, me lo acariciaba y me hacía sentir deseada.

Cerramos la puerta y otra vez estábamos ahí, en menos de 24 horas me encontraba en la misma situación.

-Quiero que te quedes desnuda.
-Pero que me estas pidiendo.
-Anda, quítate toda la ropa.
-Pero es que no puedo.

Primero cerré todas las ventanas y me aseguré que nadie pueda darse cuenta. Entonces le hablé.

-¿Qué se siente? ¿En qupnsas cuando te estás tirando a tu propia tía?

--Se siente mucho gusto.

Se rio el chaval.

Abrió la revista y en la página central, me mostró cómo una chica penetrada analmente por un hombre bien proporcionado. Me asusté al pensar que eso era lo que estaba planeando.

-Tía, quiero follarte por atrás…
-¿Por dónde?
-¡Por el culito!
-Estas loco, eso nunca…
-Ya pues, no te hagas la santa, bien que te gusta… quiero penetrar ese culazo.
-No me pidas eso
-No por atrás, eso no….
-Pero si te gusta por adelante, es bien rico, siempre he querido hacértelo por atrás
-Por favor, nunca lo he hecho por atrás-le dije un poco nerviosa, mientras me agarraba el culo el muy pendejo.
-Vas a ver que no pasa nada- Me dijo

Y me la clavó. Y cómo. Y que embates. Me gustó tanto, que no he parado de hacerlo y a ese mocoso lo tengo reservado para que me encule.

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