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Me ha gustado ser puta



Por Erick y Vero

Mi mamá se horrorizaría: ¡Mi hijita es una puta!!!
Después de las experiencias en los cines (Relato anterior), ya sabía cómo era tener varios tipos metiéndome los dedos por la chucha, manoseándome al mismo tiempo chiches, nalgas y piernas, y estar agarrando dos vergas viendo otras en lista de espera. ¿Y ahora… ya era puta? No me sentía, me veía más como aventurera. Quizás aspirante.
Avanzamos casualmente: Mi esposo fue enviado a Brasilia, donde yo sabía que estaba viviendo un colega de facultad con quien había salido durante nuestro último año. Lo localicé y le mencioné a mi marido que quería invitarlo a cenar. Aceptó sin reservas.
La cena fue tranquila, pero al final, de alguna manera, terminamos desnudos los tres, con el amigo acostado metiéndomela y mi marido de pie dándome el pito. Nos sentimos los tres un poco inhibidos. Y dejamos pasar unos días. Mi marido me dijo: Si quieres invitar de nuevo a tu amigo, estoy de acuerdo, pero creo que ahora es mejor en algún otro lado y vamos a cenar antes. No quiero que piense que solo vas a coger. Acepté la idea lo llamé y combinamos.
Nos encontramos en un restorán y ya desde ahí, los dos comenzaron a meterme mano por debajo de la mesa. Después fuimos a su apartamento y sentados en un sofá comenzamos a asistir una peliculita porno. Discretamente mi marido fue por un café a la cocina. Cuando regresó, estábamos en tremendo clinch, con mi vestido ya a la cintura y abierto de arriba, y yo con su pija en la mano; una mano en mis nalgas y la otra manoseando los pechos. Mi marido no quizo estar junto (era nuestra primera experiencia programada), vió un balconcito con persiana a media altura, y se colocó ahí para vernos voyeurísticamente; pronto mi vestido y sostén estaban por algún lado, su mano metida en mi calzoncito y yo mamándolo golosamente. En seguida estábamos desnudos. De repente salió el amigo. En seguida entró mi esposo para preguntarme que había pasado; No se –respondí- bueno –me dijo sentándose- en cuanto descubrimos, ven aquí perrita caliente, clávate en mi verga, que está dura como piedra. Y lo obedecí inclinándome frente a él.(Con la intención de que el amigo me viera las nalgas al regresar) Cuando regresó, me acarició las nalgas y sentí algo extraño por el culo pero entendí rápido, me iba a encular… y sabiendo la intención, abrí las piernas un poco más, afirmándome para recibir esa buena verga por el culo; la colocó en la entrada y empujando suavemente entró todo el instrumento, sin problemas ni dolor. Y me bombeó con fuerza… Los tres nos movíamos de acuerdo y me vine casi al recibir la porra de mi marido en la boquita… y la del amigo por el chiquito…
Después de esa noche, sí me sentí puta… por primera vez…
¡Hora de los clubes de swing! Eso fue en Sao Paulo. La primera vez, estaba curiosa y recelosa. Pero con mi entrenamiento previo, no me chocó. En la primera sala, pronto ya tenía tres cabrones alrededor, metiendo mano, y poco tiempo después, todos desnudos, por turno ya me estaban dando los instrumentos para mamar. Obedientemente los ordeñé con cuidado y gula. Al terminar, salieron dos de ellos y mi marido sentado me inclinó para darme su cuota de leche. Estando así, el que se había quedado, se me colocó atrás y sin titubear, me cogió lindamente. Fue la primera penetración doble de mi vida... coño-boca. Me pareció, muy bueno, me gustó. Después perdí la cuenta de cuantas fueron.
Y siguieron muchas visitas a varios clubes, donde coleccioné más recuerdos de comer vergas, metidas curiosamente solo por boca y coño. No me la volvieron a meter por el apestoso.
Pero coger mucho no me hacía sentirme puta… bueno… ya un poquito… No creía serlo porque no cobraba. ¿Zorra aficionada? Puede ser…
Vinieron varias aventuras, pero sentía falta de la graduación. En una primera tentativa, una noche, vestida adecuadamente con una mini falda, una blusita y sin sostén, fuimos a una pequeña boate. Yo entré primero, como si fuera sola. Me paré en la puerta y de inmediato un güey se aproximó y comenzó una plática pendeja en cuanto me acariciaba las nalgas. Tranquila, lo dejé y me senté con su grupo, de otras dos parejas (o sea, otras dos putas). Mi marido consiguió maniobrar para quedar en una mesa enfrente y pudo ver como yo abría las piernas para que el cuate me metiera la mano a la chucha. No resultó en nada más, pero ya fuí algo más como una puta profesional.
Y fue cambiado a una ciudad mayor, a Rio de Janeiro, con más posibilidades. Pero antes de irnos hicimos algo interesante: Los últimos días nos hospedamos en un hotel, y la víspera de salir, se nos ocurrió provocar al personal de servicio. Pedimos unas bebidas y decidimos que lo recibiría vistiendo un negligé muy transparente, con tanga y sin sostén. (Nota: Me habían regalado unas flores que estaban a la vista). Y mi marido simularía estar tomando baño espiando por una rendija de la puerta. Y así lo hicimos, llegaron dos hombres que claramente no podían dejar de verme, me dio risa que se turnaban, uno hacía plática babosa y el otro me veía abiertamente las piernas y nalgas. Uno de ellos comentó que las flores estaban muy bonitas, que se echarían a perder si no las colocaba en agua, y que si quería podían traerme un florero… Acepté y quedaron de regresar en pocos minutos.
Riéndonos mucho comentamos y esperamos. Me subí la batita hasta el borde de la tanga, y la dejé bastante abierta. Mi marido salió al balcón y arreglamos la cortina para que pudiera ver bien.
Previsiblemente regresó solo uno de ellos (deben de haberse sorteado), que ya viéndome abiertamente, colocó las flores en el florero en cuanto me decía que era muy bonita. Me paré junto para “arreglar“ las flores y aprovechando la situación, colocó una mano en mi cintura, como no dije nada, la dejó resbalar hasta las nalgas, y tomándome de la cintura, me abrazó y se ofreció a “quererme”. En silencio, consentí.
Sin tardanza, se metió al baño a cambiarse y yo me fui a la cama haciéndole gestos obscenos burlones a mi marido (Algo como: mira bien güey, este cabrón me va a coger). Me acosté de espaldas, con las rodillas levantadas y las piernas abiertas. La más clásica de las poses de puta esperando cliente para un rapidito. El pendejo (¿Pendejo?) salió ya encuerado y con la verga parada, me vio y se me vino encima metiendo de inmediato. Al moverme, ¡Y como moví el culo! lo hice de manera que mi maridito viera claramente mi puto coño chingado por esa verga extraña.
Mi graduación fue poco después en Rio de Janeiro… lo cuento en otro relato…
Verónica, eglu@hotmail.com

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