Por Erick
Que sabroso es coger!
Ya confirmada como puta, aficionada y profesional (Historias anteriores) solo me quedaba continuar siéndolo, con la ventaja de que ahora podía hacerlo a conciencia, con pleno conocimiento y consentimiento. Mis antepasadas deben de estar retorciéndose en sus tumbas: ¡Hijita! ¿Cómo? ¿ te has hecho puta? ¡Como puede ser! Fuiste educada para ser una niña buena… ¡Qué vergüenza!Si solo fuera el lechero, como nosotras, pero... tantos!
Si, pero ¡A mí me ha valido madres! Me gusta coger… ¿Y? Ya aprendí que dar las nalgas no significa perderlas o quedarse inválida. Al contrario, con el ejercicio se ponen mejores, más firmes y redonditas… más apetecibles y sabrosas para verlas, manosearlas y meterles el nabo por el medio.
Un día decidimos (Esta putita y su calenturiento marido) experimentar algo diferente, uno de los ambiente de puteros más conocidos: ¡Un baño sauna público!
Rodamos por Sao Paulo, examinando varios, estudiando cómo funcionaban, cuanto cobraban, seguridad, etc. Y nos decidimos por uno, bien presentado.
Ese negocio tenía un sistema parecido al de muchos clubes de swinging, al entrar se pagaba una cuota, y en seguida estaban unos lockers para cambiarse sin ninguna privacidad, como para juzgar la “mercancía” que va entrando. Y se vestían unas batas y chanclas de dedo, sin nada más.
Ya cambiados fuimos a ver las salas, una tenía una TV con películas porno. Otra era un bar. Otra eran los cuartos propios de sauna. Y dos salas mayores vacías, de forma de anfiteatros. En los varios ambientes ya había bastantes puchachas y clientes circulando.
Nos sentamos en la sala da TV, más que nada para decidir qué hacer, y poco después llega un tipito, que muy sonriente se sienta junto a mí, e inicia una plática pendeja cualquiera, claramente estaba intentando saber que era lo que yo quería. Así, mi marido me propone ir a una de las salas grandes. El tipo oyó y no dijo nada, solamente vino atrás.
Entramos y fuimos al fondo. Sin más trámite, el cabrón de mi maridito querido, me soltó el cinto de la bata, que abriéndose dejó expuesto mi frente. El güey sin ninguna duda, me abrazó de lado y acariciando mis tetas y nalgas comenzó a besarme; abrí las piernas y mi marido se bajó a chuparme el mechudo, con pasadas de mano por las nalgas. Y la bata por el suelo.
De repente sentí otras manos, sin darme cuenta otro pendejo se había colocado de mi otro lado y estaba compartiendo mis chichitas y nalgas con el primero. ¡Bueno… ni modo… Que chingados! agarré las dos vergas, ya duras y comencé a moverlas, eran dos palos normales, sin nada de especial, salvo que los tenía en la mano y que estaba desnuda siendo puta e un putero. ¡Suavemente me hicieron bajar, hasta quedar acostada de espaldas. El primero arrodillándose, me colocó la pija para mamar, y de inmediato me la comí toda. El otro cabrón se metió entre mis piernas, ya adecuadamente con las rodillas levantadas y abiertas y el muy ojete me metió la verga por el coño. Los dos se movieron rápidamente y pronto ya tenía porra por los dos lados… y también una sorpresa… ¡Ya había una fila de cabrones esperando para cogerme!
No tuve tiempo para pensar, ya tenía otras dos vergas jodiéndome, nuevamente una en la boca y otra en el tamal. Y sin demora, entró un tercer par. Por cierto, el chile que me entró por la boca era muy largo, no muy grueso, pero muy largo, sentí que me tocaba hasta dentro, cuando soltó la leche, entró directo a la garganta, estaba tan sabrosa que ni le hice caso al de abajo.
El cuarto par no lo recuerdo bien, ya estaba comenzando a cansarme. Y el quinto fue un palo grueso y nervudo, lo recuerdo porque lo sujeté unos instantes para descansar del anterior.
Y sentí una señal de mi marido, por gestos me indicó que era hora de parar. Ví la fila y eran unos 10 a 15 tipos con cara de joder. Me paré, coloqué la bata y salimos de la sala.
Antes de entrar a las regaderas, se cruzó una puta de la casa que me dijo con odio: ¡Zorra vagabunda! No nos atrevimos a responder, ni siquiera a reír. Tomamos baño rápido (¡Tenía una peste a porra…!) nos vestimos y salimos antes de tener algún problema con mis colegas.
Creo que si nos quedamos un poco más, me la meten por el culo.
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