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Las tetazas de mi tía Beatrice |
Por tano feroz
Ese febrero de 1977 había sido increíble. Me había cogido – y me seguía cogiendo- a mi prima Aída y a mi tía María.
A pesar de ello estaba todo el día al palo, miraba a las mujeres como pollos al spiedo, dando vueltas y listas como para hincarles el diente.
Tanto éxito había tenido en la platea femenina mi pantalón de lycra, que a pesar de tener otros bañadores, más holgados y hasta más bonitos, no hacía más que utilizar el ajustado pantalón, de modo que mi tremenda verga no pasara desapercibida a la vista de ninguna fémina.
Tenía tanto más éxito entre las veteranas, detrás de sus gafas oscuras, veía como se les iba la mirada hacia mi entrepierna. Yo, luego de haberme fifado por todos los orificios posibles a mi tía María, sabía aquello que una madura podía ofrecerme, por lo que, lejos de molestarme que las viejitas me marcaran el bulto, me enorgullecía y adelantaba la pelvis para que el paquete fuera decididamente ojeado por las señoras.
Había decidido que mis prácticas sexuales se circunscribirían, casi exclusivamente, a follarme a cuanta madura quisiera albergar 17 cms de largo por casi 9 cms de diámetro, en su vulva, en su ano y en su boca, sin que el orden de los factores alterase el producto.
Sin embargo, ese verano, la cosa iba quedar en familia, no había día que María o Aída no requiriesen de mis solícitos servicios y yo, como un boy scout, estaba siempre listo, con el rifle cargado para acertar en todas las dianas.
Como conté en "la tía María y el verano de 1977", la casa donde veraneaba era propiedad de mi madre y de otra tía, prima mayor de mi padre.
Mi tía Beatrice – homenaje de sus padres al Dante- era mayor que mi madre y que María, rondaba los cincuenta años, pero era un hembrón para chuparse los dedos.
Era soltera, bastante alta, andaba por el metro setenta y dos centímetros o más, muy blanca, rubia, de ojos claros, casi una walquiria, un producto típico de la Italia del norte, lugar de proveniencia de su padre, pero lo más notable era su cuerpo hecho para la batalla, un par de tetas incomensurables, no tendría menos de 150 cms de busto y un culo colosal, toda ella parada sobre una piernas interminables.
Era soltera, pero no solterona, pues había tenido numerosos pretendientes, a los que decía, con sorna, que dejaba luego de acabarlos de tanto sexo. Todos reíamos, pues, además tenía un carácter estupendo y una inteligencia superior. Lo cierto es que los tipos no soportarían al lado de una mujer tan inteligente y llamativa.
Tal como les dije, a las tetas de mi tía Beatrice también había dedicado unas cuantas pajas, aún después de haberme culeado a mi prima y a mi otra tía.
Una tarde, al volver de la playa, previo a ducharnos para salir o, simplemente, para cenar en casa, todos fuimos al jardin, a tomar un refresco y conversar de tonteras.
Beatrice, como ignorando que estaba presente, les contaba a las otras damas, que esa tarde, en la playa, un joven no le quitaba los ojos de encima, por lo que ella, de puro calienta vergas, le correspondía y hacía algunas travesuras, como, por ejemplo, haberse corrido el sujetador al punto de dejar casi al descubierto los incomensurables senos, mostrándole la aureola de los pezones. Reía – y todas con ella- cuando contaba que el jóven comenzó a calentarse de tal modo que su poronga no cabía en su bañador, lo que lo obligó a taparse con una camiseta y salir corriendo al baño para, seguramente, hacerse una puñeta en honor a las tetonas de Beatrice.
Mi madre, le señaló que yo estaba presente, por lo que Beatrice le dijo:
"No te hagas problemas, que Claudito seguro que sus buenas pajas se hará en honor a alguna dama".
Carcajadas de todas y calentura mía, que ante el relato de Beatrice, ya estaba alzado, con la pija hinchada y las costuras del pantalon pidiendo pista de tanto que apretaba.
Disimuladamente, me retiré y fui al baño a hacerme una puñeta y, de tal modo, disminuir mi tensión.
Cuando estaba por flipear golpean la puerta del baño y escucho a Beatrice diciendo:
"Claudio, acabá de una vez que tengo que ir al baño o paso y te ayudo, jajajaja"
Estaba tan cebado con mis hazañas sexuales en familia que no dude en decirle:
"Vení, pasá, jamás rechazo una oferta femenina"
No lo creerán, pero sin preámbulos entró Beatrice y ante el espectáculo dado por su sobrinito dijo:
"Epa nene, que flor de pistola tenés, hacés honor a la familia… nobleza obliga, te voy a ayudar"
Y ahí nomás mi tía metió mano y con habilidad incomparable tomó la poronga con la mano derecha y continuó haciendome la puñeta.
"Dale, seguí le decía, seguí haciendome la paja….me muerooooo….uuuuuuuuy"
Me dijo, "Esperá, esperá no acabes, en un rato la seguimos"
"Noooooo, por favor, haceme acabarrrrrrr" – le decía yo-
"Bueno terminá, pero luego quiero que vengas a mi cuarto"…. se agachó, se engulló la poronga, me apretó un poco los huevos y me hizo acabar, tragándose los cuatro lechazos consecutivos que me salieron desde lo más profundo de mis pelotas.
Todavía no lo podía creer ya me había cogido a Aida y a María y ahora Beatrice me había hecho una soberana paja. Indudablemente, estaba de parabienes.
Un rato quedé físicamente más calmado, pero mi cabeza seguía dando vueltas y más vueltas, no tenía un atisbo de remordimiento por el zafarrancho familiar que había armado, después de todo, a ninguna había forzado y todas eran mayores.
Luego de cenar, María propuso que todos fuesemos caminando a la costa a tomar un helado. Yo me excusé, dije que prefería leer unas revista que había comprado y Beatrice dijo que se quedaría haciendo las palabras cruzadas del períodico, mientras me hacía compañía.
La casa estaba a unos quinietos metros del mar y a unos mil metros de la heladería más cercana, pero de la preferida por todos, no menos de 2000 metros, por lo que entre ida y vuelta, la compra del helado y el tiempo que perdieran hablando, no demorarían menos de una hora y media.
Lapso más que ideal para cumplir con la tarea que me quedaba.
A los cinco minutos que todos partieron, tiempo suficiente para que estuviesen suficientemente alejados, me acerqué a Beatrice y le dije:
"Aquí estoy, para que querías que fuese a tu cuarto"
Me respondió
"No te hagas el machito, que quizá te quede grande ….acercate a la tía que te voy a enseñar".
Obediente, me acerqué hasta donde estaba sentada, y puse mi paquete a la altura de su cara.
"Mira que la tenés grande -me dijo- vamos a ver de que sos capaz"
Me bajó los pantalones y ¡plop!, la poronga todavía dormida y atraída por la gravedad, quedó colgando cabeza abajo.
Con sabia experiencia, la tomó con dos dedos, corrió el pellejo hacia atrás, escupió el glande, y lenta pero decididamente, comenzó a correrme la piel hacia atrás y hacia delante, hasta lograr que de una posición semimuerta, comenzara a apuntar hacia el techo.
Le gustaba lo que veía y me lo hacía saber:
"Mmmmm, que rica la poronga de mi sobrino…. a cuantas habrás desflorado y ahora la tiene esta viejita picara", mientras le pasaba la lengua por la cabeza y el tronco, mientras me acariciaba los huevos.
Otra vez estaba flipando en colores y quería acabarle en la cara, pero también quería algo más.
Le saqué la pija de la boca, la tome de la cara haciendola levantar y sumergí mi cara entre esas dos tetazas titánicas, acariciando ambas a la vez con mis manos.
"Tan grandote y querés tomar la teta…. tomala" se quitó el sujetador y dejó que esos pechos imponentes quedran al aire, mostrando un par de aureolas rosadas y unos pezones tan grandes y erectos que parecía pequeños glandes.
El espectáculo me maravilló, abrí la boca y me metí, uno a uno los pezones de mi tía, succionandolos con devoción, con fiereza, con desesperación.
La sentía gozar:
"Mmmm, si chupame, apretame las tetas, sacame la lechita…."
Sin más le metí la mano allí abajo, tenía las bragas empapadas, me olí la mano y sentí el aroma de su sexo maduro y caliente, lo cual me encendió aún más.
Con dos dedos separaba los labios de su experimentada vagina y otros dos los dedicaba a meterme en su caberna y a acariciarle su clítoris.
Tenía un clitoris tan proporcionado a su tamaño que parecía un pene.
No lo podía creer, que familia de putarracas que me había tocado en suerte.
Me sentó en el sofá de un empellón y se desnudó dejandome ver ese cuerpo de amazona en todo su esplendor.
No parecía tener cincuenta años, el hecho de no haber tenido hijos le conservaba muy bien la figura.
Sobre el monte de Venus y cubriendole toda la vagina tenía una cabellera tan rubia como la que revestía su cabeza y casi tan larga. Una mujer salvaje.
Se puso de espalda y se agachó, de modo que a la altura de mi cara quedaba su inmenso y blanco culo y se veían los labios inferiores de su vagina, cubiertos por una mata humedecida por sus jugos.
Tuve un impuso irrefrenable y sumergí, ahora, mi cabeza entre sus nalgas, las que abrí convenientemente de modo de dejar al alcance de mi lengua el agujero de su culo.
Y allí comencé una faena que arrancó gemidos y palabrotas de la boca de Beatrice
"mmmm.... hijoputa.... chupame el culo......daaaaaleeeeee..... meteme esa lengua..... cometelo todo.... ahhhhhhh"
Mientras se lo lamía depositando abundante saliva en ese pozo de placer, sentía como los esfínteres latían y atrapaban mi lengua como una anémona.
Le saqué la lengua del culo y se la pasé por la raja, que estaba empapada de fluídos blanquecinos y cálidos, con un perfume inconfundible de hembra en celo y seguian los ayes de placer
"ayyyyy.... ahhhhhhh..... comete la concha también... siiiiiiiiiiiii.... chupame toda.... cuanto hacía que no me comían el coño así..... siiiiiiiii...."
Luego de un trabajo a conciencia, en el cual la lengua quedara exhausta y plena de sabores agrios y calientes, entendí que el campo estaba preparado para mi amiguito, que a estas alturas estaba tieso, caliente y húmedo, esperando su turno.
De modo tal que, primero hice sentar a mi tía al borde de la cama para que me lamiera bien la pija, la llenara de su saliva espesa y ardiente y luego le pedí que se pusiera en cuatro en el borde de la cama.
Otra vez gocé de una panorámica alucinante, un culo blanco e inmenso, abierto, dejándome ver el marrón que latía y asomando su chocho chorrente de sus jugos y mi baba.
Distribuí bien sus jugos por el glande y el tronco, apoyé la cabeza en la entrada de la argolla y arremetí de un tirón, metiéndola toda en su cueva.
Escuché:
"ayyyyy cabronazo, que me hiciste..... que pedazo de poronga que me clavaste.... dale, sacudime, cogeme todaaaaa....... siiiiiii...."
El placer que sentía era inmenso, la visión era estupenda, un culazo enorme y una tetas inconmensurables que se sacudían ante cada arremetida, estaba por acabar luego de unos cuantos minutos de saca y ponga, pero no me quería perder el postre.
Le saqué la pija del culo, abrí sus nalgas con las manos, y apoyé la cabeza henchida de mi herramienta en el agujero de su culo.
Beatrice me dijo: "no, hijoputa, no me vas a romper las entrañas con esa vibora.. por el culo no" pero mientras tanto sentía como el primer anillo de su ano iba cediendo a la presión y no notaba una resistencia física o un real deseo de expulsarme.
Salivé el palo para que resbalara adecuadamente y desoyendo su pedido, seguí metiendole la verga en el culo. El goce que sentía y el que percibía que Betrice sentía no son posibles de describir, mientras le entraba mi aparato, volteba la cara y me miraba con ojos de lascivia, con la boca entreabierta y lamiendose los labios.
Esa imágen fue más que suficiente para, luego de unas cuantas bombeadas, acabar en las entrañas de mi tía y desbordarla de mi leche espesa y olorosa.
Luego de tres o cuatro expusiones, saque la pija semirìgida, la acerque a la boca de Beatrice y ella, sin pedido alguno de mi parte, con una habilidad innata, la chupó hasta vaciarla por completo.
Me agaché, le pegué una lamida a cada una de sus hermosas tetas y me fui al baño a duchar.
Era increíble, en un sola vacación, sin necesidad de andar buscando fuera de casa, había atendido a mis dos tías y a mi prima, tres hembras que envidiaría cualquier macho cabrío.
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Gracias a tano feroz por enviarnos el relato.
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