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Mi tía María y el verano del `77



Por tano feroz

El febrero de 1977 será inolvidable para mi.



Como les conté en un relato anterior (Un verano en Mar del Plata…) le eché a mi prima Aída un polvo de antología aquella siesta lluviosa.



Pero no fue el único, ya que a partir de allí no dejábamos pasar oportunidad para tocarnos, lamernos, sobarnos, apoyarnos, calentarnos.



Iba yo al baño a orinar y mi prima se materializaba de la nada, desde atrás me tomaba la pija y la sacudía hasta ponerla dura, se sentaba sobre el bidet y me hacía una mamada de locos que me obligaba a taparme la boca para que no se escucharan en el resto de la casa los bramidos que exhalaba.



Se iba a bañar Aída y yo me escurría en la ducha junto a ella, la apoyaba contra la pared y la penetraba sin preámbulo alguno.



Y así sucesiva y permanentemente.



Los fines de semana venía el padre de Aída y marido de mi tía María, el tio Eugenio, que viajaba desde Buenos Aires a Mar del Plata para pasar el fin de semana con su familia.



Viernes por la noche, sábado y domingo, los tres dormían en un piso que tenían cerca de la casa de mi madre y mi tía Angela, donde Aída y María dormían de lunes a jueves por la noche.



Durante el día, ibamos todos juntos a la playa.



A diferencia de los días de semana, sábados y domingos no regresabamos a casa a almorzar y hacer siesta, pues como estaba tío Eugenio solo un par de días, prefería hacer día de playa de corrido, desde la mañana hasta el anochecer.



Uno de esos fines de semana, como saldríamos a cenar todos juntos, mi tio me sugirió que nosotros dos, los único varones de la familia, -ya que mi primo mayor, hermano de Aida, se había quedado en Buenos Aires, disfrutando de su soledad- fuesemos a darnos una ducha en las instalaciones del balneario. Me pareció razonable y allí fuimos.



Cuando llegamos a la ducha, mis ojos no podían dar crédito a lo que veía, el muy cabrón de Eugenio tenía una poronga mas angosta que la mía pero que le colgaba casi hasta la rodilla.



Con razón mi tía María los fines de semana y hasta el lunes inclusive tenía una expresión mezcla de felicidad beatífica y lujuria demoníaca. ¡Que pedazo de polla se deglutía!



El lunes, como de costumbre, mi tío partía muy temprano hasta Buenos Aires con su auto y mi tía María y mi primita Aída, venían para casa.



El lunes siguiente a mi descubrimiento, no podría quitar los ojos del espectacular cuerpo de mi tía e imaginar como le entraba semejante pija en todos sus orificios y los gritos confundidos entre placer y dolor que daría cada vez que Eugenio se la montaba.



Eso me ponía cardíaco y hacía que mi polla se pusiera como el palo mayor de un bergantín.



Parecía, que, además, izara el velamen, por que no pasaba desapercibido y tanto mi madre, como mis tias carraspeaban para que disimulara mi empalamiento. No había caso, la erección no se me bajaba.



Todos se aprestaban para ir a la costa a tomar el sol, pero me excusé diciendo que no me sentía bien.



Para mi sorpresa, María comentó que tampoco ella iría, pues algo le había caído mal y prefería quedarse en la casa descansando y haciendo dieta.



Para que lo habrá dicho, mi cabeza aceleró más que una Ferrari disputando la carrera por el campeonato, mi corazón repicaba como una tropilla de potros salvajes y mi polla se hinchó como un escuerzo a punto de atacar a su víctima.



Mi tía me dijo:



"Voy al jardín, regaré las plantas y cuidaré las flores", se enfundó unos pantalones diminutos, que dejaban ver la mitad de sus nalgas, se puso una camisa blanca y medio desabotonada, atándose los extremos en la cintura y, como de costumbre, hasta para esos menesteres, se calzó unos zapatos con algo de tacón que marcaban sus pantorrillas.



Le respondí "Ok, me quedo dentro, si necesitás algo, me avisás".



Desde el ventanal que daba al jardín observaba como meneaba su culo al regar, como se marcaban sus caderas al agacharse y mi calentura fue increscendo.



Como hacía calor, mi tía tomó tomó la manguera y se mojó de pies a cabeza, haciendo que la camisa se pegara a su cuerpo y dejando ver sus pezones duros y sus aureolas oscuras.



Les conté que tenía un cuerpo infartante, como mi prima, -su hija-, pero mas de hembra experimentada, además su piel era más oscura, una verdadera siciliana fogosa, una flor carnívora del Mediterráneo.



De pronto entró a la casa y se dirigió al baño. Decidido seguirla para espiarla, me quité las zapatillas para hacer menos ruido aún y me dispuse a escrudriñar a mi tía mientras meaba.



Para mi sorpresa no cerró totalmente la puerta, por lo que por la rendija podía ver claramente lo que hacía.



Parecía que había demorado lo suficiente para que yo la siguiera y que cuando alcance a colocarme para espiarla, recién comenzó su show.



Se bajó lentamente los pantalones, luego las bragas, dejó al aire la peluda entrepierna y ofreció a mis ojos el espectáculo de ver salir de su vulva un grueso chorro de orin humeante.



Se me había puesto tan dura la verga que me dolía, los huevos no los sentía de abigarrados que permanecían. Las sienes me latían y la respiración se me entrecortaba.



Cuando terminó la meada, secó su concha, se puso de frente a la puerta y lentamente se subió la ropa. En un segundo me escapé y volví al sillón, sin poder disimular mi alteración.



Mi tía pasó delante mio y se quedó por la sala dando unas vueltecitas, de espaldas a mi, lo que me permitía mirarle las nalgas gigantescas y morenas y desearselas como nunca había deseado.



María se dio vuelta y vio mis ojos clavados en su culo.



Me preguntó. "¿Qué tengo en el culo que me miras?



Le dije, sacando coraje no se de donde: "Eso, tenés un culo maravilloso¡¡"



Me respondió, "Claudio, soy tu tía, que decis" aunque no fue con una voz de reproche, sino con cierto grado de complicidad



"Ya se que sos mi tía, pero estas más buena que un tarro de dulce de leche y yo más caliente que un chivo"



Se me acercó y me dijo: "Pero si sos un chico, si todavía me acuerdo cuando te entalcaba el pito y las bolitas"



"No lo querés hacer de nuevo?" le respondí.



"Bueno, chiquilín, vení, te voy a entalcar", me dijo y me llevó al cuarto donde me había follado a su hija por primera vez.



Llegamos, me tendió sobre la cama y me bajó en un solo movimiento los pantalones.



Se desenfundó mi máquina y expresó:



"Sabía que habías crecido pero no imaginaba que tanto. Quiero esa hermosura para mí" y sin más, tomó mi pija con ambas manos y comenzó a sobarmela, a hacerme una paja lenta y deliciosamente, que arrancaba quejidos de mi boca.



No me dejaba hacer nada, todo lo dirigía ella.



Corrió la piel de la cabeza y dejó a la luz la cabeza de la poronga, ya brillante y húmeda.



Le pasó la lengua con maestría y dijo "mmmm, que rica, me la voy a comer como un cucurucho de crema y chocolate" y así lo hizo.



Luego le comenzó a pasar la lengua de arriba abajo y de abajo arriba. Llegó a los huevos y se los metió en la boca uno a uno, salivándolos hasta dejarlos mojados como si los hubiera bañado.



Pero lo mejor todavía no había llegado.



Puso las palmas de su mano debajo de mis muslos, los levantó, dejando mis piernas perpendiculares a la cama y con los pies hacia el techo, de manera que mi culo quedó a la altura de la boca y allí comenzó a darme los primeros besos negros que experimenté.



Me dio una chupada de culo que me hacía gritar de placer, había soltado mis piernas haciendo que yo las sostuviera y con sus dos manos me hacía una paja de novela.



Luego, como pudo, se metió la poronga en la boca, no le cabía por lo ancha que era, pero se las ingenió para metersle hasta el fondo.



Yo ya no soportaba más, quería acabar y ella lo notaba.



Me dijo: "Esperá, no acabes, todavía falta más"



La pija me explotaba, me dejó tendido boca arriba, se puso de cuclillas sobre mi cara y comenzó a refregar de atrás adelante su concha por mi cara, bañandomela con sus deliciosos fluídos.



Luego puso el agujero de su culo a la altura de mi boca. No dudé un instante y le metía la lengua, cogiendola con ella.



Gritaba: "Dale a la tía, cogela,….. chupame la concha, …..comeme el culo que me gusta"



Yo le decía "Te cojo mejor que tu marido? ….. te gusta que te hunda semejante poronga en el culo…. puta, reputa"



"Siiiiiii….. me gusta que me duela…. Me encantan las porongas gigantes como la tuya y la de Eugenio…. " y mientras lo gritaba acababa y me empapaba con sus jugos la cara y me llenaba la boca de su sabor.



Yo estaba desenfrenado, le pedí que se recostara boca abajo y a mi costado, me puse detrás de ella y mientras le metia primero uno, luego dos y finalmente tres dedos en el culo y sentía como sus esfinteres me los tragaban, me hacía una terrible paja.



Pero no quería correrme, quería cogerla y hacerle sentír mi poronga para que notara que Eugenio la tenía más larga pero la mía era mucho más ancha.



Y lo sintió, le quité los dedos del culo, apoyé el glande sobre el agujero de su culo ya dilatado e hice presión para que se enterrara la cabeza.



Se contrajo un poco de dolor, cerró las nalgas, pero luego cedió.



Estaba en la gloria, me estaba culeando a mi tía, le estaba rompiendo ese hermoso culo y escuchaba como gemía de placer y me pedía:



"Dale, hijoputa, rompeme el culo…. destrozale el culo a tu tiita…."



De un par de empujone le enterré toda la pija en el culo y sus gritos se escuchaban en toda la vecindad, mis bolas chocaban contra su concha empapada y me transfiguraba, era un fauno salvaje.



De pronto la saqué y vi el agujero del culo tan dilatado que me agache a chuparselo hasta hacerla acabar de nuevo.



Con la pija dura como una roca y llena de leche como tetas de nodriza, la puse en cuatro y se la metí en la concha.



Comencé a darle bomba acompasadamente, sintiendo como esa concha preciosa envolvía mi gruesa poronga.



Me dijo: "acabaaaaa…. Acabame adentro…. Llename de leche….. Dale toda la lechita a tu tía"



Y acabé pegando un grito estruendoso y salvaje, sentía como la leche caliente y espesa se derramaba en las entrañas de mi tía, que maullaba como gata en celo.



Se quitó, se puso frente mio y succionó la verga hasta sacarle la última gota, pasando la lengua por la cabeza para limpiar los restos de semen, diciendo



"Que bien sabe esa pija…. Creo que lo que resta del verano haré dieta lactea de Claudito", al tiempo que ambos largamos una sonora carcajada.



Entre mi tía María y mi prima Aida, me hicieron pasar un veraneo inolvidable y continuaron acrecentando, a lo largo de los años, mi experiencia sexual y satisfaciendo mi voracidad.





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Gracias a tano feroz por enviarnos el relato.
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