MAYRA, LA CALIENTE VECINITA



Por GALENO ARDIENTE

Teníamos poco de habernos mudado a una Unidad habitacional en el DF y aunque todo el día estábamos fuera, comenzamos a conocer a los vecinos. Todos en casa estudiábamos y en realidad nuestra actividad estaba relacionada siempre con la escuela pero justo en el departamento de enfrente (Solo había dos por piso) vivía una mujer viuda que tenia dos hijos. La chica era hermosa, delgadita y tenia un lindo cabello lacio que se cuidaba bastante, y con el fleco parecía estar siempre de buen humor.

Sus ojos pequeños y un poco rasgados, hacían perfecto juego con su cara, y era muy agradable en su trato. Además de tener unos 19 años, lo que le daba una edad perfecta para que uno buscara su amistad… o algo mas. Se llamaba Mayra y trabajaba todo el día, pero a las 6 de la tarde disponía de su tiempo, por lo quye poco a poco busqué hacer amistad con ella, platicábamos, la hacia reír, y finalmente la invité a salir, cosa que aceptó después de haberle pedido permiso a su mamá. La fui a recoger a su trabajo, por el centro del DF y fuimos al cine en donde me porté de lo mas decente y solo la tomé de la mano, lo que tal vez la desconcertó, dado que por lo regular se invita al cine a una chica para buscar meterle mano por todos lados, peor a mi no me gustaba eso… aunque si me gustaba Mayra.

La volví a invitar para el domingo pero ella argumentó que no podía porque ese día hacia el quehacer de la semana y arreglaba su ropa pero me invitó a su casa en donde, dijo, estaríamos solos, ya que mamá se iba a ir desde el sábado a su pueblo y no regresaría hasta el domingo ya tarde. La contra invité, diciéndole que podríamos cenar juntos en su casa el sábado y veríamos un rato la TV además de platicar, y ella, sonriendo siempre, aceptó.

Serian las 8 de la noche cuando toqué su puerta (No le había dicho a mi familia que ahí estaría esa noche, justo enfrente en el pasillo) y ella estaba preciosa, vestida con una ropa muy sencilla pero que le lucia mucho por ser delgada, y nos sentamos en la sala de su departamento. Tenia un hermano pero no llegaba casi nunca por trabajar fuera aunque se rumoraba que era homosexual, así que según ella nada… ni nadie nos molestaría esa noche y, según dijo, “Así podemos realmente platicar a gusto”


Platicamos de todo y poco a poco fui llevando la conversación al terreno de la intimidad y Mayra se ponía colorada mientras coquetamente ponía su mano en mi pierna como frenándome… pero solo era la apariencia ya que podía ver que le gustaba platicar de esas cosas, ya que le pregunté sobre si tenia novio, y al decirme que tenia, pero ya no, le pregunté la causa y haciendo un lindo mohín en su rostro, me dijo seria:

-Mira, la verdad es que todos ustedes, los hombres, solo piensan en una cosa y nosotras siempre nos tenemos que poner a la defensiva.

-¿Cómo a la defensiva… no te entiendo? –dije, animándola a seguir hablando.

-Si, por ejemplo, el chavo con el que andaba apenas me descuidaba buscaba meterme mano… no es que no me agradara, te lo digo, pero no me gustaba para nada que fuera así de abusivo… ¿Tu cómo eres? ¡No vaya a ser que seas igual o… peor!

-No, creo que no, además, considero que tu eres una mujer muy linda y tienes un hermoso cabello, además de… otras cosas muy hermosas- dije intencionado.
-¡Ya ves cómo eres! Te acabo de decir algo sobre eso y ya te estas mandando mucho.

-¿Crees que es MANDARME decirte lo hermosa que te ves? Yo creo que no, y además, solo estando ciego no desearía uno, como hombre, tocar tu cabello, tu rostro, y además, déjame decirte que tienes una boca muy linda –dije, adelantando la mano para, con el dorso, tocar su mejilla y ella, sonrojándose, solo se agachó un poco, y se quedó callada.

Me acerqué a ella y levantándole la cara le di un beso muy suave, a modo de que no se espantara para nada, y ella primero mantuvo los labios cerrados pero poco a poco los abrió y comenzó a responder al estimulo del beso, que es muy fuerte cuando la mujer está sexualmente dispuesta, y era claro que Mayra era de esas chicas reprimidas por fuera pero bastante cachondas por dentro, ya que me dejó acercarme mas a ella, y dediqué bastante tiempo a acariciar lenta pero constantemente sus mejillas, su nuca, el nacimiento del pelo, las orejitas, y desde luego esas mejillas suavecitas mientras nos dábamos besos cada vez mas intensos. No me gustaba ni me gusta irme al bulto, como se dice, sino que creo que no hay absolutamente nada comparable al placer de ir calentando poco a poco a una dama, y en ese tiempo Mayra me había atraído bastante y casi estaba seguro que esa noche, con un poco de suerte, pasaría la noche en su departamento, ya que la madre estaba en su pueblo, en el Estado de Hidalgo.

Cada mujer es, por si misma, desconcertante, y cada una nos depara sorpresas y placeres absolutamente diferentes. Lo digo porque Mayra, ya bastante excitada, me dijo con voz ronca que deseaba ir a su recamara, y yo, cortésmente, le dije que si con la cabeza. La había invitado a comer hacia poco y recuerdo que le propuse un brindis. Ella se negó dicneod que no bebía pero al final aceptó, y con una sola copita se puso alegre y platicadora, así que poco después se puso de pie e inclinándose para que nadie la oyera, me dijo en el restaurante, con voz aterciopelada, muy cachonda:

-¿Me permites?... Es que me siento mal y creo que voy a orinar y, tal vez a vomitar.

-Claro, Mayra, ve, adelante, yo te espero… ¿O quieres que te acompañe?

Al final ella fue sola y tuve la impresión de que en efecto había vomitado y eso que solo una copita había bebido, Así que esa noche en su departamento, me imagine que había ido al baño pero cuando la vi salir de la recamara se había cambiado y ahora lucia un Baby Doll que de plano me quitó el aire o al menos así lo demostré y Mayra, coquetamente, se dio un par de vueltecitas para, según ella, modelarme esa ropa tan cachonda y pude ver sus largas y bien formadas piernas, además de una cadera que si bien ya medio adivinaba, con esa ropa se le veía realmente linda, y así se lo dije.

Ella, coquetamente, se rió y se vino a sentar a mi lado inclinándose para besarme de nuevo. Mi verga ya estaba durísima y por mas que hubiera deseado ocultarla ella sonrió y me la apretó con esa manita delgada de dedos bien cuidados.
En ese tiempo no había SIDA y además, como estudiante de medicina, mas o menos sabia de lo que me debía cuidar, así que me dediqué a besar a Mayra, sin desnudarla, y a propósito pasaba por todo su cuerpo pero me saltaba los senos, pequeños y bien formados, a diferencia de los de Lupita, mi amante la enfermerita del Sanatorio, que por ser un poco gordita, tenia unos senos riquísimos aunque mucho mas grandes, y desde luego le tocaba el vientre pero no la vagina aunque ganas me sobraban de hacerlo pero creo que entre mas tarde uno en tocar a la mujer, ella responderá con mas ganas y mas gusto en la cama, y Mayra bien valía la pena de esperarse.

Ella no hacia por desnudarme o sacarme la verga así que la fui llevando poco a poco, hasta que solita abrió las piernas y la fui besando desde los labios hasta el cuello, luego los senos, y el vientre, firme y suavecito, y metí mi lengua en ese ombligo que si somos buenos amantes jamás debemos rechazar o hacer menos, y me seguí a los muslos, en su cara interna mientras que mis manos sobaban sus rodillas, ya que las de Mayra eran redonditas y suaves y luego los tobillos, algo que me encanta en las damas, además de que unos pies bien cuidados, con pedicura, realmente me enloquecen… y luego subí de nuevo, hincado en el piso, hasta que por fin pude aspirar el aroma delicioso de una vagina excitada.

Hubo un detalle que a mi parecer fue, en Mayra, el signo de coquetería mas agradable: En la pantaleta llevaba, justo en el puente, un CASCABEL, ¡Si, aunque lo duden, amigos lectores, un CASCABEL!
Puse cara de sorpresa y ella, excitada como estaba, se rió con suavidad y le dije que no era el cascabel al gato… ¡Sino el CASCABEL EN EL CONEJITO! Y ella se reía y se sonrojaba deliciosamente mientras yo hacia a un lado la tanguita y comenzaba a meter mi lengua entre esos pliegues vaginales, y percibí en mi lengua ese sabor tan especial de la mujer cuando se viene, o sea cuando tiene un ORGASMO y para ese momento, el ponche de Mayra escurría de jugos y estaba perfectamente lubricado.

Me puse de pie y con suavidad la jalé para que se levantara ella también y tomados de la mano fuimos hacia su recamara.
Al entrar ella me fue quitando toda mi ropa y yo le zafé la tanguita, y alcé esta cuando ella movió sus pies para que quedara en el piso y aspiré el aroma de Mayra guardado en esa pequeña prenda y pude ver que ella estaba tremendamente excitada; La tomé de las caderas y zafé y recorrí su vientre y senos hasta que zafar el listón del baby doll quedando por fin completamente desnuda. Estaba hermosa de verdad, con un pubis divino y un vello bien repartido, perfectamente triangular, y sus senos mostraban unos hermosos pezones, que al menos para mi son indicio casi seguro de si una mujer es o no cachonda.

Nos acostamos en su cama, una cama matrimonial que según me dijo compartía a veces con su mamá, y comenzamos a besarnos muy rico. Le volví a hacer el sexo oral y logré que hiciéramos un 69 maravilloso, y por fin me hinqué frente a ella, que tenia sus piernas abiertas y con delicadeza puse la punta de mi verga en ese ponche y en la posición del Misionero comencé a metérsela lentamente, ya que pienso que aun cuando no volvamos a coger con una mujer, si nos la cogimos bien, si ella recuerda cómo le entraba nuestra verga, y cómo se le distendía la vagina, puede ser que ni de nuestro nombre se acuerde… ¡Pero si nos va a recordar por la cogida que le dimos! Lo agradable de Mayra es que, al ir metiendo mi verga, me encontré con la barrera de su himen, ya que… ¡Era SEÑORITA! Por un segundo pensé en no cogérmela, ya que lo menos que yo deseaba era un problema y no es lo mismo cogerse a cualquier mujer que a una VIRGEN ya que yo estaba terminando mi carrera y no quería casarme aun, pero insisto, solo fue un segundo, ya que Mayra, con voz ronca de tan excitada como estaba, me dijo:

-Me gustas, me gustas mucho diría yo, y quiero que tu seas el primero… papito. Has sido tan especial conmigo, me has hecho sentir tantas cosas que quiero que tu seas el primero en mi vida… anda papito, métemela –dijo cachondamente, y con sus piernas entrelazó mi cadera jalándome hacia ella, hacia su ponche y mi verga, animada de esta manera, chocó con esa membrana a la que se le da tanta importancia, y como Mayra estaba tan caliente, la verga le entró con suavidad y ella percibía perfectamente cómo recorría esta el interior de su vagina hasta que mis huevos chocaron con sus nalgas.

Me quedé quieto y moví la verga dentro de ella y en respuesta, de manera instintiva diría yo, apretó mi pene con los músculos que van del coxis al pubis y que son los que permiten a una mujer tener PERRITO. Pocos minutos después no pude aguantarme más y comencé a eyacular, inundando con semen esa vagina de SEÑORITA, y cuando perdí la erección mi verga se salió de ese estuche maravilloso, y escurrió de su vagina una mezcla de semen, sangre y jugos vaginales que Mayra, con delicadeza, limpió primero de mi verga con una toallita y luego con esa misma toalla se limpió la vagina. Nos mantuvimos acostados, abrazados, sin decir casi nada, que es algo que las mujeres aprecian cuando alguien se las coge, y me quedé esa noche ahí con ella, volvimos a coger en la madrugada y el domingo después de desayunar, y ambos andábamos desnudos por toda la casa, hasta que Mayra me dijo:

-Yo creo que ya es tiempo de que te vistas y te vayas porque mi mamá ya no tarda en llegar- y se inclinó para darme un beso en la verga.
Y así estuvimos cogiendo por espacio de casi seis meses, hasta que me “DESPEDÍ” muy bien de ella por irme a mi servicio social.

mi correo es galenoardiente@yahoo.com



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