Por GALENO ARDIENTE
Fui a recoger a mi hermana a su trabajo y la vi salir junto con una hermosa chica, alta, delgada, rubia y con unos enormes ojos verdes, con todo bien colocado y en su sitio y de inmediato me bajé del auto para presentarme. Se llamaba María Laura, tenia 19 años y era de Sinaloa, según me dijo. Busqué la manera de invitarla a salir y aceptó ya que vivía solamente con su hermana mayor y ambas trabajaban. Salimos dos o tres veces a un lugar donde podíamos bailar y era impresionante su belleza así como su sencillez.
Una tarde en que la fui a recoger a su trabajo me dijo que alguien de su familia estaba enfermo y tendría que irse su hermana hasta Sinaloa, y hasta el boleto lo tenía ya comprado. La llevé a su casa y vi que la hermana la estaba esperando ya para irse. Me ofrecía llevarlas a ambas hasta la terminal de autobuses y aunque la hermana no me tragaba muy bien, no le quedó otra que aceptar, y en el camino la escuché que le daba a María Laura un montón de consejos, pero sobre todo, que no le fuera a pagar mal, que se cuidara (de mi, obviamente) pero yo hice como el que no oía todo lo que la hermana mayor le decía a la menor. La despedimos y de regreso busqué portarme como un caballero, sin prisa alguna, ya que después de todo teníamos varios días para hacer y deshacer, porque su tierra no estaba a la vuelta de la esquina.
El caso es que al regresar a dejarla, María Laura me invitó a pasar para, dijo, invitarme algo de cenar y acepté. Estábamos apenas sentándonos cuando sonó el teléfono. Ella contestó y era su hermana que apenas estaría en la carretera a la salida del DF, pero llamó para, según me dijo ella misma poco después, cerciorarse si ya la había ido a dejar. María Laura le dijo en voz alta, para que yo oyera, que tenia rato que yo me había ido y que estaba por echarse un baño y dormirse ya que al otro día, domingo, quería ir a la Iglesia temprano para pedir a Dios por su familiar enfermo. Me miraba y sonreía con los ojos, cosa que me encanta en las mujeres, y en ella aun más por ser tan bella de verdad.
Yo permanecía en silencio pero me acerqué y la abracé con ternura, y ella, sin dejar de hablar con su hermana, repegó su cuerpo al mío y con una seña me dijo que no fuera a hablar para nada… y después de un minuto mas, colgó el teléfono.
-Hummm, así es mi hermana, muy celosa… aun me considera una niña –dijo sonriendo María Laura
-Bueno, es que de verdad tiene porqué estar celosa, eres muy linda y lógicamente se siente responsable de ti, m amor-le dije, tomándola de la mano y haciéndola caminar hacia el sofá.
-Si, tienes razón, pero hay veces en que ella se pasa… como ahorita, por ejemplo, en que debería descansar porque el viaje tarda muchas horas y ella es de las que no se duerme fácilmente pero… espera un poco, voy a hacerte el café que te ofrecí-dijo levantándose y yendo hacia su recamara en vez de hacia la cocina.
La oí trajinar un poco, puso música suave y estaba sentado en aquel sofá cuando María Laura salió de la recamara, que compartía con su hermana en ese pequeño departamento de la Col. Independencia del DF. Se había cambiado de ropa, y ahora lucia una blusa de algodón muy grande, y se había desatado su hermoso cabello que ahora le caía por los hombros… ¡Se veía hermosísima de verdad! Así se lo dije y ella, sonriendo, se sentó a mi lado, consciente de su belleza, y percibí un perfume diferente, más delicado, que se esparcía si movía la cabeza. Se sonreía y me llamaba mentiroso ante mi admiración por su belleza y me acerqué para tomarla de la mejilla, caricia a la que ella respondió dejando caer su hermosa cabellera sobre mi hombro y acercando su boca a la mía.
Comenzamos a besarnos, primero con suavidad pero con mas intensidad a cada momento, hasta que puse mi mano encima de sus senos, y sentí la dureza de estos, así como sus pezones erguidos y duros, y me di cuenta que ya no llevaba brasier. No pude menos que imaginar que tampoco llevaba pantaletas, pero eso lo comprobé mas tarde a medida que ella se dejaba acariciar y aunque dicen que las norteñas no son muy ardientes, creo sinceramente que solo es cosa de saber encenderlas para que se conviertan en unas mujeres tan o mas calientes que la mujer del sur de nuestro país, además de que ella, en todo caso, era de la zona costera de Sinaloa. La blusa de algodón era como de tela de camiseta y ella, siendo esbelta, estaba creo que mas sensual que si hubiera estado desnuda.
El caso es que era obvio que con la camiseta me costaría mucho tocarle los senos o besárselos y ella, con un coqueto gesto, se inclinó para besarme el cuello mientras su mano reposaba encima de mi verga que ya estaba durísima y deseosa de salir del pantalón. Ella siguió besándome y de repente empezó apretarme la verga y buscó la manera de bajarme el cierre; Luego metió su linda mano y sacó el pene y con delicadeza comenzó a sobármelo. No tengo circuncisión, de manera que ella tomaba el pellejito y con ternura casi lo recorría para descubrir por completo el glande mientras yo dedicaba mi tiempo a besarla en las orejas y en el cuello, la boca y las mejillas, hasta que ella misma, María Laura, se levantó y tomándome de la mano me llevó directo a su recamara.
Entramos y ella se levantó la blusa y quedó frente a mi completamente desnuda, con ese cuerpo lindo y armonioso, con esa mata de vello perfectamente en su sitio como todo lo demás en ella, y se dio la vuelta para caminar hasta la cama matrimonial que compartía con su hermana. Vi sus lindas nalgas, estrechas, duras y perfectamente paraditas, y sus piernas torneadas, sus pantorrillas perfectas y esos tobillos finos, así como unos pies bien cuidados. Para mi es muy importante que la mujer se cuide los pies, siempre lo he pensado, ya que si se cuida los pies es seguro que se cuida de todo lo demás, y aunque en esa época andaba yo cogiéndome a una linda enfermerita del sanatorio, la verdad es que María Laura tenia unos pies hermosos de verdad, y sus uñas estaban bien cuidadas y pintadas de un color rosa suave. Se sentó en la cama y me miró coquetamente, invitándome a seguirla, así que eso hice, pero cuando me iba a sentar a su lado, María Laura me dijo:- Espérate, quiero quitarte la ropa yo misma… ¿Sabes una cosa? Soy SEÑORITA, y es por eso que mi hermana me cuida tanto, pero tengo ganas de hacer el amor contigo, que tu seas el primer hombre en mi vida… ven te quiero desnudar.
¿Quién se iba a resistir a esto? Yo creo que nadie, así que me dejé hacer lo que ella quería y aun mas, y lentamente me fue quitando una a una mis ropas, pero me encantó que en vez de sencillamente arrojarlas por ahí, María Laura las doblaba, acomodó mi pantalón con cuidado -¡Para que no se te arrugue!-dijo, y ya desnudo al igual que ella, nos acostamos en su cama. Ella había puesto una sabana encima de su colcha, y comenzamos a besarnos muy rico; Aspiraba el aroma de su perfume, su aliento era delicioso de verdad, y como es lógico, besé absolutamente todo su cuerpo. Sus senos eran deliciosos y meter en mi boca sus pezones y succionarlos fue una experiencia fantástica, pero cuando metí mi lengua en su ombligo, María Laura jadeaba intensamente y percibí el movimiento de su vientre ya que aquella hermosa mujer estaba teniendo un orgasmo y ¡aun no le había tocado la panocha para nada!
Me sentí afortunado de tener ahí a una mujer tan caliente y sensual, y seguí acariciándola con suavidad hasta que ella misma buscó mi mano para que se la pusiera en la vagina que para ese momento ya brillaba de la cantidad de jugos que había destilado. Ella abrió sus lindas piernas y por fin tuve su vagina al alcance de mis dedos. Poco a poco hice a un lado los vellos y hurgué con cuidado entre los pliegues vaginales hasta alcanzar el clítoris y nuevamente María Laura se arqueó así al tener otro orgasmo, mientras no dejaba de acariciarme y sobarme la verga ya que estaba yo hincado a su lado en la cama. Cambié de posición y pude ver que el himen, la prueba de que de verdad era SEÑORITA estaba intacto, con ese color hermoso, rosado suave de una vagina sana, sin usar, y con suavidad me incliné para besarla ahí mero, en su vagina virgen.
Ella se sobresaltó pero se quedó quieta de nuevo al decirle que solo disfrutara de mis caricias, y comencé a hacerle la más cuidadosa de las sesiones de sexo oral, ya que el hecho de convertir a una SEÑORITA en mujer es algo que se debe apreciar realmente, que ella nos recuerde con cariño y si por alguna razón terminamos, que permanezcamos en su recuerdo como algo grato y no como unos patanes, y es mas, que cuando ella en el futuro, coja con otro hombre, aunque no se lo diga a el, que mentalmente nos compare y en esa comparación salamos vencedores, ya que cogerse a una SEÑORITA es algo memorable siempre, el poder pensar que nosotros fuimos los primeros en la vagina, en el ano, en la boca o en cualquier orificio de una dama es, al menos para mi, lo máximo.
Con mucha delicadeza la hice terminar dos o tres veces mas, y luego con suavidad me hinqué entre sus hermosas piernas abiertas y coloqué la punta de mi verga en la entradita de su ponche y con mi mano hice que el glande repasara desde el clítoris hasta el ano y María Laura solo se movía buscando con las caderas colocarse el pene en donde ella quería recibirlo, y sus hermosos ojos verdes estaban como vidriosos de tan excitada como estaba. Me incliné y ella metió su mano buscando mi verga para colocarla en su vagina. Apenas se la medio puso ahí mero y luego alzó las piernas para enlazar con ellas mi cintura.
Lentamente, lo mas lento que pude, empecé a empujar, quizá dándole tiempo de que se negara a coger, o de que se arrepintiera de entregarme el quinto, ya que honestamente no pensaba aun casarme y era tan hermosa que no quería que se sintiera ligada a mi solo por haber sido el primero, pero ella, la hermosísima sinaloense, dijo con voz entrecortada:
-Métemela, quiero sentirte dentro de mi… anda, quiero que me rompas tu, que seas el primero, anda, métemela.
Con suavidad empecé a moverme rítmicamente y mi verga entraba poco a poco, milímetro a milímetro en esa vagina virgen y María Laura apretó con sus piernas mis caderas haciéndome entrar con mas fuerza, y sentí como los labios vaginales e distendieron dando paso a mi pene, hasta que entró en el canal vaginal y chocó contra el himen. Era ya la ultima oportunidad para ella y la miré intensamente. No dijimos nada ninguno de los dos, pero ella, con un movimiento de cabeza dijo que si y apretó sus piernas aun mas hasta que mi verga rompió esa membrana y ya sin barreras, penetró hasta el fondo de esa vagina. Ella no me soltó sino que me besó intensamente y luego de un momento quietos los dos, empezamos a movernos hasta que sentí el tremendo apretón de su vagina en mi pene, ya que para mi fortuna, María Laura tenia PERRITO y lo usaba de manera instintiva, así que poco después y con una serie de movimiento mas, me incliné y le dije al oído:
-Me voy a venir… dentro de ti, mi amor…. Siente, solo siente, porque esto es inolvidable mi amor…
Y empecé a eyacular con una fuerza tremenda mientras María Laura se quedaba quieta, solo sintiendo cómo mi leche inundaba su vagina que había dejado de ser virgen.
Esa noche no cogimos mas, solo la estuve abrazando, haciéndola sentir bien, acariciándola, diciéndole lo hermosa que era, lo lindo que había sido todo (Porque era verdad, además) hasta que serian las dos de la mañana cuando nos quedamos dormidos, abrazados. Sutilmente había averiguado la fecha de su ultimo periodo y vi que no estaba en periodo fértil, de manera que un embarazo no era probable, así que a la mañana siguiente nos levantamos y cuidando de que los vecinos no nos vieran salir, nos fuimos a desayunar al Mercado y luego al Súper de compras, y regresamos en la tarde a su casa para otra rica sesión de sexo, ya no con una SEÑORITA sino con toda una mujer, una hermosísima sinaloense, y así estuvimos cogiendo por espacio de una semana cuando su hermana habló para decir que iba a regresar, y María Laura, previsora, ya había lavado la sabana aquella donde una mancha de sangre testimoniaba que se había acostado conmigo siendo SEÑORITA y ya había dejado de serlo. Anduve con ella cosa de un año y en ese tiempo su hermana llegó a apreciarme y hasta que terminamos por completo mi cuñada y yo nos llevamos bastante bien.
No terminamos mal Maria Laura y yo, sino sencillamente yo debía irme a m servicio social y ella, según supe, se regresó a Sinaloa en donde poco después se casó, y esto me lo contó su misma hermana, la que la cuidó tanto para que llegara al altar siendo SEÑORITA
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