Por GALENO ARDIENTE
Trabajaba en un sanatorio del DF y ahí, aparte de que me hice amante de una rica enfermerita, Lupita, tuve relaciones un par de veces con la esposa de mi patrón; Era una mujer muy hermosa, en los 40 y el doctor, por alguna razón, no se la cogía como debía ser. Muchos dicen que porque el doctor era homosexual, y otros porque ya estaba grande, pero el caso es que aquella mujer estaba muy bien de cuerpo, y su carácter la ayudaba, ya que era muy extrovertida. Ella ocupaba su tiempo en cuidar de sus hijos y en hacer manualidades, en las que era muy diestra, de manera que en su casa todo estaba limpio y en orden. Una mañana llegó un paciente un poco delicado y llamé al doctor que aun estaba durmiendo, junto con su esposa, en la parte de atrás del edificio en donde estaba el sanatorio.
No me escuchaba o al menos eso pensé y contra mi costumbre entré a esa zona de la casa. Llamé y nada, así que vi la recamara abierta y a la pareja profundamente dormida… pero la señora estaba abrazada de su esposo con una pierna encima de el… y con el culo al aire, ya que podía apreciar la belleza de aquellas nalgas que, lo confieso, me habían excitado por algunos meses ya… y la señora ni en cuenta, ya que estaban ambos muy dormidos.
Los dejé durmiendo y de alguna forma resolví el problema pero las nalgas de la esposa de mi patrón no se me quitaban de la mente. Poco después la vi salir ya bañada, sonriente como siempre, y sentí un poco de pena de que ella supiera que le había visto el culo, y además, que la zona del ano se le veía linda, un poco mas oscura que el resto de esas nalgas hermosas y aun firmes, ya que la señora hacia gimnasia. Pasaron dos o tres semanas y aunque me cogía casi a diario a Lupita, varias vedes pensé en lo que podría yo hacer en ese par de nalgas de la señora, y resulta que se accidentó el doctor, quedando inmóvil en su cama por espacio de tres semanas cuando menos, según el pronostico del traumatólogo. Los medicamentos y la inmovilidad le hicieron sacar lo peor de su carácter y de alguna forma se volvió un tirano que para todo gritaba y todos nos hacíamos tontos por estar bien con el.
Por la noche le daba yo un somnífero y solo así nos dejaba en paz a todos; Pude cogerme a Lupita con mas tranquilidad en esos días en que de plano me quedaba en su cuarto, aunque el patrón pensaba que me quedaba en el mío. Pero por alguna razón Lupita tuvo que pedir permiso para ver a u familiar enfermo, dos días solamente y al patrón no le quedó otra que aceptar, a que yo me ofrecí a atenderlo aun mejor. Esto me dio la oportunidad, una noche, de platicar con la señora estando el doctor dormido por el sedante, y ella comenzó a quejarse de que el patrón la trataba mal, que era áspero en su trato. Estábamos los dos sentados en la sala y me acerqué a ella animándola, diciéndole que era por al lesión, etc. pero ella me dijo
-No, mira, la verdad es que desde hace tiempo el doctor y yo no andamos bien… el ya está grande y lo entiendo pero no me resigno a que me trate mal, a que no me haga caso alguno… tu me entiendes… ya entre el doctor y yo no hay mucho trato…. Eso si, ante la gente tenemos que fingir pero seguramente tu si te has dado cuenta… ¿A poco no?
-Bueno, si señora, tiene razón… me apena esto porque aunque aprecio al doctor, pienso que hace mal, sobre todo teniendo a su lado a una mujer tan hermosa como usted.
-¿A poco te parezco hermosa?… ¡no me engañes porque te va a crecer… la nariz! –dijo, ya riéndose, la señora.
-No, no la engaño, señora… de verdad es usted hermosa y ya que estamos aquí, le diré que muchas veces la he soñado… y no ha sido la nariz lo que me ha crecido –dije riéndome.
-¿De verdad? ¿Y cómo me has soñado… si se puede saber?
-No se ofenda, yo sé que le debo respeto, pero me parece usted una mujer muy excitante… de verdad hermosa, y he soñado que la beso.-le dije, y ella, algo sonrojada, sonrió solamente, mientras yo continuaba hablando:
-Por ejemplo, la otra noche me levanté nervioso porque había soñado que usted, siendo tan ardiente, dormía sin ropa interior… ¡Perdone que se lo diga, pero la verdad es que de solo imaginármela así mi cuerpo respondió!
A mis 25 años, y ella de 40, era lógico que algo de su instinto maternal quizá se despertara y me hizo una seña para que me sentara justo a su lado en el sofá. Acerqué mi rostro al suyo y le di un beso delicado, como reverente, pero ella respondió como era de esperarse, con pasión, esa pasión guardada por la falta de atención sexual del esposo hacia ella.
No había riesgo alguno de que el doctor o sus hijos llegaran a donde estábamos, porque ya era mas de la una de la mañana, así que comenzamos a besarnos con mas pasión a cada momento, y ella solita comenzó a tocarme la verga a través de la ropa, y a esa edad si algo tiene uno es potencia, así que ya estaba mi verga durísima y con ganas de ser empleada. La señora adelantó el pecho y pude tocar sus senos, algo grandes pero bastante firmes diría yo, y con facilidad zafé los botones de su blusa, y luego pude por fin besar esos senos lindos, con unos pezones oscuros, y aunque ella era del norte del país, estaba realmente excitada cuando le toqué la vagina, velluda, con un olor muy especial.
Escurrían sus jugos entre mis dedos y yo jugaba con sus vellos y hacia a un lado los labios para encontrar ese clítoris que apenas fue tocado, hizo que la señora tuviera un tremendo orgasmo, con un gemido que por un momento me alarmó ya que fue algo fuerte y bien hubiera podido despertar al doctor, pero ella sencillamente se desmadejó en el sofá permitiéndome acariciarla como yo deseaba, así que sencillamente me hinqué y comencé a acariciar sus piernas mientras ella solita abría las rodillas.
Le hice el sexo oral después de haberla dejado desnuda por completo. Ella se dejó hacer de todo y disfruté de pasar mi lengua desde ese clítoris hermoso hasta el ano, ese ano oscuro que respondía a las caricias como si estuviera haciéndome guiños. Yo estaba vestido, pero ella me pidió que me sentara de nuevo a su lado y mientras me besaba, sacó mi verga del pantalón y con ternura comenzó a besármela primero, para luego meter el glande en su boca, y hay que reconocer que la señora sabia mamarla de verdad muy rico, mientras giraba su cuerpo dándome oportunidad de seguirle sobando las nalgas y la vagina, estimulándole el clítoris, y los orgasmos seguían uno tras otro.
Luego ella se levantó y haciéndome un gesto de silencio, me tomo de la verga y con naturalidad me llevó a su recamara, ya que el patrón estaba durmiendo en una de las camas de hospital que había en el sanatorio. Entramos y ahí con la luz del pasillo solamente, la señora me desnudó por completo ya que así me lo pidió, y luego ambos nos acostamos en la cama matrimonial de mi jefe. Comenzamos a coger y ella se dejó penetrar en todas las formas posibles, mientras al oído me decía que no me fuera yo a venir porque deseaba disfrutar de ese momento. No le dije que como casi a diario me cogía a Lupita, era yo capaz de aguantarme muy bien sin venirme, pero así lo hice, sacándole numerosos orgasmos, y le gustó coger de a perrito ya que me incliné sobre su espalda y mientras mi verga la penetraba, mis manos acariciaban sus senos y esos pezones durísimos.
Duramos cogiendo bastante rato, quizá una hora, cuando el timbre del cuarto del doctor nos hizo reaccionar. Me puse una bata encima solamente, y así encuerado salí a ver qué se le ofrecía al patrón. Hice de cuenta que estaba yo adormilado y el me regañó como se le había vuelto costumbre. El doctor quería sencillamente orinar y le pasé el pato para que lo hiciera, y luego de ir a botar la orina, le dije que estaría mas al pendiente, y poco a poco se volvió a quedar dormido.
Cuando salí del cuarto, la señora estaba sentada de nuevo en la sala con una bata muy linda. Le sonreí y me alcé de hombros como diciéndole que ya ni modo, que nos habían interrumpido pero ella, acercándose a mi, me dio un beso y me empujó casi hacia mi cuarto. Entramos y ella comenzó a mamarme la verga que se puso dura de nuevo y luego se levantó y me dio un beso al tiempo que decía, cariñosa y cachonda:
-Me hiciste gozar muy rico… no es justo que por mi culpa te vayan a doler tus huevos… quiero que me la metas y te vengas dentro de mi.
-Espéreme, déjeme poner un condón –le dije
-No, así a raíz, ya no me puedes embarazar y tengo ganas, muchas ganas de sentir el chorro de leche de un hombre dentro de mi.
Nos fuimos hacia mi cama y ella se acostó atravesada en ella, abrió coquetamente las piernas y yo me incliné para besarle la conchita, y después de meter mi lengua para sobarle el clítoris, me levanté y sin dejar de verla a los ojos le puse la punta de mi verga en su conchita tan descuidada por mi patrón… y lentamente comencé a metérsela, poco a poco hasta que toda la tuvo dentro. Luego de que con su mano acaricio mis huevos, me dijo que me moviera y así lo hice, pausadamente, hasta que me incliné y al oído le dije que me iba a venir ya, y ella solo movió la cabeza diciendo que sí.
El chorro de semen era espeso, por la actividad sexual con Lupita, pero la señora lo disfrutó mucho, y es mas, al final ella metió su dedo a la vagina y un poco de leche la llevó hasta su nariz, aspirando y poniendo cara de satisfacción, solo dijo: -Ya me hacia falta una buena cogida… con el doctor, cuando mucho es una mamadita y listo… ya tiene tiempo que no sabía lo que era sentir la verga de un hombre dentro de mi… Mira, quiero que seas muy discreto, y así yo me haré la disimulada de las veces que te coges a Lupita… ¿A poco creías que no me había dado cuenta? Mi tía me contó la otra noche en que de plano te brincaste por la ventana de su cuarto… y te confieso ahora que yo también te había soñado y me preguntaba porqué o qué tanto te vería Lupita para dejarse coger casi a diario… ¡Para eso es, un jaboncito que no se gasta, pero cuídate mi amor, no todo el tiempo se es joven… ya ves al doctor, que casi ni me toca!
Solo cogimos un par de veces mas pero debo decir que no por falta de ganas, sino porque yo debía irme ya a mi servicio, y además, como les he contado, la hija de la señora me vio acostado en el cuarto de Lupita y eso hasta a ella le enojó… pero no le dijo nada al esposo, y menos yo, lo aclaro.
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