Por MARIDO COMPLACIENTE
Muchas veces, cuando se cae en la rutina, o la indiferencia, las parejas no se dan cuenta, y por un tiempo siguen más o menos bien hasta que salen a flote los reproches y las malas palabras, las ofensas, y el distanciamiento hasta que por fin se abre paso en aquella relación EL ADULTERIO. No es que nos debamos espantar de esto, pero déjenme contarles esto: Me case con una mujer muy hermosa, alta y de buen cuerpo, y durante los primeros cinco años de nuestro matrimonio vivimos muy bien. Como no teníamos hijos dedicaba mucho de mi tiempo a pasear con ella, y como ganaba mas o menos bien, podíamos darnos ciertos lujos como salir de vacaciones dos o tres veces por año, y por una semana cuando menos, a sitios de moda. Todo parecía ser perfecto pero veía a mi mujer muy triste por no embarazarse y en cuanto al sexo, los primeros tres años fueron muy intensos, intentando todo, desde posiciones hasta hacerlo en lugares distintos, así que consideraba yo que dejaba satisfecha a mi esposa… pero no había familia.
Ella buscaba mantenerse ocupada y para ello puso un pequeño negocio que, por ser ella muy emprendedora, bien pronto prosperó y yo cometí el error, grave, de dejar que las cosas se fueran dando. En realidad yo también deseaba un hijo pero no era urgente, y además, yo estaba ejerciendo mi carrera y empleaba mi tiempo en hacer clientela. Mi oficina estaba a unas tres cuadras de donde ella tenía el negocio, y cuando yo salía la pasaba a ver, nos estábamos juntos un buen rato y luego cerrábamos y nos íbamos a la casa. Comenzamos a asistir a una Iglesia de tipo Evangélico en donde se nos enseñaba que casi todo era pecado y que debía uno dejar de hacer ciertas cosas, como por ejemplo no intentar cosas nuevas en el sexo, y menos aun el tener relaciones de otra manera que no fuera la clásica posición del Misionero. Yo lo dejaba todo pasar y créanme, no le era infiel a mi esposa aun cuando hubiera podido serlo, ya que vivimos en un poblado pequeño en donde todo mundo se conoce y da de qué hablar si hace uno algo “malo”
Por ese tiempo llegaron a la Iglesia tres personas ilegales, una mujer y dos hombres. De estos uno era robusto y de tez oscura, negro mas bien, y pidieron la oportunidad de quedarse esa noche ya que, según dijeron, estaban cansados de venir casi caminando desde Centroamérica y aunque no hablaban nada mas con ella, mi esposa me llamó para que escuchara lo que decían. No sé porqué pero me vi ofreciéndoles yo mismo un cuarto anexo a la casa donde vivimos. En realidad había sido nuestra primera casa mientras construía donde ahora vivimos, y ese cuarto contaba con un baño y estaba separado por completo de la casa por medio de una barda, y en ésta había una puerta con candado. Los llevamos a la casita y les entregamos unas cobijas, unas toallas y jabón, aparte de ofrecerles algo de cenar… y se quedaron esa noche. A la mañana siguiente pude ver la ropa de los tres colgada del tendedero, recién lavada, y además, mi coche perfectamente lavado. Me dio gusto porque un gesto así es muy valorado en Veracruz, así que antes de irme a trabajar, les agradecí el gesto y además, les dije que mi esposa les iba a dar de desayunar.
La mujer me dijo entonces que si lo permitía, ellos se irían hasta en la noche para poder pasar la caseta de Migración y yo acepté. Cuando regresé a comer pude ver el patio bien limpio, el pasto cortado y además un árbol podado. Cenamos mi esposa y yo con ellos en nuestra casa y luego se retiraron a dormir. Esa noche mi esposa me dijo que uno de los tres, el hombre negro, le había preguntado si podía hablar conmigo porque, según ella, quería pedirme un favor. Creí que sería dinero y pensaba darle algo pero a la mañana siguiente este hombre me dijo: -“Mire, Creo que usted me comprenderá; Tengo mas de un mes que salí de Honduras y ya no tengo dinero. Me he sentido un poco enfermo y quisiera pedirle que, si puede, me permita usted trabajar en algo para quedarme unos días mas y en cuanto me reponga me voy. Mis compañeros se van esta noche”. No se aun porqué pero decidí que si podía lo iba a apoyar y al otro día en la mañana llamé a un amigo para ver si podía darle algún trabajo. Me dijo que si, y fui a la casita para decirle que esa noche hablaríamos porque algo podía haber salido en cuanto al trabajo que deseaba.
En la noche se fueron, después de cenar, los otros dos, Salvadoreños por cierto, y se quedó este hombre que estuvo platicando conmigo un rato hasta que se fue a dormir. Mi esposa estuvo presente en la platica y en mi ceguera, no pude ver que ese hombre era apenas un año mas grande que mi mujer, y además, ella siempre me había dicho que sentía cierta inclinación por la gente negra, pero yo pensaba que era uno mas de sus caprichos y me burlaba de su gusto por la gente de este color. Esa noche, sin embargo, mi esposa y yo cogimos muy rico, y ella se entregó como hacia tiempo no lo hacia, y hasta me hizo ella solita el SEXO ORAL o me dejó penetrarla desde atrás tipo PERRITO. Debo decir que ella no había permitido nunca, en los años que llevábamos casados, que le hiciera el SEXO ANAL ya que según ella, la iba a lastimar y, según una amiga de ella, a la mujer que se deja coger por el culo se le agrandan las caderas, y además, era algo que “Dios no aprueba”… y yo así lo aceptaba, pero esa noche la sentí mas cachonda que muchas otras veces… ¡Pero no le di importancia y solo lo disfruté!
A la mañana siguiente el hombre negro, SERGIO se llamaba, estaba listo y lo llevé con mi amigo. Se quedó a trabajar y en la noche lo encontré limpiando el patio de la casita. Lo saludé y mas tarde lo iba a llamar pero mi esposa se adelantó y me dijo: -“Espera, mi amor… yo lo llamo” y asomándose a la ventana gritó el nombre del negro. Entró a la cocina y pude notar que estaba recién bañado y aunque cansado, dijo estar a gusto y sobre todo, agradecido por el trabajo. Le dije que sería solo temporal por ser el un ILEGAL y el lo aceptó. Y así, casi sin darme cuenta, SERGIO empezó a formar parte de nuestros hábitos. Se levantaba temprano y se marchaba, no sin antes dejar lavado el coche y no entraba a la casa sino hasta que mi mujer lo llamaba a cenar. Me dijo que en el trabajo comía algo y así pasaron varios días.
Mi esposa, como ya lo dije, es hermosa y tenía muy buen cuerpo, así que me llamó la atención que me dijera que deseaba hacer ejercicio antes de irse a abrir su negocio. Le dije que estaba bien y todo parecía en orden hasta que una mañana por razones de trabajo, tuve que pasar por donde ella tiene su negocio. Eran ya las 10 de la mañana y me sorprendió ver que estaba cerrado. Una vecina del negocio me vio e hizo señas para que me detuviera en el coche. Me preguntó si mi mujer estaba enferma porque ahora abría mas tarde y esa semana no había abierto dos días. Le dije que si, que estaba algo enferma pero no de cuidado y ya con el gusanito de la duda dentro regresé a mi consultorio, ya que soy Médico. Desde ahí la llamé a su celular y ella me contestó un poco inquieta preguntándome qué quería.
Le pregunté como casualmente qué estaba haciendo y ella, suspirando, me dijo:-Ay, cariño… es que he tenido un poco mas de clientela y una señora muy molona se acaba de ir… ¿Qué pasa, mi amor? ¡No me digas que no nos vamos a ver para almorzar! –me dijo la muy cínica al teléfono. Días antes me había dicho que iba a correr a la mujer que nos hacia el aseo porque la vio revisando el closet y dijo tener miedo de que nos robara algo… y yo le había dicho que si. Le dije que aun era peor, ya que me habían llamado para ver a un enfermo en una ciudad cercana y me iría en ese momento y regresaría hasta la noche, pero que yo le avisaría al salir de aquella ciudad, y ella, fingiendo molestia, solo dijo: -“Ay, mi amor… pero vete con cuidado mi cielo… y no vayas a andar por ahí viendo otros culos” –en una broma que siempre nos hacíamos ella y yo, así que le dije: -“No, mi amor… ni tu otras vergas” -Y siguiendo el juego, ella dijo: -“No, mi amor, para nada… con la tuya tengo y me duele y hasta me sobra”
Colgué y me quedé pensando en lo que podría estar haciendo mi mujer y por un momento rechacé la idea de que ella y SERGIO estuvieran cogiendo pero la duda permaneció así que llamé a mi amigo para preguntarle con cautela sobre SERGIO. Me dijo mi amigo que era buen trabajador pero como estaba enfermo le había dado permiso esa semana ya dos días y que si seguía así ya no lo iba a necesitar. Le dije que de verdad estaba enfermo y casi colgué con grosería. Pedí un coche prestado a un amigo y este me dijo, entre risas, que si lo quería para irme a un Motel ahí estaban las llaves. Le seguí la broma y salí de la clínica donde trabajo para ir a mi casa.
Entré con cuidado y mi mujer, confiada en que yo no regresaría hasta en la noche, estaba en lo suyo… con SERGIO. En mi recamara, en mi cama, mi esposa estaba desnuda, hincada a un lado de SERGIO que estaba igual que ella, boca arriba. La verga de SERGIO, muy gruesa y bastante larga, sobre todo comparada con la mía, estaba perfectamente parada y mi esposa, esa mujer a la que yo tanto amaba, se estaba metiendo en la boca esa enorme verga, y hasta los ojos entornaba del placer que le daba el estar haciendo a su amante el SEXO ORAL, ese que a mi me regateaba tanto. Pude ver que SERGIO hurgaba el culito de mi mujer con su mano izquierda (Era zurdo) y luego, sin dejar de acariciar sus huevos ni apretar la verga de su amante con su mano, mi mujer lo besó en los labios. Mi esposa se giró y con agilidad se montó en SERGIO y alzando sus lindas caderas, ella misma tomó la verga de SERGIO y la colocó en su vagina para luego irse bajando lentamente hasta que solo podía ver las amplias nalgas de mi mujer y los testículos de su amante, el ilegal. Mi esposa se inclinaba para besarlo y luego le ofrecía sus senos para que SERGIO se los mamara, ya que los pezones son algo maravilloso en mi mujer y sé que cuando se le paran y oscurecen es porque está muy excitada o está teniendo orgasmo tras orgasmo… y así estaba esa mañana con SERGIO. Las manos de este apretaban con codicia las blancas nalgas de mi mujer y pude ver, con enojo, que uno de los dedos de SERGIO buscaba el esfínter anal de mi mujer, ese que de plano a mi me negaba… y ella, al sentir el dedo de SERGIO en la entrada de su culo, se quedó quieta, Supuse que algo le diría pero no fue así, ya que ella misma tomó el dedo de su amante y lo colocó en el esfínter anal, y así SERGIO pude meter el dedo en ese culo que yo ansiaba conocer y ella me negaba… y lascivamente me pregunté si esa verga, mas gruesa y larga que la mía, no le lastimaría el culo como ella pretextaba siempre que se lo pedía cuando estábamos cogiendo… y el espectáculo era realmente candente, y no pude menos que empezar a tocarme mi verga endurecida.