MI LUNA DE MIEL EXTRACONYUGAL



Por MARGARITA

¡Hola amigos lectores! Les he contado ya cómo es que comencé a coger con otro hombre que no era mi marido. Sergio, como le llamé en el primer relato, era un negro ilegal que llegó de paso a donde vivimos, y con el aprendí que el sexo extramarital tiene un sabor muy especial, ya que lo que por lo regular las mujeres no hacemos con nuestro esposo por diversas razones, con el amante no solo sí lo hacemos sino que lo disfrutamos de verdad, o al menos así me pasó a mi. Quiero ahora contarles lo que pasó en un viaje que hicimos los dos juntos y solos, a Catemaco, una hermosa población turística del sur de Veracruz, y ahí disfruté de hospedarme con Sergio como si fuera mi esposo, y al salir a pasear podía ver la mirada de envidia de las mujeres al ver el tremendo negrazo que me estaba echando encima.

Como mi esposo es médico, una vez tenía que ir a Xalapa a arreglar algo de su profesión y se fue un viernes, pero me dijo que se quedaría hasta el sábado ya noche. Me imaginé que se iría con alguna piruja como a veces lo hacia, así que no le hice mucha bronca ya que yo misma tenia ya mis planes. Como les he contado, Sergio se quedaba en un pequeño cuartito del patio y era muy discreto, al extremo de que habíamos tenido visitas y el no se había dejado ver, así que mi esposo confiaba en mi sobre todo, ya que me creía fiel por completo, y supongo que en Sergio, ya que considero que mi marido no se imaginaba siquiera a su mujercita cogiendo con un tipo negro.

Quedé con Sergio que ese viernes no fuera a trabajar y que nos fuéramos de “pinta”, cosa que aceptó de inmediato. Como a las diez y ya con mi coche bien lavado… y también mi culo y vagina desde luego, nos fuimos a Catemaco, a unos 80 Km. Yo manejé pero Sergio desde que salimos comenzó a sobarme la rodilla derecha y mi pierna, hasta que de plano alzó mi falda y comenzó a buscar con sus gruesos dedos mi conchita, provocándome un estado de excitación muy fuerte, que me hacia sentir bien mojadita de mi vagina. Luego de sentir lo mojada que estaba, Sergio se metió un dedo en su boca y me dijo que sabía yo bien rica y que ya le andaba por meter esa barra de chocolate en su estuche, y naturalmente esta plática cachonda me calentó mucho más.

Todo el camino me fue calentando y tocando bien rico, y yo lo más que podía hacer era acariciar su verga por encima del pantalón. Les he contado que Sergio no usaba ropa interior, aunque le regalé unas tangas que usaba conmigo y me encantaba verlo con ellas, pero además, sus pantalones eran amplios y de resorte, así que yo metí a ratos mi mano y acariciaba su verga ya bien parada y aunque me hubiera gustado hacerle una rica mamada, me fue imposible por ir yo manejando. Llegamos y comimos en un restaurante algo de mariscos aunque como afrodisíacos no necesitábamos ninguno de los dos nada, y ya bien comidos buscamos un hotelito discreto cerca de la laguna. Apenas entramos al cuarto Sergio comenzó a besarme como el sabe hacerlo, y a sacarme la ropa. Decidí que ese fin de semana la pasaría no solo cogiendo muy rico sino que procuraría estar desnuda todo el tiempo, y lo hacia así como una venganza, ya que mi esposo es de los que no le gusta que duerma sin ropa.

Decidimos los dos darnos nuestro tiempo ya que aunque SERGIO es muy potente y se le para rápido para otra cogida, el chiste de quedarnos ahí era coger muchas veces, y disfrutar de esto. Tomé, por si acaso, dos cajas de LEVITRA del cajón de mi esposo, así que en caso de que a Sergio se le cansara el caballo le daría una, pero el chiste era coger, coger y coger con Sergio. Por fortuna no me decepcionó en ningún momento ya que estuvimos cogiendo hasta eso de las 7 de la noche, y con su lengua, sus manos y su verga deliciosa me provocó infinidad de orgasmos que me hacían sentir las piernas flojitas.

Sergio me decía que en su tierra no se usa mucho el sexo oral porque la mujer como que no tiene cuidado de asearse bien, pero yo, con mi conchita bien depilada y sobre todo cuidadosamente limpia, le hacia sentir muy rico, y desde luego estaba mas que correspondido ya que con su lengua hacia maravillas en mi “ponche”, que es como le decimos a la conchita por acá. Luego de bañarnos juntos, que me encantaba hacerlo con Sergio, nos vestimos y salimos a dar una vuelta por el parque, y ¡Hubieran visto ustedes las miradas de las mujeres de verme tomada de la mano de Sergio! Estoy segura que a mas de una se le hizo agua no solo la boca sino la vagina de solo ver el tamaño de sus manos y sus pies, como indicativo del tamaño de su vergota…. ¡Y esa noche seria solo para mí de todo a todo!

De regreso al cuarto otra vez encuerados los dos y Sergio me dio por todos lados, ya que esa primera noche de hotel se vino por vez primera en mi cabello. Deseaba sentir su semen ahí, y al restregar su verga entre mi pelo mientras le sobaba los huevos y le metía un dedo en su culo, sentí el tremendo chorro de leche y luego lo unté con cuidado por todo mi cabello. Sergio me veía sonriendo y diciéndome cosas cachondas sobre esto, pero le dije que era porque una amiga me había dicho que era bueno para el pelo. Así fue ese fin de semana, y aunque pensé por un momento darle mi culo, preferí dárselo de premio antes de que se fuera de México, pero eso se los contaré en otra ocasión. Es rico estar con un hombre, encuerados ambos en la habitación de un hotel y como tengo buen cuerpo, no hacia yo absolutamente nada por taparme, sino que de la manera mas natural del mundo caminaba de un lado a otro del cuarto, iba al baño y no cerraba la puerta, algo impensable con mi esposo, que en eso es muy delicado y Sergio hacia lo mismo. Por cierto, me encantó agarrarle la verga mientras el orinaba, y sentía el chorro de orina a través de la piel de su verga… ¡De verdad que estando una caliente hace hasta locuras con nuestro amante!

En el hotelito donde nos quedamos había TV, y aunque ustedes lo duden, estuvimos viendo la televisión por un buen rato, ya que pasaban películas Porno. No es que me gusten mucho, pero con mi esposo aprendí a disfrutar de algunas de ellas, y hasta cierto punto considero que para la pareja que lleva años de casada es bueno ver de vez en cuando alguna película así, porque nos entra cierto principio de competencia, aunque de ninguna manera se va a una a poner en el lugar de alguna de las actrices, ya que seria imposible, creo, que nos metieran tan tremendas vergas o que los chicos que ahí salen se vengan en tal forma. Mi esposo no es de verga grande, debo decirlo, pero aun cuando la verga de Sergio era muy grande comparada con la de mi marido, era de todos modos de tamaño Standard por así decirlo, pero creame que ver las películas Porno con Sergio se convirtió en una especie de rito, ya que me hubiera gustado llevar una videocámara y grabarnos en plena acción. Hasta ahora, que ha pasado tiempo, siento nostalgia por lo bien que se hubiera visto su verga metiéndose en mi vagina. Por cierto, cuando Sergio y yo estábamos viendo las películas, no dejaba de acariciarme el cabello, los hombros, oler mi perfume en mi cuello, y a diferencia de mi marido que apenas me la mete se viene y no demora nada, Sergio estaba con la verga permanentemente levantada, tal vez no demasiado dura pero apenas se la medio acariciaba o le daba una mamadita y de inmediato se le ponía durísima de verdad.

Ya era tarde, como a las 9 de la noche cuando le pregunté si tenia hambre y me dijo que si. Nos vestimos y salimos de nuevo al Centro. Dimos unas vueltas tomados de la mano y como era lógico, las miradas de las mujeres hacia Sergio eran intensas. A mí me daba risa pero hacia como que no las veía o, más bien, con la mirada les decía: “Mírenlo, cómanselo con los ojos porque yo me lo estoy COMIENDO enterito en el hotel”. Cenamos en un restaurante por el Palacio y regresamos a nuestro cuarto. Nuevamente, apenas entramos nos quedamos encuerados y nos metimos a bañar juntos. El agua tibia nos hacia disfrutar de lavarnos mutuamente la espalda, y Sergio me abrazó desde atrás para decirme que estaba yo muy buena, y sentía rico cómo me untaba entre mis nalgas su vergota negra y dura. Hubiera deseado que me cogiera por el culo pero de verdad tuve miedo de que me lastimara, ya que las veces que había cogido por el culo con mi esposo había sido todo muy diferente, ya que mi marido tiene su verga delgadita y ni siquiera es muy larga, así que con Sergio debía sudar lo mío para que me entrara en mi estrecho agujero trasero ese animalon que se cargaba… y además, como mi esposo me vería caminar adolorida bien podría revisarme y verme el ano desfondado y me preguntaría porqué… y no era cosa de decirle así como así: FIJATE QUE SERGIO ME LA METIO POR EL CULO Y ME LASTIMO, MI VIDA.

Hicimos de todo en ese fin de semana. Unos 69 realmente deliciosos, sintiendo la verga e Sergio hasta el fondo de mi garganta y al mismo tiempo su lengua estimulando mi clítoris, y me vine no se cuantas veces esos dos días que pasamos en Catemaco. Sentía mi conchita hasta rozada de tanto coger y tuve que untarme una cremita para rozaduras de pañal antes de dormirme. Por cierto, Sergio es de los que abrazan al dormir y me encanto dormirme en sus brazos, sintiendo su respiración justo en mis senos. Luego, cambiamos de posición y elegimos las de las cucharitas, y como estábamos encuerados, sentía entre mis nalgas la verga dormida de SERGIO. Y apenas abrimos los ojos, le pregunté si deseaba café o algo… y Sergio se rió diciéndome que mejor quería ALGO mientras me daba un beso muy rico. Pude ver que la dieta a base de frutas que Sergio llevaba le hacia tener un aliento muy agradable, y no como el de mi marido, que a veces fuma, y siempre come carne. Volvimos a repetir la historia y todo el sábado fue de coger y coger; El eyaculó en mi boca y me tragué todo el semen completito, sin asco, ya que sentía que su leche tenía un sabor muy rico. Luego me hizo ponerme de perrito y desde atrás me la metió pidiéndome que yo apretara mis nalgas, ya que así era, según me dijo, la posición predilecta de las mujeres hondureñas… En uno de los momentos de reposo me contó que las mujeres de su tierra no quieren coger por el culo porque, según se dice, las caderas se les hacen mas grandes pero yo, masturbándolo, le dije que a lo mejor era porque si los hondureños tienen sus vergas así de gruesas, duras y largas, lo que pasaba entonces es que las mujeres de allá tienen miedo de que les hagan mas grande el agujero o se les salga el excremento sin sentir después de haber cogido… y Sergio se reía de mi manera de pensar.

A las 6 de la tarde del sábado salimos del hotel y cenamos algo ligero para dirigirnos a Acayucan. Llegamos ya oscureciendo porque nos detuvimos un par de veces para besarnos y quedar realmente satisfechos. En realidad no tenía temor alguno ya que mi marido se viene por la autopista, pero me sobresalté porque estábamos besándonos cuando vi pasar un coche muy parecido al de mi marido. Llegamos a Acayucan y dejé a Sergio en la entrada, por el Motel y llegué a mi casa. Todo estaba en orden y marqué al celular de mi esposo quien me dijo que, por cosas de su trabajo, iba a llegar hasta el domingo. Me molesté con el por no decirme la verdad y el pobre me dijo que si era porque lo “extrañaba”. Pensé en reírme pero luego le seguí el juego diciéndole que si lo extrañaba pero que también “extrañaba” a su amigo. El se rió y antes de colgar el teléfono me dijo: -“Oye mi amor… y porqué no usas hoy en la noche ese vibrador que compramos en Veracruz… el grande, negro”; Le dije que era magnifica su idea y que esa noche cogería… imaginariamente, con un negro… aunque aclaro que en vez de usar un triste aparato de pilas, invité a SERGIO a compartir mi cama matrimonial, la que uso con mi esposo… y pasamos una noche maravillosa, ya que Sergio solo tuvo que emplear una sola tableta de LEVITRA… Por cierto, cuando mi esposo llegó, tuve que dejarme coger por el culo para apaciguarlo de tan enojado como estaba.



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