Por ACAYUQUEÑA CALIENTE
Francamente no creí que escribir algunas de mis aventuras sexuales provocaran estas dos tremendas reacciones: Primero, que varios lectores me mandaran algunos correos tan, pero tan cachondos que de solo leerlos comencé a sentirme mojada, y segundo, que me sintiera bastante liberada de esos conceptos antiguos de que la mujer ha de aguantarse, sexualmente, de obtener satisfacción. Mi esposo, ya les he contados, tiene diabetes desde hace unos cinco años, y si antes no me surtía sexualmente como yo deseaba, ahora que está enfermo ¡Menos!, así que comencé a salir con algunos hombres y he obtenido experiencias realmente maravillosas que deseo compartirles, amigos lectores.
Debo reconocer que mi esposo me ama y yo a el, y al saber que ya no podría satisfacerme en lo sexual, aceptó que yo buscara donde y con quien, siempre que fuera discreta, ya que somos los dos bastante conocidos en nuestra área y además, el es médico y un escándalo nos perjudicaría a los dos. Entre los representantes de laboratorio que lo visitan hay hombres muy guapos, y bastó con coquetear con dos o tres de ellos para que su interés se manifestara y me buscaran dizque por visitar a mi marido, pero la verdad es que me atrajo uno en especial, alto, bien portado, y como pude comprobar después, bastante bien dotado de verga y cómo lo descubrí se los voy a contar ahora.
Comenzó a decirme cosas en doble sentido mientras esperaba a mi esposo. Era ya tarde y cuando se fue la asistente y la recepcionista nos quedamos él y yo solos. Mi esposo, para esto, llamó diciendo que tenía una cirugía en una ciudad vecina, y que tardaría entre dos y tres horas. Fingí desencanto para mi esposo quien me preguntó si no se ofrecía nada. Le dije que no, que había venido un representante pero que se había ido….aunque lo estaba mirando sentado frente a mí, sonriendo, al oírme mentir a mi esposo. Colgué el teléfono y el tipo me dijo, riéndose, que me iba a crecer la nariz por mentirosa.
Le contesté que a el también le crecería por dejarme mentir…y me dijo que ya sentía que le crecía… pero otra cosa. Me gusta que el hombre sea discreto para hablar en doble sentido y sin groserías, y esa plática era más o menos en ese tono. Me dijo que me invitaba a un café pero le contesté que no porque la gente habla mucho. Que mejor yo lo invitaba a beber algo en otra salita que hay en el sanatorio de mi esposo. Ambos entramos en un privado que mi esposo dice que es para explorar a los pacientes pero creo, y así se lo he dicho, que más bien lo ocupa… o lo ocupaba, para cogerse a LAS PACIENTES. Nos sentamos en un sofá y preparé una bebida suave para ambos. Me decía cosas agradables para una mujer, y mas como yo, que no es atendida en forma debida por el marido, como por ejemplo que tengo bonito cabello, que mi cuerpo es hermoso, o que mis nalgas -Que creo es lo mejor de mi- se ven firmes, y mientras me sonreía, mi vagina se iba mojando cada vez mas.
Comenzamos a besarnos muy rico. No me gusta que luego luego metan manotas, sino que me encanta el juego de la seducción, y así poco a poco comenzó a zafarme los botones de la blusa y me besaba los senos. En ningún momento hizo intento porque yo le agarrara la verga y eso me gustó bastante, ya que a mi parecer indica madurez del amante y no es un adolescente que luego luego quiera cogerse a la novia. Como mujer adulta me gusta sentir cómo me acaricia el hombre, y más cuando este no necesita que lo guíen, sino que sabe realmente hacer su labor. Puso su mano izquierda en mi rodilla derecha y comenzó a sobarmela, subiendo lentamente hasta obligarme a separar mis piernas. Mi vagina acostumbro traerla bien depiladita y ¿Saben quien me la depila? ¡Mi esposo! Comenzó a hacerlo recién que tuve a mi primer hijo, pero luego ambos disfrutábamos cogiendo así, y yo también lo rasuraba, así que les recomiendo esa experiencia con el esposo, que resulta muy cachondo de verdad.
Cuando este hombre alzó mi falda, que me gusta usar amplia casi siempre, y sintió mi vagina sin pelo alguno, sonrió y al oído me dijo que le encantaba una mujer sexy como yo. Se agachó y comenzó a abrirme mi vagina con su lengua. Me gusta que el hombre no sea remilgoso y disfrute del aroma y el sabor de una vagina limpia, que me gusta traer siempre muy limpia, además de que me fijo bien en cómo están las vergas que me he comido, porque las enfermedades están a la orden del día en esta zona del país. Sentir la lengua de este hombre hurgándome entre los pliegues de mi vagina hizo que me viniera tres veces de manera abundante. Luego lo jale para que se sentara a mi lado y me besara, ya que me gusta sentir en los labios del hombre con el que estoy cogiendo el sabor de mi vagina.
Mi esposo me dijo y demostró que una vagina sabe de una manera si la mujer finge el orgasmo, y de otra muy diferente cuando realmente se ha venido. Y es verdad esto, ya que cambia nuestro sabor vaginal cuando el hombre nos ha provocado uno o más orgasmos. Estando besándonos, el tipo comenzó a desnudarme con delicadeza, y yo, discretamente al principio, le sobé la verga por encima del pantalón, dándome cuenta de que estaba bastante bien armado y que si no era de los que se vienen luego luego, seguramente disfrutaría de sentir esa vergota dentro de mi conchita que, para esto, estaba verdaderamente inundada de mis propios juguitos.
Abrí el cierre y mientras el me dedeaba a su gusto la vagina y con la otra mano sobaba mis senos alternadamente, me agaché y le di un besito en la mera punta de su verga, de donde ya salía una gotita de ese liquido que los hombres sacan cuando ya se calentaron bastante. Le revisé la verga muy bien, y contemplé esas venotas y la cabeza, que era de buen tamaño debo decirlo, pero el punto exacto de cómo es, sexualmente, un hombre está en los huevos, ya que si son de buen tamaño y al estar excitados se les enduran y se les pegan al cuerpo, es porque están bien llenos de semen y nos van a hacer disfrutar de la cogida. Saber esto es una de las ventajas de ser esposa de un médico.
Zafé el cinturón y bien pronto estaba con la verga bien paradita y al aire, así que sopese sus huevos y me convencí de que estaba muy cogible el tipo. Entre las caricias yo le decía al oído que estaba muy caliente, que mi esposo no me atendía, y que lo único que le pedía era discreción, así que el solo decía que si. Me monté en su verga ofreciéndole mis chiches para que las mamara, y yo misma, con mi mano derecha, metí esa belicosa verga en mi coñito y luego comencé a bajarme lentamente sintiendo cómo entraba. Al sentirla dentro por completo me quedé quietecita, y esto me encanta, ya que puedo usar mi “perrito” lo que hace que el hombre también mueva su verga dentro de mi. Esto de coger sin moverse puede ser muy cachondo y además, a mi parecer hace que el hombre aprenda a esperar un poco y no terminar de inmediato.
Estuve cogiendo con el representante por espacio de una hora más o menos, y usamos distintas posiciones. Creo que cambiar de posición en cada cogida unas tres o cuatro veces nos hace mas maduras sexualmente. Lo digo porque a mi esposo se le había hecho costumbre metérmela solo en la del “misionero” o, cuando mucho, montándolo yo, y no debemos limitarnos en esto. Hay infinidad de posiciones donde la mujer puede gozar mucho más. Personalmente, a mi me encanta coger montada en el hombre pero mirando a sus pies y así, cuando el flexiona sus rodillas yo me apoyo en ellas y puedo mover mis caderas lo mismo de arriba abajo que en círculos, y puedo inclinarme ya sea para adelante o atrás, y controlar yo el roce de la verga con el clítoris, ¡Inténtenlo amigas y verán que no miento!
Me dijo que deseaba venirse y al preguntarle cómo le gustaría hacerlo me contestó que en mi pelo. No es el primer hombre que quiere venirse en mi pelo, el cual tengo rubio natural y rizado, así que lo desmonté y con calma le quité el condón mientras acariciaba sus huevos, y comencé a masturbarlo de la manera mas suave posible, apretando con mi mano en vez de frotar como si estuviera batiendo un chocolate, y él ponía hasta los ojitos en blanco, así que cuando sentí el espasmo de su verga dirigí el chorro de leche a mi cabello, y comencé a masturbarlo con mi pelo, hasta que salió todo el semen y la verga se le puso aguadita…¡Pero muy rica de verdad!
Estuvimos abrazados por un buen rato, y yo le dije que me había encantado cómo me cogió y que la “próxima” seria más rico aun. No es que de verdad fuera a coger otras veces con el tipo, aunque debo decir que me hizo un trabajo excelente, pero si el hombre se va con la idea de que en otra ocasión va a cenar Pancho, por lo regular será discreto y esto es importante cuando una es casada y aunque el marido sea tolerante, no va a aceptar fácilmente que los representantes, que todos se conocen entre si, anden diciendo que tal o cual doctor usa cuernos…¡Aunque la verdad hay un montón de médicos que los usan pero no se si saben o se hacen! O por lo menos así es en esta zona sur de Veracruz. Luego se levantó y aunque le pregunté si deseaba bañarse, me dijo que mejor no, que prefería irse a su hotel, ya que les pagan un buen hotel en Acayucan, y después que se vistió, nos despedimos con un largo y cachondo beso mientras el me jalaba de las nalgas y yo le daba un sabroso apretón a su “amigo”, como seña de que mi promesa se cumpliría. Hemos cogidos dos veces mas, y debo decir que se ha esmerado el tipo y sabe aguantarse, dejándome tener varios orgasmos antes de venirse el, y además, hasta el día de hoy ha demostrado ser DISCRETO, que es un punto enorme a su favor para que acepte coger con el.