Por SALOMÓN BORRASCA
Rubiela sentía una pasión enfermiza por los cuerpos desnudos y velludos de los hombres fortachones, le gustaba desafiarlos a duelos peligrosos a cuero limpio, su ring era un colchón húmedo y putrefacto, seducía a sus victimas con artimañas de araña, los encañonaba con sus piernas y los asfixiaba con sus nalgas, amaba los zaguanes oscuros de los burdeles de las desilusiones, en cada cama dejó flujo, sudor y lágrimas. Envejeció sin darse cuenta, su vuelo por la noche se apagaba cuando las luces apenas se encendían, le dolía la luna en los huesos. Una tarde la ingrata muerte la sorprendió, a su entierro solo fuimos la perra de mi abuela, el gato mío y yo.
SALOMÓN BORRASCA.
TOMADO DEL LIBRO HISTORIAS PORNO DE SALOMÓN BORRASCA
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