Por Alejandro Alex 64
Qué hombre no ha soñado alguna vez con tener dos o más mujeres en la cama? Creo que la gran mayoría. Y en el caso de Luis, no era la excepción.
Luis tenía unos cuarenta años, un típico casado insatisfecho. Era alto, delgado, elegante en el vestir, tenía su “pinta” como se dice.
Un día entró en una Tienda de su ciudad para comprar una camisa, que había visto en la vidriera del frente del comercio.
La tienda en cuestión, hacía poco que se había instalado allí, pero además de ello, nuestro personaje era la primera vez que la visitaba.
Ya al ingresar, vió algo que le gustó: una de las dos muchachas que atendían, estaba agachada, revisando una caja con pantalones y al estar en esa posición “cola para arriba”, Luis pudo observar la tanga de la morocha, que era de color blanco. La parte superior de la misma, se veía claramente e, incluso, un tramo de la parte que, seguramente, “acariciaría” ambas nalgas más abajo.
Luis se quedó un rato observándola, sin ocultar su deseo por aquella cola. Lo cierto es que en determinado momento, la empleada se levanta de aquella postura bastante “erótica”, y se da cuenta de que el hombre que había ingresado, le estaba observando esa parte de su cuerpo.
Ella sonríe, pícara, y le pregunta:
-Qué deseas?
El pensó contestarle que lo que más deseaba en ese momento, era poder comerse ese hermoso culo, pero se contuvo y dijo:
-Quería ver una de esas camisas de oferta –señaló hacia una de las vidrieras- si me la puedes mostrar…
Ella miró a su compañera, que era joven también, pero rubia y volvió a sonreir.
-Bueno, te la muestro, pero ya estamos por cerrar. Si no te decides ahora por la camisa, vas a tener que esperar a mañana….
El asintió con la cabeza y ahora, ya con la morocha de frente, esta vez su mirada fue directamente a los senos, grandes, duros, cuyos pezones quedaban totalmente marcados en aquella blusa celeste que llevaba.
-Creo que mi decisión ya está hecha –le dijo, mientras avanzaba hacia la joven.
-Por lo que veo, además de la camisa, piensas llevarte otras cosas –manifestó Mélany, que ése era el nombre de la rubia, la cual no perdía detalle de lo que estaba aconteciendo, mientras cerraba la puerta del comercio, corriendo las cortinas para evitar curiosos.
Y mirando a la morocha, guiñada mediante, le dijo:
-Cerremos Zulma, que tenemos que atender a un cliente especial…
Luis no se imaginó nunca lo que le esperaba en aquella tienda durante los próximos treinta minutos…
Su pene estaba reventando de duro, y esto no pasó desapercibido para Zulma, quien comenzó a acariciarlo por sobre el pantalón.
-Mmm… qué duro que está!!.... yo creo, que vamos a tener que hacer algo para “aliviarlo” -le dijo a Mélany, con cara de “golosa”-
Zulma se arrodilló, bajó el cierre del pantalón de Luis y “atrapó” con su mano aquella verdadera “serpiente”.
Inmediatamente, comenzó a chuparlo, lamiendo su cabeza y sus huevos, desde la base de los mismos, hasta la roja cabeza…
Luis gozaba como loco, pero no terminaba allí…vió como Mélany se sumaba a la acción y también introducía el miembro en su boca, casi devorándolo….
El placer era indescriptible. El pene de Luis, iba de boca en boca. Casi se peleaban para “mimarlo” y, en algunos casos, las dos lenguas de las mujeres, se “trenzaban” sobre éste, intentando tragarlo o chuparlo lo más posible…
Luis pensó que no iba a soportar mucho tiempo más esa situación…y no se equivocó: en pocos minutos más de aquel “tratamiento”, desde su verga, comenzó a manar abundante leche, que “bañó” los rostros y bocas de ambas mujeres, que disfrutaban del sabor y la calidez de ese líquido… incluso compartiéndolo con sus lenguas…
Mélany, la rubia, no aguantó más y se quitó la pollera que llevaba. También terminó en el suelo una muy diminuta tanga de color rojo fuego. Se subió a uno de los mostradores, abrió sus muslos y, con ambas manos, los labios de su vagina, invitando a Luis:
-Ven papito, y ensártamela toda en mi concha!!
Luis hundió su verga en aquella vagina mojada, caliente y carnosa. Lo hizo con fuerza, arrancándole gritos de placer.
Mientras estaba entusiasmado con su “mete-saca”, sintió la lengua de Zulma, quien atrás, y como podía, ya que los movimientos eran bastante violentos, se divertía con sus nalgas, sus huevos e, incluso, su ano.
-No te acabes todavía! -le imploró Mélany y con su mano, dirigió el pene hacia el otro agujero, que también quería lo suyo...
Luis empujó y el ano de la joven fue invadido hasta lo más profundo por aquella verdadera “manguera de carne”.
La leche, por segunda ocasión, no tardó en venir, inundando aquella deliciosa “cuevita”.
Zulma, rápidamente salió desde atrás de Luis y una vez éste hubo retirado el miembro, comenzó a lamer furiosamente el ano de su compañera de trabajo, ocasionándole un placer extra a la rubia.
Luis, se dirigió con su pija semi-dura, hacia la boca de Mélany, quien comenzó a chuparla suavemente, deslizando su lengua por la cabeza de la misma, quedando pronta en cuestión de un par de minutos, para poder proseguir la “fiesta”.
En tanto Zulma, lamía el culo de Mélany y le introducía algunos dedos en ambos orificios, Luis empalmó por atrás a la morocha, alternando sus embates a la concha y al culo de aquella hermosa hembra, que cada tanto, dejaba de hacer su “tarea” para gemir y acabarse.
Luis aferraba los pechos de Zulma mientras la cogía, masajeándoles los pezones, que estaban tan hinchados que parecía, iban a explotar. La morocha cada vez se calentaba más y le pedía:
-Cógeme, cógeme!!...Dámela así, así!!...Húndela toda!!....
Y Luis cumplía a la perfección con lo que le pedían, hasta que, ya pronto para acabarse ¡por tercera vez!, agarró a la morocha por el pelo, atrajo su cabeza hacia el pene y allí, le inundó la cara y la boca de leche, asombrado porque, a pesar de ser la tercera vez, la misma brotaba en gran cantidad, producto de la tremenda excitación...
Mélany, bajándose del mostrador adonde se había trepado, le preguntó muy pícara al erótico cliente:
-Cuando vienes de vuelta por tu camisa?
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