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La nucama del hotel



Por Eldivo

Hoy tengo 48 años y el recuerdo de mis aventuras juveniles me llena de emoción. Cuando tenía 16 años trabajaba por el verano en un hotel. Hacía todo tipo de tareas, lavar copas, llevar maletas, mandados, barrer el patio, etc.
Siempre que venía una familia con una chica de mi edad, notaba que les caía muy bien, bueno, yo era un chico muy sencillo y muy servicial.
En una ocasión llega una familia con una chica de 15 años. Realmente era muy bonita y con ella surgió muy buena onda rápidamente.
Tanto que a los dos días la invité a bailar y, con el permiso de sus padres y un sermón del viejo le permitieron a la niña salir a bailar conmigo.
Bueno, con la chica fue todo muy normal, pasamos una noche muy agradable pero nada más.
En el hotel trabajaba una mucama de unos 45 años, para mi no era nada sexual, aunque ella siempre me preguntaba que pasaba con las chicas. La muy pícara había seguido atentamente mi amistad con esta chica. Ocurrió pues que el tiempo empeoró, lluvia y frío, y entonces la familia una mañana muy temprano se retiró. Cuando llego al trabajo la mucama del caso muy sonriente me dice, “viste, la chica amiga tuya se fue hoy bien temprano, por el mal tiempo, no podían ir a la playa, pero ella te dejo saludos”. Me dijo esto y se fue muy sonriente la guacha. Yo me quedé descorazonado. Casi lloraba, auque no paso nada con la chica teníamos buen entendimiento y éramos amigos.
La mucama, durante el transcurso del día me empezó a cargar con mi estado de ánimo hasta que en un momento me enojé y le dije que no me molestará más. Al rato se me acerca conciliadora y me dice “perdóname, no quise herirte, pero se te nota tanto la angustia que realmente me causo gracia, solo eso, bueno, cambia la cara y antes de las 8(de la noche) pasa por mi habitación así conversamos”.
Recibí sus disculpas como un caballerito que siempre he sido y fui a su habitación antes de que finalizará nuestro turno como me había invitado. Solo pensaba pasar a charlar un rato y nada más, casi como hablar con una tía cercana.
Llamo a su puerta y me hace pasar de un modo sigiloso que no entendí y me dice “habla bajito que la otra bruja (otra mucama) puede andar por ahí”. Me llamó la atención pero nada más. Estuvimos unos 20 minutos hablando de la chica que se había marchado y lo bien que la pasaba con ella. Es así que me confiesa que le agradaba que las chicas simpatizaran conmigo pues era un chico muy lindo y bueno. Me llenó de elogios y luego me dice algo que me paralizó “ cuando una chica se fija en vos me da un poco de envidia y maldigo no tener veinte años”. Y si, me quede mudo. Más audaz me pregunta “¿ todavía eres virgen?”. Me puse colorado y casi salgo corriendo por mi desconcierto. Me toma de la mano y me hablo como una vieja amiga “no hace falta que digas nada, si me dejas te voy a enseñar a tratar a las chicas, te falta experiencia, no te asustes”. Me tomo de la mano y llevo mi mano izquierda a sus pechos, pese a ser una mujer poco bella la estaba viendo como la Marilyn (sepan comprender). Es así que sin poder pronunciar palabra acercó sus labios a los míos, me empezó a besar como en las películas y creí estar con la Sofía Loren. Me beso apasionadamente, y sin darme cuenta estaba excitado, con una erección que no notaba. En ello me susurra al oído, “no sabés las ganas que tenía de hacete el amor guacho, sos divino y bueno como el agua, no te vallas a escapar que te quiero coger”. Yo estaba entregado, ella siempre teniendo la iniciativa empezó a desvestirme, cuando me quitó los pantalones comprobé que había acabado sin notarlo, ella lo percibió y me hizo una sonrisa cómplice. Empezó ella a desvestirse, lo hizo lentamente lo que me vovió loco, pero estaba duro, como en la butaca del cine. Cuando surgieron sus pechos, algo fácidos pero grandes, sus negras aureolas, estallé de alegría, más cuando me insinuó que se le estaban endureciendo los pezones por la calentura, casi me muero. Permanecí sentado en un extremo de la cama, viendo como la mujer se desvestía ante mi dentro de la diminuta habitación y en silencio para no despertar sospechas. Cuando se quitó los calzones, grandes por cierto, puede contemplar su frondoso pubis, me pareció poco bello, pero esta mujer lo compensaba con su calidez.
Nuevamente me tomo la mano derecha y la llevó a su vagina, en mi vida había tocado una, que delirio. No comprendía todavía que los jugos vaginales son signos de excitación y entrega de una mujer, no podía procesar tanto encanto. Me fue guiando en el uso de mis dedos y me invitaba a acariciarle los pechos con la otra mano. Así me dijo, “ahora te voy a chupar esa pija de pibe hermoso que tengo toda para mí”. Me practico una mamada suave que pude corresponder acariciándole sus labios vaginales. Me hizo acabar y la turra se trago mi eyaculación. Se asombró de mi recuperación, propia de un potrillo y estando yo acostado se vino encima mío, nos besamos como locos y en un momento sublime comprobé se había introducido mi miembro, si señores, la estaba penetrando. Mis movimientos eran los de un muñequito a cuerda, pero ella me daba cátedra de agitación. Entre sus sensuales y expertos movimientos me decía al oído, “como me gustas pendejo, te estoy cogiendo y me volvés loca, tocame la cola, besame, cogeme”. Miento si digo que acabé dos veces, perdí la cuenta. Después se empezó a poner rígida, con movimientos torpes y violentos hasta sentir en mi pene una presión que no comprendía, la dama estaba acabando. Buscó nuevamente mi boca, me beso, y me hizo saber que estaba acabando como loca.
El vendaval paso, nos quedamos quietos, abrazados y casi nos dormimos. Me beso en la mejilla y me dijo en tono maternal “no vallas a llegar muy tarde a tu casa que se van a preocupar”. Nos vestimos, yo salí por un lado del pasillo y ella unos minutos más tarde en la dirección contraria. Mis pensamientos eran mezcla de asombro y una confusión que no podía comprender. Esa mujer, poco atractiva pero cariñosa y muy calida, que se burlara de mi en algún momento me había hecho hombre.
Nuestro relación no se prologó. Luego de ese dulce episodio yo me mostré distante, era demasiado para mi. El verano se fue, nunca volví a trabajar en el hotel, jamás volví a verla pero guardo en mi recuerdo el encuentro amoroso de un debut dulce y agradable con una mujer madura.

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