Con la Secretaria



Por David

Con la Secretaria

Elvira era la eficaz secretaria de aquel maduro doctor que ya rondaba por los 60 años.-
Ella estaba, a su vez por los 40 y era poseedora de un voluptuoso cuerpo, que equivocadamente ella consideraba gordito, un rostro agradable enmarcado por largo cabello rubio natural. Hacía unos años se había separado de su marido y a partir de ese momento solo se había dedicado a criar y cuidar sus dos hijos y a cumplir acabadamente con las importantes tareas de su función. Durante ese tiempo no tuvo contacto alguno con un hombre.
Justamente la importancia de sus funciones implicó que aquel día tuviera que emprender un viaje con su jefe, ya que debían realizar una diligencia en un lugar, a unos cuantos kilómetros, nada que no pudiera hacerse yando y volviendo en el mismo día. Estaba decidida a cumplir su deber con su jefe a quien respetaba reverencialmente.-
Ella sintió, ya al iniciar el viaje una corriente de familiriadad y afecto. Entendio, que tenía que ver con el largo tiempo que venían trabajando juntos y el respeto con que siempre su jefe la había tratado, y por eso también lo consideraba tan bien. El viaje fue como si de compañeros se tratase, aunque ella siempre mantenía el respeto no tuteándolo y tratándolo siempre de doctor.-
Fue en ese instante que intervinieron esas cosas del destino que generan situaciones que no habrían ocurrido si todo se hubiera desarrollado normalmente. Pero se desató una tormenta furiosa e inesperada que impidió que el transporte pudiera llevarlos a donde iban, y tampoco volver. Así fue que Elvira y su jefe quedaron varados en un pequeño pueblo, donde se vieron obligados a pasar la noche. Para ello se hospedaron en el único y pequeño hotel que había, pero en el mismo solo encontraron una habitación libre. Cuando esto les comunicaron el jefe dirigió solo una mirada a Elvira, y está solo asintió demostrándole que aceptaba compartir, por esa noche, esa habitación. Elvira se daba cuenta del extraño giro que tomaba la situación, pero había algo en su interior que la obligaba a continuar.-
Claro que no esperaban lo que encontraron cuando llegaron a la habitación. En la misma solo había una cama doble matrimonial. Él jefe se la ofreció, caballerosamente, pero ella se negó terminantemente teniendo en cuenta que era solo su secretría y sostuvo vehementemente que ella dormiría en un sillón. Ahí fue cuando recibió una sorpresiva propuesta. Su jefe le ofreció que durmiera junto a él en la cama, aunque le aclaró que como no estaba prevista la situación y no tenían ropa adecuada, iban a tener que dormir desnudos, bueno eso si no te molesta desnudarte delante mio, le dijo él. Elvira no entendía, no podía entender porque, si sabia que la respuesta correcta era que no iba a desnudarse delante de él, finalmente de su boca salió solo una aceptación.
Elvira misma fue la que se encargó de encender la luz de los veladores y apagar la central de la habitación para que ambos pudieran acostarse. Uno en cada costado de la cama, de frente, mirándose, comenzaron a quitarse cada una de sus prendas. Así hasta que él quedó solo en slip, y ella también en su ropa interior, y se quitó su sostén, dejando libres sus grandes y voluptuosos senos. El jefe la miró: “Elvira, que bellos senos” le dijo e inmediatamente se quitó la ropa interior mostrandole a ella su sexo el cual, si bien no estaba aun erecto, solo comenzando a engrosarse producto de verla desnuda, ya le llamó la atención a ella, por cuanto se veía sumamente más grande que el miembro que había conocido, el de su ex marido. Mientras el jefe, ya totalmente desnudo se subió a la cama y estiró las manos con la evidente intención de tocarle los pechos. Elvira, solo sonrió y se sentó sobre el lecho, permitiendo que su jefe hiciese lo que deseaba. Él entonces, tomó cada uno de sus grandes pechos en sus manos, sintiendo solazado la suavidad de los mismos. Los acarició en forma dulce y dedicada, haciendo que Elvira cerrase sus ojos y emitiera un pequeño suspiro. La carícia era muy placentera. El movimiento de su torso denotó a su jefe que su respiración se agitaba, es decir que se estaba excitando con esa caricia. El se sentía en el cielo tocandole los pechos a su secretaría, y le encantaba como ella se dejaba hacerlo con total sumisión a sus deseos. Elvira sonrió a su jefe, de manera de hacerle saber su completa sumisión. El continuó la, para Elvira, hermosa caricia, hasta que con la yema de uno de sus dedos, empezó a estimular cada uno de sus pezones. Elvira sintió ese toque y otra vez suspiró complacida. El dedo suave recorrió sus grandes pezones, y sus picos se endurecieron de un modo terrible y muy placentero. Además, en un momento en que abrió sus ojos, observó que su jefe también tenía algo endurecido. No pudo evitar mantener la mirada en el pene de su jefe, erecto, duro y de un tamaño que jamás había visto, sobre todo su grosor, la sola visión de eso la remitió a pesar como se sentiría ese tamaño en su propio sexo, mas no sabía si eso iba a ocurrir, dispuesta como estaba a aceptar solo lo que su jefe quisiera. Mientras las manos de su jefe se habian adueñado absolutamente de sus senos estimulando sus pezones por un buen rato. Elvira ya respiraba agitada y sientió el deseo de algo y como si estuviera conectada con su jefe, el lo hizo justo en ese momento, en efecto, se inclinó hacia delante y comenzó a recorrer uno de esos grandes pezones con la punta de la lengua. Ahhhhhhhh, suspiró Elvira, encantada de lo que su jefe le estaba haciendo sentir, luego recorrió su areola lamiendole el pezón por completo hasta que se lo metió en la boca, humedieciéndolo con su saliva y se lo comenzó a succionar. Elvira sentía un placer indescriptible, para ella eso era tanto como llegar a lo máximo. Ella acarició con una de sus manos la nuca de su jefe, manteniéndolo en su pecho, y con la otra, ya decididamente la estiró y aprisionó con ella el sexo de su jefe. Le gustó sentir la dureza y la tibieza del miembro masculino, y también sentirlo latir en la palma de su mano. Con pasion comenzó entonces a subir y bajar acariciendo por primera vez el sexo de aquel hombre al que tanto respetaba, y seguía haciéndolo. Luego de unos instantes así, el jefe soltó el pezón de su secretaria y con sus manos tomó el elástico de su tanga y comenzó a bajarla. La deslizó por sus piernas dejándola completamente desnuda. Una agradable sorpresa se llevó, Elvira llevaba su sexo depilado, no había nada que mas le gustara. Una vez que tuvo a su secretaria desnuda, se volcó sobre el otro pecho dedicó igual tratamiento al pezón hasta ese momento libre. Mientras, Elvira continuaba acariciandole el pene, él, llevó una de sus manos entre las piernas de su secretaria y comenzó a acariciar sus muslos en la parte interna de los mismos. Excitada, Elvira separó sus piernas, y entonces la mano de su jefe fue a posarse directamente sobre su sexo. Con toda delicadeza deslizó la yema de sus dedos, primero sobre sus labios externos, generándole un cosquilleo de lo más excitante, luego los labios internos, con lo que los dedos del jefe quedaron empapados de los jugos de su secretaria. Ohhhhh, doctor!!!! Suspiró ella. Pero si lo que el jefe le hacía le daba placer, todavía le faltaba el siguiente paso del juego que su estimado doctor le daba, cuando el mismo comenzó a tocar con uno de sus dedos su ya bien durito clítoris. El juego siguió aun por varios minutos hasta que el jefe la tomó por los hombros haciendo que se acostara en la cama. Me gustaría penetrarte, le dijo. Sí doctor, penétreme por favor, dijo ella, separando sus piernas sientiendo como el cuerpo de su superior se ubicaba entre las mismas y por encima de su torso. Enseguida percibió que la cabeza del pene estaba en la entrada de su vagina y luego… el placer más asombroso. Estaba siendo penetrada, con total dulzura por el pene gordo del jefe que la abría y la llenaba por completo. Aaaaahhhh doooccctor!!!! dijo mientras sentía que el pene se alojaba en su vagina. Cuando estuvo todo adentro de su cuerpo, el jefe comenzó a fornicarla con delicadeza, pero con gran entusiasmo, y para colmo llenándola por completo con el sexo. Nunca había experimentado semejante cúmulo de placeres en el sexo y se sentía absolutamente contenta de que su jefe le hiciera esas cosas que tanto la hacían gozar y la hacían sentir tan feliz. Enseguida, ya tan bien preparada por el juego previo a que la había sometido, sintió claramente que estaba remontando la ola en irremediable camino a su orgasmo. Se entregó en cuerpo y alma a su circunstancial amante, enredó sus piernas en las del jefe, y sin saberlo le dio a este uno de sus mayores placeres, el roce de la piel suave de sus piernas en las de él. Ella lo tenía abrazado y se movía excitadísima mientras era fornicada por el jefe, que mientras la penetraba incansablemente la había tomado de sus nalgas, y se las acariciaba sin cesar, sintiendo el placer de la piel suave de la cola de su secretaria. Se la tocó por completo, inclusive obcenamente, recorriendo cada centímetro de sus nalgas, como el canal que se encuentra entre ellas recorriendo inclusive la zona de su ano. Todo, absolutamente todo lo que él le hacía era para ella una nueva fuente de placer, inclusive cuando el se incorporó un poco y le dio por primera vez en la noche un beso en la boca. No fue un beso de amor pero igual fue bienvenido por Elvira. Se besaron con la boca abierta, y tocándose las lenguas y todo eso mientras él la penetraba sin cesar y tocaba sus nalgas en forma muy erotica. Elvira sintió que su cuerpo tembló incontrolablemente y ahhhhhhhhhhhh se deshizo en un inmenso y totalmente placentero orgasmo. Cuando su conciencia le permitió volver del mismo se sintió sorprendida y por dos cosas. A pesar del tiempo que estaban haciendo el amor, su jefe, seguía!, no había culminado y continuaba fornicándola con el inicial entusiasmo, la segunda, eso le gustaba, le gustaba mucho, no era como con su marido que llegaba al orgasmo y toda sensación acababa, y no solo le gustaba sino que, además, ¡estaba subiendo la ola de nuevo!.-
Con sus brazos asió fuertemente el cuerpo desnudo de su jefe, que volvió a besarla sensualmente mientras que con sus manos acariciaba sin parar su cola, oooohhhhhh doctor siii siga, por favor! dijo, más bien suspiro ella. Siguieron haciéndolo por varios minutos, Elvira sentía que el placer se acumulaba, que pronto iba a estallar de nuevo, pero tuvo el íntimo y apremiante deseo de sentir la eyaculación masculina. Inició un baile con su vientre para estimular aun más al jefe y llevarlo también a él a los confines de su placer. Por un rato estuvieron así y cuando Elvira sintió que ya no daba más, y que ya venía un nuevo pico de placer indescriptible, sintió que la pelvis de su jefe empujo con fuerza la suya, que el cayó con la cabeza a un costado de la de ella y en su oído lanzó un suspiro al tiempo que comenzó a descargar su líquido masculino en lo profundo de su ser y Elvira, entonces, llegó al segundo de sus orgasmos, pleno, divino, sensual.-
Se quedaron por unos minutos en la misma posición en que habían fornicado. Ella sintió como el pene del hombre se achicaba y resbalaba hacia fuera. Sus experiencias anteriores le indicaban que había terminado de tener sexo esa noche. Lo había hecho con su jefe, era incorrecto, sí, pero lo había disfrutado y aquel hombre casi viejo la había llevado a tener la sesión de sexo que más placer le había provocado en su vida, así que lo incorrecto pasaba a ser una cuestión de segúndo orden. Lo había disfrutado mucho y eso era lo valedero.-
Su jefe se acostó al lado suyo, muy cerquita, y la tomó de la mano. Ella respondió cediendole su mano, pero le pareció raro semejante gesto de parte de él. De todas formas, estaba segura que pronto, tal como hacía su marido, el doctor había de quedarse dormido. Sintió entre sus piernas que el semen del jefe, mezclado con sus propios jugos, que los había producido en abundancia, chorrezaban. Siempre que estaba en esa situación luego de tener sexo, corría al baño, a higienizarse. Se sentaba en el bidet y lavaba con fruición su sexo, hasta que no existiesen más rastros, se sorprendió a si misma, porque no tenían en ese momento el deseo. No tenía ganas de ir a lavarse, aunque significase quedarse sucia, prefería descansar de tan agitada sesión de sexo, y quedarse allí, desnuda al lado de su jefe, tomada de la mano con él.-
Al cabo de un rato, ella se acomodó en la cama, ya habiendo decidido que iba a dormir sucia, se puso de costado, aunque no se alejó del cuerpo del jefe. Ante ello el reaccionó, exactamente, de la forma en que ella le hubiera gustado. No se desentendió de aquella a quien le había hecho el amor, a quien le había dado su intimidad para depositar su semen, y se puso detrás de ella, pasando sus manos alrededor de su cintura la abrazó por la parte de su pancita y la atrajo hacía sí. Puso su cabeza sobre su hombro y corriendo el cabello, comenzó a acariciarle suavemente el vientre mientras le daba besitos de mucha dulzura en el cuello y en el lobulo de la oreja, el que, ocasionalmente también recorría con la punta de su lengua. Para Elvira, todo eso era absolutamente desconocido y nuevo, y sin embargo, para nada desagradable, al contrario, lo disfrutaba, y le encantaba que np tan rápidamente como hacía el marido se olvidara de ella y se durmiera, y siguiera sus atenciones ahora en forma de esas lindas caricias. Caricias, besitos y lamiditas que no cesaron, continuaron y continuaron provocándole algo insólito. Elvira sentía que se seguía excitando, que estaba sexulamente despierta. Sobre todo porque su jefe, esas caricias que había empezado en su pancita, pasando sus dedos por el ombliguito y eso, las iba extendiendo, llevando hacia arriba casi a sus senos, y haciendo que sus pezones nuevamente se en endurecieran, y ahora iban peligrosamente hacia abajo, muy cerca de donde su rajita femenina comenzaba.-
.- Ay doctor mejor no me acaricie ahí, tan abajo –le dijo ella.-
.- ¿Y por que no?
.- Porque me está haciendo mojar mucho ahí.-
.- ¿Ah si?, ¿te estás mojando mucho porque te toco aquí? Le dijo, llegando con sus dedos al comienzo de su sexo de mujer.-
.- Ahhh, si doctor
.- Mejor entonces.-
.- Ay, ¿Por qué? No sea malo, me voy a ensuciar.-
.- No Elvira, mejor así, porque de ese modo vas a poder recibir esto que tengo para vos aquí, sentilo.- Diciendole eso, apretó su pene entre las nalgas de Elvira y sintió en el canal que hay entre ellas todo el calor y la palpitación del pene de su jefe, listo para volver a penetrarla.-
.- ¡Doctor!!! ¿Otra vez?
.- Si es que me lo permitís.-
.- Si claro, doctor se lo permito, me agrada mucho lo que me hace –le contestó casi a modo de confesión.-
El se fue metiendo entre sus piernas, haciendo que ella elevara la pierna izquierda para que el hombre se metiera entre ellas. Se lo iba a hacer en esa posesión, que aquí se llama “cucharita”, que, justamente era una de las que más le gustaba a Elvira, por que la sentía como una forma cariñosa de hacer el amor. El jefe subió sus manos y asió a Elvira de sus pechos, los que acarició y estimuló y colocó en la entrada de la su vagina la punta de su pene. Elvira cerró los ojos esperando el sublime momento en que ese grueso instrumento abriera ampliamente las paredes de su sexo y lo llenara por completo.-
.- Ahhhhh, doctoooooor –exclamó cuando lo que esperaba ocurrió y quedó absolutamente penetrada por su jefe, que, además le acariciaba sus pechos de un modo absolutamente excitante.-
Su jefe la fornicó, otra vez, como antes, con mucho energía, pero tratándola muy gentilmente; en esa pose, o porque ya estaba de algún modo en una carrera sexual total, Elvira comenzó a tener exitantes sensaciones que ya sabían a que la conducía, se sintió feliz por eso, y por poder tener, aunque mas no fuera una vez en la vida semejante relación sexual, y pasó, su cuerpo comenzó a tamblar llegando al orgasmo ¡el tercero de esa noche! Fue un orgasmo terrible, un placer casi insoportable, sintió como que su cuerpo se desermaba. Cuanto todo hubo pasado, todo estaba como la anterior vez, su jefe la continuaba fornicando, el único cambio que una de las manos que estaba en sus senos, salió de ahí y paso a su clítoris, que emergía durísimo. La sometió por varios minutos más, y mientras lo hacía, acariciaba el clítoris dispuesto de su secretaría, Elvira comenzó a sentirse en la cresta de la ola, y, otra vez, cuando allí estaba vino la eyaculación de su jefe en sus entrañas, haciéndola experimentar un orgasmo más fuerte aun que el anterior, el cuarto de la noche.-
Otra vez su jefe se quedó en la misma posición, acariciandola dulcemente, y al cabo de un rato le preguntó:
¿ te parece bien que descansemos?
¿ si doctor, yo ya no tengo más fuerzas?
El se rio y se quedó detrás de ella, siempre abrazándola. Asi se durmieron los dos.-
Durante la noche Elvira se despertó dos veces, y cada vez que eso ocurrió se encontró que su jefe estaba bien cerca del calor de su cuerpo y con una mano, siempre en su cola.-
A la mañana siguiente Elvira se despertó por la alarma de su teléfono que, como eficaz secretaria había puesto con el fin de llegar a tiempo al lugar a donde iban. Al sonar ella se deshizo suavemente del abrazo de su jefe y apagó la alarma. Luego, viendo que el hombre no se despertaba lo besó dulcemente en la mejilla para que lo hiciera. Entonces el se despertó y le sonrió. Decidieron ducharse juntos a efectos de ahorrar tiempo y poder ir a desayunar antes de seguir el viaje, cosa que Elvira agradeció porque estaba con mucha hambre, debo recuperar tantas energías que me hizo gastar mi jefe, pensaba.-
Primero se turnaron para usar el baño en la intimidad y después si, se metieron ambos juntos en la ducha. En todo momento hubo total intimidad entre ambos, como cuando Elvira comenzó a lavarse la zona púbica y le dijo: me tengo que lavar bien, porque estoy muy sucia aquí, y ud doctor también se tiene que lavar bien ahí. El se rió de la ocurrencia de su secretaria, pero enseguida comenzó a lavarse prolijamente el pene y los testiculos, lavándose uno delante del otro. Luego se ayudaron mutuamente enjabonándose las espaldas, aunque en el caso de Elvira, su jefe se enjabonó la espalda y más abajo, lavándole delicadamente la cola.-
Luego que terminaron se secaron, se vistieron y fueron a cumplir la tarea aun pendiente.-
Cuando terminaron la misma, se juntaron con el fin de tomar el transporte que los devolvería a cada uno a su casa.
.- Bueno es el momento de volver –le dijo a Elvira el jefe.-
.- Si.
.- Aunque ayer pasé una noche extraordinaria.-
.- Si doctor, yo también –contesto sinceramente ella.-
.- ¿No te interesaría que volvieramos tranquilos mañana, y hoy nos vamos al pueblecito donde estuvimos y pasamos allí la noche?
A Elvira, frente a esa pregunta se le hizo un nudo en la garganta, claro que quería, pero tenía que volver para atender a sus hijos, aunque… en definitiva estaban con los abuelos, sus padres, y allí siempre la pasaban bien.-
.- Si, doctor me gustaría, pero tengo que ver que pasa con mis chicos, eso es un inconveniente.-
.- Si claro, no te hagas problemas, volvemos inmediatamente.-
.- Espere un segundito doctor, voy a llamar a casa a ver como están las cosas.-
Elvira habló por su celular y cuando terminó de hacerlo miró a su jefe con cierta picardía en el rostro y le dijo
.- Hay un solo inconveniente.-
.- Oh, bueno, no importa volvemos, ¿y cual es el inconveniente?
.- Que como no tengo ropa, voy a tener que dormir con usted, toda desnuda otra vez, es un problema para ud?.-
.- Para mí no es ningun problema, para vos?
.- No doctor, soy su secretaria, me siento bien dormiendo desnuda con usted.
.- Entonces volvamos al pueblito.-
Llegaron al atardecer y fueron directamente al hotelito a registrarse. A Elvira le causó gracia porque al verlos ya los trataron como una pareja o un matrimonio. Luego de registrarse su jefe preguntó cual era el mejor lugar para ir a cenar. Luego de cenar, emprendieron el camino hacia al hotel, para ir directamente a la cama. En el camino Elvira pensó que le gustaría darle a su jefe algo que generalmente a los hombre les gustaba, aunque ella carecia de toda experiencia en el tema.-
Fueron a la habitación, el la miró sonriendo y le dijo, me muero de ganas de verte desnuda y se acercó tomándola de la cintura, apretándola contra su cuerpo y besándola imperativamente en la boca, beso que ella respondió de buen grado.-
Comenzaron a desvestirse y cuando estuvieron solo en ropa interior, Elvira se dio vuelta para que su jefe la ayudara a desabrocharse su sostén. Luego se dio vuelta, enseñando sus poderosos pechos y fue ella la que se acercó y le dio un beso. Estaba segura que sus senos atraerían las manos de su jefe, y así sucedió. Le encantaba el modo que toca sus senos. Luego del beso le dijo:
.- Doctor, hoy me gustaria preparar su pene de una forma que creo le gusta a todos los hombres, pero la verdad es que nunca lo hice y ustede de tendría que ayudar, ¿lo puedo estimular con mi boca?.-
.- Claro! A mi también me gusta que me hagan eso.-
.- Pero no se muy como hacerselo doctor, que es lo que tengo que hacer.-
.- Me tenés que succionar el pene, succionámelo con ganas, chuparlo como se dice vulgarmente.-
Su jefe la tomo dulcemente de los hombros y la fue conduciendo hasta que la sentó en el borde de la cama. Se puso frente a ella y se quitó el slip colocando su miembro directamente frente a su cara. Elvira, con delicadeza tomó el pene con la mano y lo acercó a su boca, la abrió y se la colocó dentro comenzándo a succionar tal como su jefe le había indicado. Percibió el gusto salado del miembro masculino pero no le desagradó, como en un principio pensó y entonces comenzó a chupar, como le había dicho el jefe, empapando su miembro con su propia saliva y percibiendo, con gran placer, como el instrumento masculino se iba endureciendo y creciendo muchísimo dentro de su propia boca, sin saber de donde venía, sintió mucho deseo de chupar, como le dijo el jefe y tomando ya el pene duro con su mano, lo sorbió con verdadero placer. En un momento dado su jefe la apartó y le dijo:
.- Deja que me acueste y vos ponete de costado y me seguis chupando.
Asi lo hicieron, ella de rodillas sobre la cama se inclino sobre el pubis de su jefe y recomenzó con su labor de chupar su pene. Pero en esa posición su entrepierna quedaba al alcance de la mano de él, que comenzó entonces a estimularla también a ella, acriciando su sexo y sobre todo estimulando como solo él sabia hacerlo su clítoris. Estando ya suficientemente excitada su jefe la volvió a apartar diciéndole:
.- Ya quiero penetrarte, quiero meter bien dentro tuyo mi pene.-
.- Si doctor –aceptó ella.-
.- Pero hoy lo vamos a hacer a lo “perrito”, quiero que te pongas sobre la cama en cuatro patas. Evira sabía lo que le pedia y se colocó en la posición que se le indicaba, esperando con ansias el momento de ser penetrada. Su jefe se instaló detrás de ella, la tomó por la cintura y se dispuso a penetrar su sexo. En el momento de la penetración del pecho de Elvira arrancó un sincero suspiro de placer. Una vez que el jefe puso por completo el pene dentro de ella, se inclinó encima de ella y le tomó ambos pechos con las manos para volver a dedicarse a esas caricias que ella tanto disfrutaba. Se sentía feliz de estar teniendo nuevamente sexo con su jefe, la excitaba sentir todavía el sabor salado del sexo de su superior en la boca, era una forma de sentirse llena por completo por el hombre. Todo se dio como la vez pasada, solo que esta vez el orgasmo que sintió cuando el eyaculó bien dentro suyo fue el tercero.-
Reposaron con él acostado boca arriba y ella recostada su cabeza sobre el hombro y acariciandole el pecho, como siempre sintiendo como los liquidos combinados de ambos, pero sobre todo el semen, chorreaba de su rajita.-
El la besó dulcemente en la boca, a ella le gustaba, no era que se sintiera enamorada de él, y sabia que él no iba a enamorarse de ella, pero las muestras de afecto que constantemente le brindaba, tanto mientras estaban teniendo sexo como en los restantes momentos también formaban parte de su pacer. Se animó a preguntarle como había estado con su boca, si lo había chupado bien (era para ella muy osado usar ese lenguaje con él, y también tenía cierto tinte de excitación hacerlo) y se puso contenta cuando el le dijo que lo había hecho muy bien y que le había dado mucho placer.-
En esa posición estaba cuando ella comenzó a acariciarle el cuerpo lenta y dulcemente. Recorría su pecho con su mano aplicándole un roce que por su suavidad no podía tener otro efecto que excitar los sentidos de su jefe. Lo cierto es que ella tambén se mantenía excitada aun, y descargaba esa tensión en las caricias. Recorrió con sus dedos las tetillas del hombre y luego se inclinó y las besó, en un beso húmedo, priemero una, luego la otra..
.- Esto también le gusta, doctor? –preguntó.-
.- Mmmm, si me gusta mucho, dijo él
Elvira, volvió a posar sus labios allí, pero ahora la mano que acariciaba el pecho bajó y sin preguntar ni pedir permiso ya, comenzó a acariciar el pene de su jefe, sintiendo, con gusto y alegría que poco a poco pero que el mismo respondía a sus caricias y comenzaba a endurecerse.-
.- Le gustan mis besos doctor? -preguntó ya en tono muy mimoso,.
.- Si me gustan mucho, a vos te gustan los míos?
.- Me encanta doctor, a mi me gusta que me chupen los pezones y usted me lo hace muy bien!
.- Porque tenés pechos y pezones hermosos Elvira, tus pechos son grandes y muy suaves y también tus pezones son grandes, y son como flores, cuanto te excitas tus areolas se agrandan y su pico sale y se endurece, como los pétalos y el pistilo de una flor.-
.- Ohhhh, doctor que dulce es usted, por favor! chupe mis pezones –dijo Elvira mientras ponía uno de sus pechos en la boca de su jefe. Este, por supuesto no se hizo rogar y se dedicó a chupar delicadamente los pezones de su secretaria mientras disfrutaba las caricias que ella le hacía en el pene, que ya estaba duro y dispuesto. Mientras, Elvira ya estaba directamente a horcajadas de su jefe y sin apartar su pecho de la boca se fue acomodando para que la penetrara, pero estando ella arriba de él. Era una pose que a ella le encantaba y no quería dejar pasar el momento sin disfrutarlo con su jefe. Fue ella misma la que tomando el pene de su jefe lo ubicó en la entrada de su sexo. Aunque lo estaba disfrutando mucho, alejó su pezón de la boca del hombre y colocándose a horcajadas bajo sus caderas haciendo que el miembro la penetrara por completo. Como siempre, el tamaño y el grosor, sobre todo, de ese miembro, la provocó una sensación de estar completamente llena con él, que la volvía sexualmente loquita. Comenzó luego a cabalgarlo. Con sus poderos pechos, su cabellera rubia y su piel sumamente blanca, parecía una valkyria cabalgando, y lo hacía por cierto con gran entusiasmo. El jefe estiró las manos y mientras ella lo cabalgaba el le acaricio y apretó los senos, aumentando aun mas su placer. Fue un momento inolvidable, que duro, por cierto, muchos minutos, hasta que sintió que llegaba al fin, por primera vez, sin embargo, fue él el que terminó primero pero, siempre con el mismo efecto que fue el de desencadenar su propio orgasmo al sentir los espasmos de su pene y la crema inundándola. Cayo magreada sobre el cuerpo de su jefe, absolutamente cansada, casi sin posibilidad de realizar movimiento alguno, pero feliz, muy feliz, muy feliz.-
El, en esa posición comenzó a acariciarla en su cabeza, jugueteando con su cabello lacio. Ella incorporó un poco su cabeza para llegar a sus labios y darle un beso en la boca, pero fue un beso dulce, y luego le dijo: gracias doctor, nunca había disfrutado el sexo tanto como con usted. El le contestó que también la había disfrutado mucho, en ese arrebolamiento que siguió a tan feliz momento ella le contó del escaso placer que había obtenido con su marido, y de lo contenta que se sentía al saber que ella también era multiorgásmica ya que como eso no lo lograba con aquel, pensaba que no lo era y sentía envidía en esas conversaciones de mujeres en las que unas contaba como disfrutaban de esa condición. Ahora ella también sabía lo que era ese disfrute.-
Después de esas conversaciones se dispusieron a dormir. Elvira colocó la alarma en el teléfono y le pidió a su jefe:
.- Doctor, por ser la última noche le puedo pedir algo?
.- Si, claro.
.- Abrázame toda la noche, no me suelte, permitame dormir toda la noche abrazada por usted, pegado a mi cuerpo.-
El le prometió que así lo haría, porque adoraba la suavidad de su piel y el calor de su cuerpo y la abrazó desde atrás apretándola contra su cuerpo, y abrazados pasaron toda la noche.-
Evira se despertó con el sonido del teléfono, pero le resultaba imposible detenerlo porque su jefe había cumplido su palabra y la tenía fuertemente abrazada. Ella trató de deshacerse lo más dulcemente posible del abrazo para apagar el sonido y tratar de despetar ella a su jefe en una forma mas dulce y femenina. Sin embargo al tratar de hacerlo él se despertó y fue el que se estiró sobre su cuerpo para apagar la alarma. Para luego estando casi encima de ella decirle “buen día” siendo él el que la besó en la mejilla.-
El jefe salió de la cama para ir al baño, primero a orinar y luego comenzó a lavarse los dientes. Elvira decidió que había suficiente intimidad con su jefe y entró al baño preguntándole si le molestaba que hiciera pis mientras el se lavaba los dientes, a lo que el contestó que no. Se sentó en la tasa y comenzo a hacer pis, un signo de absoluta intimidad con el jefe, que, inclinó la cabeza mirándola y sonriéndole con afecto, sonrisa que ella respondió al tiempo que con su mano se secaba el sexo con papel higiénico. Luego de eso su jefe abrió la ducha y ambos se metieron en la misma. Se abrazaron para ponerse juntos en la ducha, y luego él tomó un jabón y con la escusa de enjabonarla comenzó a tocarle todo el cuerpo, la espalda y la cola, a esta última la limpió meticulosamente, sobre todo en la zona interna.-
.- Ah, Elvira, no lo puedo evitar, me encanta tu culito, tan bien formadito, con la piel tan suavecita, tenés un culito hermoso –le dijo. La creciente excitación que había entre ellos hacía que ya comenzaran a abandonar expresiones correctas para lo que hacían, y comenzaran, por lo menos el jefe, a expresarse en forma más sucia, cosa que, sin saber porque a Elvira también la excitaba.-
.- Gracias doctor –solo contestó ella, mientras él la tomaba de los hombros y la daba vuelta poniéndola de frente a él. Se volvió a llenar la palma de las manos con jaborn y comenzó a lavarle al vagina.-
.- Ahora hay que dejar bien limpito aquí –le dijo. Elvira no podía disimular que el toqueteo de su jefe le generaba, de nuevo, excitación y de su boca comenzaron a escapársele, involuntariamente, suspiros y gemidos. No tardó en pretender darle a su jefe igual placer que el que recibía y le tomó el pene, ya semierecto. La excusa del jabón prontamente fue dejada de lado y se tocaron uno a otro libremente y excitados, por supuesto. Hasta que al fin el, con su nuevo enfoque en la dicción, con total obscenidad le dijo.-
.- Ahhhhh, Elviraaaa, necesito cogerte otra vez.-
.- Si, doctor, hágalo, por favor!
Intentaron fornicar allí mismo bajo la ducha, asumiendo distintas posiciones, ninguna de ellas les resultaba suficientemente cómoda, en un momento el jefe cerró la llave del agua, tomó a su secretaria de la mano y la condujo rápidamente a la habitación, allí, como siempre con delicadeza pero con firmeza la hizo acostarse en la cama boca abajo, enseguida ella sintió que su jefe la montaba, no se habían tomado tiempo ni siquiera para secarse así que estaban totalmente empapados y no les importó mojar la cama. Elvira separó sus piernas y su jefe no perdió más tiempo en introducirle el pene, profundamente. La fornicó con gran entusiasmo, y con gran entusiasmo también lo hizo ella.-
.- Ahhh, siii, como me gusta sentirte el culito en mi vientre nena, ahhh, siiiii.-
.- Si doctor, sii doctor, aggghhhhhh –y Elvira llegó a un nuevo orgasmo en ese viaje de placer que estaba teniendo. Como siempre el jefe seguía y seguía en un momento dado aumentó el ritmo y le dijo:
.- Ahhh, siii nena, acabo dentro tuyo, ahhhh, tomá mi leche.-
.- No doctor, no, todavia no! Grito ella produciendo en su ocasional amante una gran sorpresa al tiempo que sacaba el miembro de la vagina de Elvira.-
.- Que pasó, hice algo que no te gustó? Le pregunto su jefe y ella advirtió que en su voz había real preocupación, despertándole más ternura aún.
.- No, no es eso doctor, al contrario, pero ud. Ya me enseñó algo, que fue hacerlo con la boca, yo tembién se, que algunas mujeres lo hacen por atrás, por la cola, y algunas amigas me comentaron que les ha gustado mucho y otras que nada. Uds. me enseñaría eso? No aguanto más las ganas de saber como se siente que la penetren por la cola, y ud me dijo recién que mi cola le gusta…
.- Y es cierto, tu cola me gusta mucho, y me encantaría penetrarte por allí pero para eso hace falta que tengas el agujerito lubricado, sino no vas a disfrutar vas a sentir dolor, y no tenemos lubricante.-
.- Doctor yo tengo una crema de manos que es muy suave, lubríqueme con eso. Se que ud. es el indicado para enseñarme esta cosa nueva, no voy a encontrar otro que se delicado como ud. para hacerlo. Por favor!.-
.- De acuerdo Elvira, trae la crema, yo te la voy a colocar. Elvira se levantó y se dirigió a su cartera que estaba sobre la cómoda de la habitación sacando de la misma un pote de crema y se lo alcanzó a su feje.
.- Acostate boquita abajo y abri las piernistas. Le dijo el jefe, ella cumplió inmediatamente el requirimiento. Enseguida sintió la mano del hombre acariciandola en las nagas, con suavidad, y con lujuria, la fue calentando con esa caricia, luego la mano comenzó a recorrerle el canal de medio, luego el ano y luego… el frio de la crema cayendo sobre el mismo. Elvira sentía que se mojaba por delante, y que su excitación crecia irremediablemente. Un dedo de su jefe comenzó a recorrerle la zona perimetral de su ano, y luego, se fue introduciendo lentamente en el mismo, lleno de crema.
.- Ahhh, si doctor ¡me gusta!
.- Ah, si Elvira que bueno, tengo muchas ganas de penetrarte por la cola de solo pensarlo se me puso el pene duro, mira como lo tengo. Ella dio la vuelta sonriendo y observando el pene otra vez bien erecto de jefe.-
.-Estas lista Elvira?
.- Cuando usted quiera doctor.-
El se puso entra las piernas de su secretaria y la tomó de la cintura elevando sus nalgas para conseguir el mejor ángulo de penetración. Enseguida ella sintió la cabeza del pene de su jefe empujando su orificio anal. Lo hizo con infinita delicadeza y cuidado. Haciendo que el esfinter se fuera abriendo paulatinamente, evitando dolores y lastimaduras- La sostuvo así hasta que la cabeza del pene estuvo totalmente dentro de ella.-
.- Aaahhhhyyyyy doctor!, me gustaaaaaaa!!!!!!.-
.- Que bueno!, es hermoso penetrarte esta colita tibiecita que tenés, me vas a dar mucho placer.-
.- Hágamelo doctor, sí hágamelo, otra cosa hermosa que me hace conocer. El dejó que el cuerpo de Elvira se acostara sobre la cama y se puso sobre ella, empujando su pelvis hasta que todo su pene la penetro.-
.- Ahhh, doctor!, siiiii!
Elvira sintió como su jefe comenzó a sodomizarla con mucho empeño, provocándole un placer desconocido hasta ese momento, y hermoso. Sobre todo cuando el jefe usó sus manos, para comenzar a etimular, simultaneamente su clítoris, haciendo que sus flujos vaginales empaparan la sábana debajo de ella.-
Ella se sometió, contenta y con gran placer, y cuando se sintió cerca el orgasmo, sintió que su jefe le dijo.-
.- Ahhh, Elvira voy a acabar, te voy a acabar dentro del culito!!!!
.-Ahhhh, si doctor, ssssi doctor, deme el semen, démelo todo.- y llegó a Elvira otro orgasmo, al instante seguido por la eyaculación del jefe.-
Como siempre se mantuvieron así, un instante en la misma posición hasta que tuvieron fuerzas de volver a levantarse. Ahora sí se ducharon, siempre juntos, y dejando ella que le limpiara la espalda y el trasero, que se había transformado en una zona erógena importante para ella.-
Se volvieron a poner las únicas ropas que llevaban y fueron a tomar un reparador desayuno. Luego contrataron el servicio de transporte, una kombi que los llevó hasta su lugar. Durante el viaje, Elvira se durmió, y al ver esto, el jefe pasó su brazó por detrás de ella y tomándola del hombro la recostó sobre su pecho. Ella abrió por un instante sus ojos y mirándolo se recostó sonriendo y mimosa en su jefe y allí quedó dormida hasta que en un momento sintió un dulce beso en los labios. Se despertó y todavía un tanto desconcertada miró a quien la había dado el beso, era su jefe, entonces no había soñado todo lo que había pasado.-
.- Estamos llegando, -le dijo él- tenemos que adoptar más compostura.-
Finalmente llegaron. Antes de ir cada uno a sus casas se despidieron con un casto beso en la mejilla y se alejaron. Elvira, sin embargo se dio vuelta y le dijo:
.- Doctor! Vamos a tener otros viajes?
.- Mas viajes va a haber, ¿te interesaría acompañarme?
.- Doctor, soy su secretaria, debo acompañarlo y atenderlo en “todo” lo que necesite… me encanta cumplir bien con mi trabajo…



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